Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "El Espíritu Santo y la espiritualidad"

Primer trimestre (enero-marzo) de 2017

Lección 10: "El Espíritu Santo, la Palabra y la oración"

Para el 11 de marzo de 2017

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

 

Ir ArribaSábado 4 de marzo

Lee Para el Estudio de esta Semana: Juan 15:7; Mat. 7:7; Sal. 66:18; Sant. 1:6-8; 1 Juan 5:14, 15; Hech. 2:38.

Para Memorizar: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Rom. 8:26-27).

La espiritualidad y la oración van juntas. No hay vida espiritual verdadera sin oración vigorosa. Después de la necesidad de arrepentimiento, quizás una de las más urgentes y mayores necesidades es un reavivamiento de nuestra vida de oración. Las buenas nuevas son que aún en nuestras oraciones no somos dejados sin la ayuda del Espíritu Santo. La oración nos acerca a Dios; nos eleva hacia su presencia. La oración de fe nos capacita para vivir en respuesta a la abundancia de las promesas de Dios. Nuestras vidas son transformadas cuando reclamamos las bendiciones que Dios ha prometido en su Palabra. Dios es más que capaz de suplir todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas (Fil. 4:19). La verdadera oración y la espiritualidad auténtica siempre tienen a Dios en el centro de nuestra atención, y ambas están fundamentadas en su Palabra.

No deberíamos estar basando nuestra vida espiritual en nuestra experiencia inestable y sentimientos subjetivos, ni enfocando nuestras oraciones en prácticas contemplativas y de meditación dudosas. Más bien, nuestra espiritualidad debe ser guiada por le Biblia y debe seguir la voluntad de Dios, tal como es revelada en su Palabra. Es el Espíritu Santo el que despierta en nosotros un deseo de buscar la presencia de Dios y orar los unos por los otros.

 

Ir ArribaDomingo 5 de marzo: La oración que place a Dios

Aunque cubiertas por un manto de piedad, muchas oraciones son guiadas por motivaciones cuestionables. Quizás oramos pidiendo que se salve la vida de una persona únicamente porque no nos gusta vivir solos. O podríamos orar pidiendo éxito en la obra de Dios porque jugamos un papel importante en ella. También puede ser que oremos por la conversión de una persona porque entonces nuestra vida será más fácil. A menudo nuestras oraciones se centran más en lo que nosotros queremos en vez de lo que Dios desea. La oración que place a Dios tiene un enfoque diferente.

Lee Juan 15:7. ¿Por qué es importante para nuestras oraciones que permanezcamos en Jesús y que sus palabras permanezcan en nosotros? ¿Qué enfoque diferente tendrán nuestras oraciones si no permanecemos en Jesús?

Buscar primeramente a Dios y disfrutar de su compañía es más importante que cualquier otra cosa que él nos pueda dar. Si Dios está en primer lugar en nuestras vidas, desearemos hacer lo que él desea; sus pensamientos moldearán nuestros deseos. Cuando Dios es el centro de la oración, comenzaremos a orar desde su perspectiva. Comenzaremos a ver nuestra vida entera a través de los ojos de Dios. Esta perspectiva ennoblece la oración.

Dios está profundamente interesado en nosotros. Él anhela ser parte de todos los aspectos de nuestra vida: nuestras preocupaciones, nuestros temores, nuestros deseos, nuestras esperanzas, nuestros anhelos, nuestro éxito, nuestras alegrías, nuestros fracasos; todo. Podemos hablar acerca de estas cosas con él como lo haríamos con un buen amigo. Y lo veremos todo a través de los ojos de él.

La oración no cambia a Dios; nos cambia a nosotros, porque somos llevados ante la presencia de Dios, que transforma vidas.

“Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo. No es que se necesite esto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirle. La oración no baja a Dios hacia nosotros, antes bien nos eleva a El” (CC 93).

¡Qué cita poderosa! Explica tan bien la realidad de lo que la oración hace en nosotros y por nosotros. Solamente la oración nos convierte en receptáculos abiertos, listos para recibir la gracia, el poder y la presencia de Dios en nuestras vidas. ¿Quién no ha experimentado en algún punto la realidad de cómo la oración puede acercarnos a Dios?

Piensa en tu propia vida de oración: es decir, qué cosas pides en oración, cuándo oras, por qué oras, etc. ¿Qué te dice esto acerca de tu propio estado espiritual y tu relación con Dios? ¿Qué cambios necesitas hacer?

 

Ir ArribaLunes 6 de marzo: “Eel fundamento bíblico para la oración: Pídele a Dios”

Lee Mateo 7:7. Antes de poder recibir algo de Dios, debemos pedirlo. ¿Por qué es tan importante que pidamos, si Dios ya conoce todas las cosas?

Pedir en oración revela nuestro deseo y expresa nuestra confianza en Dios. Por medio de la oración nos acercamos a él, en quien buscamos apoyo y ayuda. Cuando pedimos algo a Dios, también le damos permiso públicamente para estar activo en nuestro favor. Dios desea que le pidamos. Desea que llevemos a él nuestros pedidos de oración. Si no le pedimos a él, no recibiremos las bendiciones que ha prometido. Jesús dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Luc. 11:9 y 10).

Lee Marcos 11:24; 1 Juan 5:14 y 15; y Salmos 66:18. ¿Por qué no hay pedido de oración demasiado grande para Dios? ¿Por qué es bueno saber que Dios es generoso y le gusta dar de su abundancia? ¿Cuál es el requisito para que Dios responda a nuestras oraciones?

Verdaderamente podemos pedir cualquier cosa a Dios. Ningún pedido es demasiado pequeño o poco importante para él. Ningún pedido es tan grande que Dios no pueda manejarlo. Él es omnipotente. Por fe podemos reclamar toda promesa de la Biblia y recibir el don prometido de sus manos según su voluntad (2 Cor. 1:20).

Sin embargo, hay algunas condiciones que debemos cumplir a fin de recibir lo que estamos pidiendo. Si no estamos dispuestos a someternos completamente a Dios, y si nuestros pedidos reflejan solamente nuestros deseos egoístas y pecaminosos, Dios no responderá nuestras oraciones (ver Isa. 59:1, 2). Una condición importante para el cumplimiento de nuestras oraciones es nuestra disposición para seguir la voluntad de Dios y ser obedientes. “Todos sus dones son prometidos a condición de la obediencia” (PVGM 111). Sabiendo que Dios es generoso, podemos acercarnos confiadamente a él. “El Señor no es glorificado con una súplica débil que muestra que no se espera nada. El desea que todo creyente se acerque al trono de gracia con fervor y certeza” (RP 286).

 

Ir ArribaMartes 7 de marzo: “El fundamento de la oración bíblica: Creer”

Lee Marcos 11:24. Además de pedir, ¿qué otro aspecto menciona Jesús en conexión con la oración?

No es suficiente con solamente pedir. Hay un segundo aspecto importante que debe estar presente en nuestras oraciones: fe. El libro de Hebreos nos dice que “sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11:6). Cuando nos arrodillamos ante Dios y abrimos la Biblia en cualquiera de sus más de tres mil promesas, y luego pedimos a Dios, con la simplicidad de un pequeño niño, que cumpla su promesa en nuestro favor, debemos creer que él hará lo que es mejor para nosotros a su tiempo.

Lee Santiago 1:6 al 8. ¿Cómo describe el texto a la persona que tiene falta de fe? ¿Por qué es la fe un requisito para recibir los dones prometidos?

Si venimos a Dios, debemos creer que él existe y que recompensará a todo aquel que lo busca. La oración efectiva debe estar acompañada por una fe no solamente que Dios puede responder, sino que lo hará según su divina voluntad.

En la Biblia, la fe está relacionada con la confianza. Podemos confiar en alguien solamente cuando sabemos que la otra persona es confiable. Cuando tenemos dudas de que Dios cumplirá sus promesas, vacilamos y no podemos esperar que recibiremos algo de él. Creer significa fiarnos de la promesa de Dios. Significa que dependemos de Dios y de sus promesas, aun cuando nuestros sentimientos nos dicen lo contrario. Pues “la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb. 11:1). La fe se aferra de las promesas de Dios porque confiamos en lo que él ha dicho (Heb. 11:11). La fe sabe que “es imposible que Dios mienta” (Heb. 6:18). Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos (Heb. 13:8). La fe sabe que para Dios nada es imposible (Luc. 1:37).

La fe abre la puerta a la casa del tesoro divino. Por medio del Espíritu Santo, Dios mueve los corazones de hombres y mujeres para que confíen en la Palabra de Dios y, por fe, nuestras oraciones puedan mover el brazo de la omnipotencia.

¿Qué te ayuda a crecer más fuerte en la fe? ¿Qué aspecto de Jesús te ayuda a tener confianza en su disposición y habilidad para ayudarte en tus momentos de necesidad?

 

Ir ArribaMiércoles 8 de marzo: “El fundamento de la oración bíblica: Reclamar las promesas de Dios”

Toda fe es inútil si no reclamamos las cosas por las cuales hemos orado.

Lee 1 Juan 5:14 y 15. ¿Cuál es la razón por la que podemos tener confianza en que Dios nos oye y que recibiremos lo que le hemos pedido?

El tercer aspecto de la oración bíblica es la recepción. Después de pedir a Dios y creer en sus promesas, debemos reclamar lo que él ha prometido. Reclamamos la promesa de Dios al darle las gracias a Dios por haberlo recibido. De ese modo las promesas son aplicadas a nuestro corazón. Elena de White dice que “podemos pedir [...] cualquier don que él haya prometido; luego tenemos que creer para recibir y dar gracias a Dios por lo que hemos recibido” (Ed 233).

En Lucas 8:11 Jesús compara la Palabra de Dios con una semilla. Del mismo modo en que el manzano entero está contenido en una semilla de manzana, el don de Dios está contenido en sus promesas. Cuando reclamamos la promesa y agradecemos a Dios por recibirla, ya poseemos el don que él ha prometido. Recibimos el don prometido por fe aún antes de poder sentirla ni verla.

El ejemplo de la resurrección de Lázaro en Juan 11 ilustra que Jesús oró de esta manera. Jesús sabía exactamente cuál era la voluntad de Dios en esta situación. Juan 11:11 nos dice que estaba dispuesto a hacer la voluntad de Dios y que fue obediente. En Juan 11:39-41, leemos que Jesús agradeció al Padre, por adelantado, que resucitaría a Lázaro, aun cuando Lázaro todavía estaba en la tumba. Cuando Jesús hubo agradecido a Dios, recibió el cumplimiento de su pedido. Como hijos de Dios debemos vivir sobre las promesas de Dios, no sobre sus explicaciones. Aun cuando no podamos explicarlo todo, podemos confiar en sus promesas.

“El Señor dice: ‘Invócame en el día de la angustia’ (Sal. 50:15). Él nos invita a presentarle lo que nos tiene perplejos y lo que hemos menester, y nuestra necesidad de la ayuda divina. Nos aconseja ser constantes en la oración. Tan pronto como las dificultades surgen, debemos dirigirle nuestras sinceras y fervientes peticiones. Nuestras oraciones importunas evidencian nuestra vigorosa confianza en Dios. El sentimiento de nuestra necesidad nos induce a orar con fervor, y nuestro Padre celestial es movido por nuestras súplicas” (PVGM 136).

¿Por qué es tan importante siempre llevar todo a Dios en oración?

 

Ir ArribaJueves 9 de marzo: Orar por el Espíritu Santo

Lee Efesios 3:16 y Hechos 2:38. ¿Qué nos dicen estos textos acerca de recibir el Espíritu Santo en nuestras vidas?

Hay muchas cosas por las cuales podemos orar, pero hay una gran necesidad en estos tiempos peligrosos en los que vivimos: es el don del Espíritu Santo. Este es el mayor don que Jesús podría dar. Al dar el Espíritu Santo, Dios no podría haber dado más a su pueblo. No hay nada que pueda añadirse a este don (después de todo, ¿qué se puede añadir a la Deidad misma?). Por medio del Espíritu Santo y su obra en nuestras vidas, todas nuestras necesidades son suplidas. La bendición del Espíritu Santo traerá consigo todas las otras bendiciones.

Hay, sin embargo, un obstáculo importante, y es nosotros mismos, porque a menudo no estamos preparados para recibir el Espíritu Santo.

Como en los días de la iglesia del Nuevo Testamento, debemos percatarnos de que primero necesitamos arrepentirnos y entregar nuestras vidas por completo a Jesús. Sí, es solamente la influencia del Espíritu Santo lo que siquiera nos permite hacerlo.

Sin embargo, cuando respondemos a sus impresiones, entonces el arrepentimiento por el pecado es la primicia de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. En humildad y fe, debemos confesar nuestros pecados para que él pueda limpiarnos de toda injusticia. Debemos entender cuán caídos estamos y cuánto necesitamos a Dios y su gracia en nuestras vidas. Sin él, estamos perdidos, muertos en nuestros pecados y condenados a la perdición eterna.

Por ello, en oración ferviente, cumpliremos las condiciones sobre las cuales Dios ha prometido darnos su Espíritu Santo. Entonces todo lo que tenemos que hacer es pedir a Dios y él gustosamente nos dará su Espíritu. “El Padre celestial está más dispuesto a dar el Espíritu Santo a los que se lo piden, que los padres terrenales a dar buenas dádivas a sus hijos” (RP 286).

Al igual que otras cosas espirituales, el don del Espíritu Santo nunca es un fin en sí mismo. El Espíritu es otorgado para elevar a Jesús, para reproducir el carácter de Cristo en nuestras vidas y habilitarnos para servir a otros en la edificación del cuerpo de Cristo, la iglesia. Por ello, cualquier práctica de adoración, pública o privada, que elva el Espíritu por sobre Jesucristo está errada. Pues es por medio de Jesús que “tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efe. 2:18).

 

Ir ArribaViernes 10 de marzo

Para Estudiar y Meditar:

Lee Elena de White, “Cómo aumentar la fe y la confianza”, en Palabras de vida del gran Maestro, pp. 105-115.

Sin oración, no tendríamos poder espiritual en nuestras vidas, porque la oración nos conecta con la fuente de ese poder. Sin oración no tendríamos conexión vital con Dios. Nos convertiremos en vasos vacíos que podrían tener “apariencia de piedad” pero que negarán la eficacia del poder y la promesa de dones de lo alto. Y, sin duda, tal como lo hemos visto toda esta semana, hemos recibido maravillosas promesas que nos hablan de cómo Dios responde nuestras oraciones. Pero, ¿qué de los momentos en que no recibimos lo que pedimos, aun cuando hemos hecho todo de nuestra parte para cumplir con los requerimientos divinos? “No os desaniméis si parece que vuestras oraciones no obtienen una respuesta inmediata. El Señor ve que la oración está mezclada a menudo con mundanalidad. Los hombres oran por aquello que satisfará sus deseos egoístas, y el Señor no cumple sus pedidos en la manera que ellos esperan. Los pone a prueba, los lleva a través de humillaciones hasta que vean más claramente cuáles son sus necesidades. No da a los hombres aquellas cosas que complacerán un apetito pervertido y que resultarían en prejuicio del agente humano, llevándolo a deshonrar a Dios. No da a los hombres aquello que complacerá su ambición y obrará simplemente la autoexaltación. Cuando acudimos a Dios debemos estar dispuestos a someternos y a ser contritos de corazón, subordinándolo todo a su santa voluntad” (ELC 91).

Preguntas para Dialogar:

  1. ¿De qué maneras la oración impacta nuestra existencia espiritual entera? Es decir, ¿qué efecto tiene la oración en tu vida cuando oras? ¿En qué aspectos eres diferente después de haber orado que antes de orar?

  2. ¿Qué dirías a alguien que ha orado mucho por algo y no ha ocurrido como la persona esperaba y oraba, como por ejemplo la sanación de un hijo enfermo o algo similar? ¿Cómo podemos aprender a confiar en Dios aún en situaciones como esta?

  3. En clase, hablen de sus propias experiencias con la oración, y acerca de lo que significa para ti. ¿Qué has aprendido acerca de la oración que podría ayudar a otros que podrían estar luchando con comprender el propósito de la oración?

  4. ¿Por qué es importante orar aun cuando no entendemos plenamente cómo funciona todo esto?

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