Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "El evangelio en Gálatas"

Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2017

Lección 12: "Vivir por el Espíritu"

Para el 16 de septiembre de 2017

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

 

Ir ArribaSábado 9 de septiembre

Lee Para el Estudio de esta Semana: Gál. 5:16–25; Deut. 13:4, 5; Rom. 7:14–24; Jer. 7:9; Ose. 4:2; Mat. 22:35–40.

Para Memorizar: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gál. 5:16).

Uno de los himnos cristianos más queridos es “Fuente de la vida eterna”, por Robert Robinson. El autor, sin embargo, no siempre fue un hombre de fe. La muerte de su padre lo dejó enojado, y cayó en el libertinaje y la borrachera. Después de escuchar al famoso predicador George Whitefield, Robinson entregó su vida al Señor, llegó a ser un pastor metodista, y escribió ese himno, que originalmente incluía las líneas: “Oh, de la gracia un gran deudor/Diariamente estoy constreñido a ser./Que tu bondad, como un grillete, enlace mi errante corazón a ti”.

Incomodado por la línea sobre el corazón errante del cristiano, alguien cambió las palabras: “Predispuesto a adorarte, Señor, me siento, predispuesto a amar al Dios al que sirvo”.

A pesar de las buenas intenciones del editor, las palabras originales describen acertadamente la lucha del cristiano. Como creyentes, poseemos dos naturalezas, la carne y el espíritu, y están en conflicto. Aunque nuestra naturaleza pecaminosa siempre estará “predispuesta” a alejarnos de Dios, si estamos dispuestos a entregarnos a su Espíritu, no necesitamos seguir esclavizados a los deseos de la carne. Este es el tenor del mensaje de Pablo en los textos para esta semana.

 

Ir ArribaDomingo 10 de septiembre: Andar en el espíritu

Lee Gálatas 5:16. ¿Qué tiene que ver el concepto de “andar” con una vida de fe? Deut. 13:4, 5; Rom. 13:13; Efe. 4:1, 17; Col. 1:10.

“Andar” es una metáfora extraída del Antiguo Testamento que se refiere a la manera en que una persona debería comportarse. Pablo, siendo judío, hace uso de esta metáfora a menudo en sus cartas para describir el tipo de conducta que debería caracterizar la vida cristiana. El uso que hace de esta metáfora probablemente también esté conectado al primer nombre que se asoció con la iglesia temprana. Antes de que los seguidores de Jesús fueran llamados cristianos (Hech. 11:26), se los conocía simplemente como seguidores de “el camino” (Juan 14:6; Hech. 22:4; 24:14). Esto sugiere que, a una fecha muy temprana, el cristianismo no era meramente un conjunto de creencias teológicas que se centraban en Jesús, sino también un “camino” de vida en el que se debía “andar”.

¿De qué manera la metáfora de Pablo de “andar” en el camino es diferente a la del Antiguo Testamento? Comparar Éxo. 16:4; Lev. 18:4; Jer. 44:23 con Gál. 5:16, 25; Rom. 8:4.

La conducta en el Antiguo Testamento simplemente no se definía como “andar” sino más particularmente como “andar en la ley”. Halakhá es el término legal que los judíos utilizaban para referirse a las reglas y normas que se hallan tanto en la ley como en las tradiciones rabínicas de sus antepasados. Mientras que halakhá generalmente se traduce como “la ley judía”, esa palabra se basa en la palabra hebrea para “andar” y literalmente significa “la manera de andar”.

Los comentarios de Pablo acerca de “andar en el Espíritu” no son contrarios a la obediencia a la ley. Él no está proponiendo que los cristianos deban vivir de una manera que viola la ley. Una vez más, Pablo no se opone a la ley ni a la obediencia de la ley. Se opone a la forma legalista en la que se utilizaba erróneamente la ley. La obediencia genuina que Dios desea nunca puede alcanzarse por compulsión externa sino solamente por una motivación interna producida por el Espíritu (Gál. 5:18).

¿Cuál ha sido tu propia experiencia de “andar en el Espíritu”? ¿Cómo lo haces? ¿Qué prácticas en tu vida hacen que andar en el Espíritu sea más difícil?

 

Ir ArribaLunes 11 de septiembre: El conflicto del cristiano

“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gál. 5:17; ver también Rom. 7:14-24). ¿Cómo has experimentado, en tu propia vida como creyente, la dura y dolorosa realidad de estas palabras?

La lucha que Pablo describe no es la lucha de todo ser humano; se refiere específicamente a la lucha interna que existe en el cristiano. Debido a que los seres humanos nacen en armonía con los deseos de la carne (Rom. 8:7), es solamente cuando nacemos de nuevo por el Espíritu que un verdadero conflicto espiritual comienza a emerger (Juan 3:6). Esto no significa que los no cristianos nunca experimentan conflictos morales; de hecho, lo experimentan. Pero, aun es conflicto en última instancia es resultado del Espíritu. La lucha del cristiano, sin embargo, toma una nueva dimensión, porque el creyente posee dos naturalezas que están en guerra la una con la otra: la carne y el Espíritu.

A lo largo de la historia, los cristianos han anhelado tener alivio de esta lucha. Algunos han buscado ponerle fin al conflicto al retraerse de la sociedad, mientras que otros han afirmado que la naturaleza pecaminosa puede ser erradicada por algún acto divino de gracia. Ambos intentos son desacertados. Aunque por el poder del Espíritu ciertamente podemos subyugar los deseos de la carne, el conflicto continuará de varias maneras hasta que recibamos un nuevo cuerpo en la segunda venida. Huir de la sociedad no ayuda, porque, no importa adónde vayamos, llevamos la lucha con nosotros, y lo haremos hasta la muerte o la segunda venida.

Cuando Pablo escribe en Romanos 7 acerca del conflicto interno en los cristianos, que impide que hagan lo que desean, está poniendo de relieve la plenitud de ese conflicto. Debido a que poseemos dos naturalezas, estamos literalmente de ambos lados de la batalla al mismo tiempo. Nuestra parte espiritual desea lo que es espiritual y detesta la carne. Nuestra parte carnal, sin embargo, anhela las cosas de la carne y se opone a lo que es espiritual. Debido a que la mente convertida es demasiado débil para resistir la carne por cuenta propia, la única esperanza que tenemos para subyugar la carne es tomar una decisión diaria de ponernos del lado del Espíritu contra nuestro lado pecaminoso. Por eso Pablo insiste tanto en que escojamos andar en el Espíritu.

Por tu propia experiencia de batalla entre estas dos naturalezas, ¿qué consejo puedes dar a un cristiano que está intentando entender su interminable lucha con el yo?

 

Ir ArribaMartes 12 de septiembre: Las obras de la carne

Luego de introducir el conflicto que existe entre la carne y el Espíritu, Pablo se explaya, en Gálatas 5:18 al 26, sobre la naturaleza de este contraste por medio de una lista de vicios y virtudes éticos. El catálogo de vicios y virtudes era un elemento literario bien establecido y presente tanto en la literatura judía como en la grecorromana. Estas listas solían identificar el comportamiento que debe ser evitado y virtudes que deben ser imitadas.

Examina cuidadosamente las listas de vicios y virtudes en los pasajes que siguen. ¿De qué maneras las listas de Pablo en Gálatas 5:19 al 24 son similares pero diferentes a estas listas? Jer. 7:9; Ose. 4:2; Mar. 7:21, 22; 1 Tim. 3:2, 3; 1 Ped. 4:3; Apoc. 21:8.

Aunque Pablo conocía bien las listas de vicios y virtudes, hay diferencias importantes en el modo en que usa las dos listas en Gálatas. Primero, aunque Pablo contrasta ambas listas, no se refiere a ellas del mismo modo. La lista de vicios lleva el nombre de “obras de la carne”, pero la lista de virtudes lleva el nombre de “fruto del Espíritu”. Esta es una distinción importante. Como escribe James D. G. Dunn: “La carne demanda, pero el Espíritu produce. Mientras que la primera lista respira un aire de auto asertividad ansiosa y auto gratificación frenética, la otra habla más de la preocupación por otros, la serenidad, la resiliencia y la confiabilidad. Una resalta la manipulación humana; la otra, la ayuda y el poder de la gracia divina, reforzando el concepto de que la transformación interior es la fuente de una conducta responsable”.—The Epistle to the Galatians, p. 308.

La segunda diferencia intrigante entre las dos listas de Pablo es que la lista de vicios ha sido caratulada de manera deliberada con una expresión en plural: “las obras de la carne”. “El fruto del Espíritu”, sin embargo, está en singular. Esta diferencia puede sugerir que la vida en la carne no promueve más que división, confusión, disgregación y desunión. En contraste, la vida en el Espíritu produce un fruto del Espíritu, que se manifiesta en nueve cualidades que fomentan la unidad.

En este contexto, algunas personas afirman que lo que una persona cree acerca de Dios no importa realmente, siempre y cuando sea sincero. Nada podría estar más alejado de la verdad. La lista de vicios de Pablo sugiere lo opuesto: los puntos de vista corruptos acerca de Dios llevan a ideas distorsionadas sobre la conducta sexual y la religión, y la ética, dando como resultado el rompimiento de las relaciones humanas. Además, pueden llevar a la pérdida de la vida eterna, también (Gál. 5:21).

Revisa la lista de “obras de la carne”. ¿De qué maneras puedes ver cada una como una violación de uno o más de los Diez Mandamientos?

 

Ir ArribaMiércoles 13 de septiembre: El fruto del Espíritu

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gál. 5:22, 23). ¿De qué maneras la obediencia a los Diez Mandamientos refleja el fruto del Espíritu como se expresa en estos versículos? (Ver también Mat. 5:21, 22, 27, 28; 22:35-40.)

Los Diez Mandamientos no son una alternativa del amor; nos ayudan a guiarnos en cuanto a cómo hemos de mostrar amor, tanto a Dios como a la humanidad. Por mucho que trascienda a la ley, el amor no está en conflicto con la ley. La idea de que el amor a Dios y el amor al prójimo anulan los Diez Mandamientos tiene tanto sentido como decir que el amor por la naturaleza anula la ley de la gravedad.

Además, en contraste con la descripción de quince obras de la carne de una sola palabra, el fruto del Espíritu se describe con nueve virtudes elegantes. Los eruditos creen que estas nueve virtudes están organizadas en tres grupos de tres, pero hay poco consenso en cuanto a la importancia del orden. Algunos ven una referencia implícita a la trinidad en el número tres; otros creen que las tres triadas reflejan las maneras en que deberíamos relacionarnos con Dios, con nuestro prójimo y, por último, con nosotros mismos; y otros ven la lista esencialmente como una descripción de Jesús. Aunque cada uno de estos puntos de vista tiene algún mérito, el punto más importante que no debemos pasar por alto es la importancia suprema que Pablo da al amor en la vida cristiana.

El hecho de que Pablo coloque al amor en primer lugar en la lista de nueve virtudes no es por accidente. Ya ha resaltado el papel central del amor en la vida cristiana en Gálatas 5:6 y 13, y lo incluye en sus otras listas de virtudes (2 Cor. 6:6; 1 Tim. 4:12; 6:11; 2 Tim. 2:22). Mientras que todas las otras virtudes aparecen también en otras fuentes no cristianas, el amor es distintivamente cristiano. Todo esto indica que el amor debe ser considerado no meramente como una virtud más entre muchas, sino como la virtud cardinal cristiana que es la llave a todas las otras virtudes. El amor es el preeminente fruto del Espíritu (1 Cor. 13:13; Rom. 5:5), y debería definir la vida y las actitudes de todo cristiano (Juan 13:34, 35), por más difícil que a veces resulte mostrar amor.

¿Cuánta negación propia implica el amor? ¿Puedes amar sin negarte a ti mismo? ¿Qué nos enseña Jesús acerca del amor y la negación propia?

 

Ir ArribaJueves 14 de septiembre: El camino a la victoria

Aunque un conflicto interior entre la carne y el Espíritu siempre se librará en el corazón de cada creyente, la vida cristiana no necesita estar dominada por el fracaso y el pecado.

Según Gálatas 5:16 al 26, ¿cuál es la clave para vivir una vida en la que el Espíritu reina sobre la carne?

Gálatas 5:16 al 26 contiene cinco verbos clave que describen el tipo de vida en la que reina el Espíritu. Primero, el creyente debe “andar” en el Espíritu (vers. 16). El verbo griego es peripateo, que literalmente significa “andar alrededor o seguir”. Los seguidores del famoso filósofo griego Aristóteles llegaron a ser conocidos como los peripatéticos, porque seguían a Aristóteles dondequiera que iba. El hecho que el verbo esté en tiempo presente implica que Pablo no está hablando de un andar ocasional, sino más bien de una experiencia diaria continua. Además, dado que también es un mandato (“Andad en el Espíritu”), implica que andar en el Espíritu es una decisión que debemos tomar a diario. El segundo verbo es “ser guiados” (vers. 18). Esto sugiere que también debemos permitir que el Espíritu nos guíe a donde deberíamos ir (comparar con Rom. 8:14; 1 Cor. 12:2). No nos toca a nosotros guiar sino seguir.

Los siguientes dos verbos aparecen en Gálatas 5:25. El primero es “vivir” (zao, en griego). Pablo está haciendo referencia a la experiencia de nuevo nacimiento que debe marcar la vida de todo creyente. El uso que hace Pablo del tiempo presente señala a una experiencia de nuevo nacimiento que debe renovarse a diario. Debido a que vivimos por el Espíritu, Pablo escribe luego que también debemos “andar” por el Espíritu. La palabra traducida como “andemos” es diferente a la del versículo 16. Aquí, la palabra es stoicheo. Es un término militar que literalmente significa “formar una línea”, “mantener el paso” o “ser conformista”. La idea aquí es que el Espíritu no solamente nos da vida, sino que también dirige nuestras vidas a diario.

El verbo que usa Pablo en el versículo 24 es “crucificar”. Esto es un poco sorprendente. Si hemos de seguir al Espíritu, debemos tomar una firma decisión de darle muerte a los deseos de la carne. Por supuesto, Pablo está hablando en sentido figurado. Crucificamos la carne al alimentar nuestra vida espiritual y hacer morir de hambre los deseos de la carne.

¿Qué cambios y decisiones debes tomar a fin de obtener las victorias que se te prometen en Cristo, victorias que hasta ahora no estás pudiendo lograr?

 

Ir ArribaViernes 15 de septiembre

Para Estudiar y Meditar:

No todo es suave en la vida del cristiano. Se le presentan duros conflictos; lo asaltan severas tentaciones. ‘El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne’. Mientras más cerca lleguemos al fin de la historia de esta tierra, más engañosos e insidiosos serán los ataques del enemigo. Sus ataques se harán más violentos y más frecuentes. Los que se oponen a la luz y la verdad, se volverán más endurecidos y apáticos, y más mordaces contra los que aman a Dios y guardan sus mandamientos” .—“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1111.

“La influencia del Espíritu Santo es la vida de Cristo en el alma. No vemos a Cristo ni le hablamos, pero su Espíritu Santo está tan cerca de nosotros en un lugar como en otro. Obra en cada uno que recibe a Cristo y mediante él. Los que conocen la morada interior del Espíritu revelan los frutos del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe”.—“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1111, 1112.

Preguntas para Dialogar:

  1. Medita en la idea de crucificar los deseos de la carne. ¿Qué significa eso? ¿Cómo lo logramos? ¿Cuán a menudo debemos hacerlo? ¿Por qué usaría Pablo un verbo tan fuerte? ¿Qué nos dice el uso que hace de la palabra crucificar acerca de cuán dura es exactamente la batalla con el yo?

  2. ¿Qué papel ocupa el esfuerzo humano en producir el fruto del Espíritu? ¿Qué te dice tu propia experiencia acerca de ese papel?

  3. Pablo dice que aquellos que practican las obras de la carne no heredarán el reino de Dios. ¿Cómo reconciliamos esta declaración con el hecho de que Pablo dice que somos salvos por la fe, y no por las obras?

  4. En tu propio andar con el Señor, ¿cuál es la lucha más grande que enfrentas? ¿Acaso no es el pecado y lo que el pecado hace con tu relación con Dios? ¿Qué cristiano no ha sentido alienación, duda y desilusión como resultado del pecado en su vida, especialmente considerando que tenemos la promesa de victoria sobre ese pecado? Dado este hecho en el contexto de la victoria sobre el pecado, ¿por qué deberíamos siempre recordar que nuestra salvación descansa totalmente sobre lo que Jesús ha hecho por nosotros?

Resumen: Aunque en la vida de todo creyente existe un conflicto entre los deseos de la carne y los deseos del Espíritu, la vida cristiana no necesita estar condenada al fracaso. Dado que Cristo ha conquistado el poder del pecado y la muerte, la vida cristiana puede ser una vida en la que reine el Espíritu, trayendo una dosis diaria de la gracia de Dios que nos habilita para mantener a raya los deseos de la carne.

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