Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "Preparación para el tiempo del fin"

Segundo trimestre (abril-junio) de 2018

Lección 1: "El conflicto cósmico"

Para el 7 de abril de 2018

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

 

Ir ArribaSábado 31 de marzo

Lee Para el Estudio de esta Semana: Ezequiel 28:1, 2, 11-17; Génesis 3:1-7; Apocalipsis 12:1-17; Romanos 8:31-39; Apocalipsis 14:12.

Para Memorizar: “Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Apoc. 12:17).

El conflicto cósmico, a veces denominado “el gran conflicto”, es la cosmovisión bíblica. Constituye el trasfondo en el que se despliega el drama de nuestro mundo, e incluso del universo. El pecado, el sufrimiento, la muerte, el surgimiento y la caída de las naciones, la difusión del evangelio, los acontecimientos de los últimos días, todo esto ocurre en el contexto del conflicto cósmico.

Esta semana analizaremos algunos lugares determinantes donde se instaló el conflicto que, por alguna razón misteriosa, se inició en el corazón de Lucifer, un ser perfecto, quien trajo su rebelión a la Tierra a través de la caída de Adán y de Eva, otros seres perfectos. A partir de estos dos “puntos de articulación” (la caída de Lucifer y, luego, la de nuestros primeros padres), el gran conflicto se estableció y ha hecho estragos desde entonces. Cada uno de nosotros es parte de ese drama cósmico.

Lo bueno no es solo que, un día, esto terminará, sino también que terminará con la victoria total de Cristo sobre Satanás. Y lo mejor de todo es que, debido a la exhaustividad de lo que Jesús hizo en la cruz, todos podemos participar en esa victoria. Y como parte de esa victoria, Dios nos llama a la fe y a la obediencia ahora, mientras esperamos todo lo que se nos ha prometido en Jesús, cuya venida está garantizada.

 

Ir ArribaDomingo 1 de abril: La caída de un ser perfecto

Si el conflicto cósmico constituye el marco de la cosmovisión bíblica, surge una serie de preguntas. Una cuestión importante es: ¿Cómo empezó todo? Dado que el universo lo creó un Dios amante, es razonable asumir que el mal, la violencia y el conflicto indudablemente no formaban parte de la creación desde el principio. El conflicto debió de haber surgido al margen de la creación original y es indudable que no fue necesariamente un resultado de ella. Sin embargo, el conflicto está aquí, es real y todos estamos involucrados.`

Lee Ezequiel 28:1 y 2, y 11 al 17; e Isaías 14:12 al 14. ¿Qué nos enseñan estos pasajes sobre la caída de Lucifer y el surgimiento del mal?

Lucifer era un ser perfecto que vivía en el cielo. ¿Cómo pudo haber surgido la iniquidad en él, especialmente en un ambiente como ese? No lo sabemos. Quizá sea esa la razón por la que la Biblia habla del “misterio de la iniquidad” (2 Tes. 2:7).
Más allá de la realidad del libre albedrío que Dios les ha dado a todas sus criaturas inteligentes, no existe ninguna razón para la caída de Lucifer. Elena de White expresó estos Lee Génesis 3:1 al 7. ¿Qué pasó aquí que muestra la culpabilidad de Adán y de Eva en lo que ocurrió?pensamientos profundos: “Es imposible explicar el origen del pecado y dar una razón para su existencia [...]. El pecado es un intruso, y no hay razón que pueda explicar su presencia. Es misterioso, inexplicable; excusarlo equivale a defenderlo. Si se pudiera encontrar alguna excusa para ello o mostrar la causa de su existencia, dejaría de ser pecado” (CS 484).

Reemplaza la palabra pecado por mal, y la declaración funciona igual de bien. “Es imposible explicar el origen del [mal] y dar una razón para su existencia [...]. El [mal] es un intruso, y no hay razón que pueda explicar su presencia. Es misterioso, inexplicable; excusarlo equivale a defenderlo. Si se pudiera encontrar alguna excusa para ello o mostrar la causa de su existencia, dejaría de ser [malo]”.

Piensa en tu propia experiencia con la realidad del libre albedrío. ¿Por qué debemos meditar, cuidadosamente y en oración, sobre las decisiones que tomamos haciendo uso de nuestro libre albedrío?

 

Ir ArribaLunes 2 de abril: Más que conocimiento intelectual

Aunque no podemos explicar por qué surgió el mal (ya que no hay justificación para su existencia), la Biblia revela que comenzó en el corazón de Lucifer en el cielo. Además de las fascinantes revelaciones que obtenemos de los escritos de Elena de White (por ej., ver CS, cap. “El origen del mal”), la Biblia no nos dice mucho más acerca de cómo comenzó en el cielo. No obstante, la Palabra de Dios es más explícita en cuanto al modo en que surgió en la tierra.

Lee Génesis 3:1 al 7. ¿Qué pasó aquí que muestra la culpabilidad de Adán y de Eva en lo que ocurrió?

Lo triste de esto es que Eva sabía cuáles habían sido las palabras de Dios. Ella las repitió: “Del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis” (Gén. 3:3). Aunque la Biblia no menciona nada en cuanto a tocar el árbol, ella sabía a ciencia cierta que comer de él conduciría a la muerte.

Satanás, entonces, abierta y descaradamente, contradice estas palabras. “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis” (Gén. 3:3).

¿Podría haber un contraste más marcado? Aunque el planteamiento de Satanás fue sutil al principio, una vez que captó la atención de ella y vio que no se resistía, desafió en forma abierta el mandato del Señor. Y lo trágico es que Eva no estaba obrando desde una posición de ignorancia. No podía decir: “No lo sabía, no lo sabía”.

Porque ella lo sabía.

Sin embargo, a pesar de este conocimiento, ella actuó mal de todos modos. Si, incluso en el entorno perfecto del Edén, el conocimiento no fue suficiente en sí para evitar que Eva (y luego Adán, que también sabía la verdad) pecara, no debemos engañarnos al creer que el conocimiento alcanza para salvarnos ahora. Sí, tenemos que saber lo que nos dice la Palabra de Dios. Pero, además de saber, necesitamos la clase de entrega en la que también obedecemos lo que nos dice.

Dios dijo una cosa, Satanás dijo otra. A pesar del conocimiento que Adán y Eva tenían, escogieron escuchar a Satanás. Piensa cuán poco ha cambiado esto a través de los milenios. ¿De qué modo podemos evitar cometer el mismo tipo de error?

 

Ir ArribaMartes 3 de abril: Guerra en el cielo y en la tierra

La caída de nuestros primeros padres sumió al mundo en el pecado, la maldad y la muerte. Se puede discrepar de las causas inmediatas, o de quién tiene la culpa, pero ¿quién puede negar la realidad de la agitación, la violencia, los trastornos y los conflictos que nos afligen aquí?

Hablamos de un conflicto cósmico; y está bien y es cierto. Pero, por más que este conflicto tenga orígenes cósmicos, también se está librando aquí en la tierra. De hecho, toda la historia bíblica, desde la caída en el Edén hasta los acontecimientos finales que conducen a la segunda venida de Jesús, en muchos sentidos es la exposición bíblica del gran conflicto. Vivimos en medio de este conflicto. La Palabra de Dios nos explica lo que está sucediendo, lo que está detrás de él y más aún: cómo va a terminar.

Lee Apocalipsis 12:1 al 17. ¿Qué batallas describe este capítulo que se libran tanto en el cielo como en la tierra?

Vemos una batalla en el cielo, y también batallas en la tierra. La primera es entre el dragón (Satanás, Apoc. 12:7-9) y Miguel (significado hebreo: “¿Quién es como Dios?”). El rebelde Lucifer llegó a conocerse como Satanás (Adversario), que es simplemente un ser creado que lucha contra el eterno Creador, Jesús (Heb. 1:1, 2; Juan 1:1-4).

Lucifer se rebeló contra su Hacedor. El gran conflicto no se trata de un duelo de dioses; se trata de una criatura que se rebela contra su Creador y que manifiesta esa rebelión atacando también a la creación.

Al fracasar en la batalla contra Cristo en el cielo, Satanás trató de perseguirlo en la tierra inmediatamente después de su nacimiento humano (Apoc. 12:4). Como fracasó en su batalla contra Cristo aquí, y luego volvió a fracasar contra él en el desierto y más tarde en la cruz, Satanás (después de su derrota irreversible en el Calvario) se fue a hacer guerra contra el pueblo de Cristo. Esta guerra se ha prolongado durante gran parte de la historia cristiana (Apoc. 12:6, 14-16), y continuará hasta el final (Apoc. 12:17) hasta que Satanás enfrente otra derrota, esta vez en la segunda venida de Jesús.

Lee Apocalipsis 12:10 al 12. ¿Qué esperanza encontramos en estos versículos en medio de todo el conflicto que vemos en los otros pasajes?

 

Ir ArribaMiércoles 4 de abril: Con vosotros todos los días, hasta el fin

El libro de Apocalipsis predijo la persecución que el pueblo de Dios afrontaría durante buena parte de la historia de la iglesia. Los 1.260 días proféticos de Apocalipsis 12:6 (ver además Apoc. 12:14) apuntan a 1.260 años durante los cuales se persigue a la iglesia.

“Esas persecuciones, que empezaron bajo Nerón cerca del tiempo del martirio de Pablo, continuaron con mayor o menor furia por varios siglos. Los cristianos eran inculpados calumniosamente de los más espantosos crímenes y eran señalados como la causa de las mayores calamidades: hambres, pestes y terremotos. Como llegaron a ser objeto de los odios y sospechas populares, no faltaban los delatores que, por vil interés, estaban listos para vender a los inocentes. Se los condenaba como rebeldes contra el imperio, enemigos de la religión y azotes de la sociedad. Muchos eran arrojados a las fieras o quemados vivos en los anfiteatros” (CS 38).

Al mismo tiempo, la mujer (iglesia) huyó al desierto (Apoc. 12:6). Dos veces se la describe con dos alas como de águila. Esto da la idea de huir en busca de ayuda. Ella fue cuidada en el desierto, y la serpiente, o Satanás, no pudo llegar a ella (Apoc. 12:14). Dios siempre ha conservado un remanente, incluso durante las persecuciones importantes, y lo volverá a hacer en el tiempo del fin.

En el contexto de los peligros de los últimos días, Cristo le dijo a su pueblo: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20). ¿Cómo entendemos esta maravillosa promesa, incluso frente al vasto martirio de muchos de sus seguidores? (Ver Rom. 8:31-39; Mat. 10:28.)

Nada, ni siquiera la persecución, ni el hambre, ni la muerte pueden separarnos del amor de Dios. La presencia de Cristo con nosotros, ya sea ahora o en los últimos tiempos, no significa que nos libraremos del dolor, el sufrimiento, las pruebas o, incluso, la muerte. Nunca se nos prometió esas exenciones en esta vida. Sí significa que, por medio de Jesús y de lo que él hizo por nosotros, podemos vivir con la esperanza y la promesa de que Dios está con nosotros en estas pruebas y que tenemos la promesa de vida eterna en el cielo nuevo y la tierra nueva. Podemos vivir con la esperanza de que, más allá de lo que nos pase aquí, al igual que Pablo, podemos estar seguros de que “me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Tim. 4:8). Nosotros que “ama[mos] su venida” podemos reclamar esta esperanza y promesa para nosotros también.

 

Ir ArribaJueves 5 de abril: La ley y el evangelio

Como adventistas del séptimo día, nuestro nombre proclama gran parte de lo que representamos. El vocablo Adventista señala nuestra creencia en la segunda venida de Jesús, una verdad que solo puede existir debido a lo que Cristo hizo con su muerte expiatoria en su primer advenimiento. La frase del Séptimo Día representa el día de reposo sabático, que apunta a nuestra creencia no solo en ese Mandamiento específico, sino también incluye implícitamente todo los Mandamientos. Por lo tanto, nuestro nombre Adventista del Séptimo Día señala dos componentes fundamentales e inseparables de la verdad presente: la Ley y el evangelio.

¿De qué modo estos versículos indican el estrecho vínculo entre la Ley y el evangelio? Jer. 44:23; Rom. 3:20-26; Rom. 7:7.

El evangelio es una buena noticia, la buena nueva de que, aunque hayamos pecado al infringir la Ley de Dios, podemos recibir el perdón de nuestros pecados mediante la fe en lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz. Además, se nos ha dado el poder de obedecer plenamente esa Ley.
Entonces, no es de extrañar que, en el contexto de los últimos días, cuando el gran conflicto brame con especial ferocidad, se describa al pueblo de Dios de una manera muy específica.

Lee Apocalipsis 14:12. ¿En qué forma revela este versículo el vínculo entre la Ley y el evangelio?

Como adventistas del séptimo día, un pueblo que cree en la obediencia a la Ley de Dios, ¿de qué modo podemos mostrarles a los demás que la obediencia a la Ley no es legalismo, sino que es una consecuencia natural de amar a Dios y ser salvos por él? ¿De qué manera versículos como Deuteronomio 11:1 y 1 Juan 5:3 pueden reforzar este tema?

 

Ir ArribaViernes 6 de abril

Para Estudiar y Meditar:

Lee Apocalipsis 12:9 al 12; y “El origen del mal”, en Patriarcas y profetas, pp. 11-23.

“Mientras todos los seres creados reconocieron la lealtad del amor, hubo perfecta armonía en el universo de Dios. Cumplir los designios de su Creador era el gozo de las huestes celestiales. Se deleitaban en reflejar la gloria de Dios y en manifestarle alabanza. Y, mientras el amor de Dios fue supremo, el amor de unos por otros fue confiado y desinteresado. No había nota de discordia que echara a perder las armonías celestiales. Pero, se produjo un cambio en ese estado de felicidad. Hubo uno que pervirtió la libertad que Dios había otorgado a sus criaturas. El pecado se originó en aquel que, después de Cristo, había sido el más honrado por Dios” (PP 13).

Observa las palabras de Elena de White: la “lealtad del amor”. Esta frase poderosa, llena de significado, apunta al hecho de que el amor conduce a la lealtad, a la fidelidad. Un cónyuge que ama a su pareja manifestará ese amor a través de la lealtad. Fue así con estos seres celestiales, y así debería ser ahora con nosotros en nuestra relación con Dios.

Preguntas para Dialogar:

  1. ¿Qué evidencias bíblicas tenemos, que indiquen la realidad no solo de Satanás, sino de su papel en el gran conflicto? ¿De qué formas podemos ayudar a otros a entender que Satanás es un ser real y personal, y no solo como un símbolo del mal en el corazón humano?

  2. Como adventistas del séptimo día, hemos sido bendecidos con una cantidad increíble de conocimiento con respecto a la verdad bíblica. Aunque este conocimiento es maravilloso, ¿por qué tenerlo no es suficiente para salvarnos? ¿Qué necesitamos además del conocimiento intelectual?

  3. ¿De qué maneras has experimentado la presencia de Jesús en tu vida, incluso ahora? ¿Cómo pueden ayudarte estas experiencias en cualquier tiempo de angustia que tengas que afrontar?

  4. Dialoguen en la clase acerca de la frase: “la lealtad del amor”. ¿En qué sentido esta idea puede ayudarnos a entender mejor la relación entre la Ley y la gracia, y entre la fe y la obediencia? ¿Qué nos enseña sobre la libertad inherente a la idea del amor? ¿Cómo podemos revelar, incluso ahora, la “lealtad del amor”?

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