Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "El Libro de Hechos"

Edición para maestros. Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2018

Lección 6: "El ministerio de Pedro"

Para el 11 de agosto de 2018

 

Enseña a tu clase | Bosquejo de la Lección | Resumen
Ciclo de Aprendizaje:
Motiva | Explora | Aplica | Crea

 

El sábado enseñaré...

Texto Clave: Hechos 9:32-43; 10.

 

Ir ArribaEnseña a tu clase a:

Saber: Reconocer los dones pastorales y administrativos de Pedro.

Sentir: Apreciar el coraje y la audacia que caracterizan el ministerio de Pedro.

Hacer: Aplicar lecciones de la vida y el ministerio de Pedro para fortalecer su vida personal y su vida en la iglesia.

 

Ir Arriba Bosquejo de la Lección

  1. Saber: La fortaleza de Pedro

    1. ¿Qué hizo que una persona vacilante como Pedro llegara a ser un testigo audaz y valiente de Jesús?

    2. ¿Qué papel prominente jugó la oración en la vida y el ministerio de Pedro? ¿Cómo afrontó Pedro las expectativas de los creyentes en diversos lugares donde sirvió?

  2. Sentir: Las principales características de Pedro

    1. Aunque Pedro era un líder prominente de la iglesia, ¿cómo se puso a disposición de la gente común de la iglesia? ¿Qué nos dice esto sobre el carácter de Pedro como pastor y líder?

  3. Hacer: Aprender de Pedro

    1. ¿Qué podemos aprender del método de Pedro para satisfacer las necesidades de cada persona y de la congregació

 

Ir Arriba Resumen

Pedro, como miembro de la iglesia, guerrero de la oración, evangelista y dirigente de la iglesia, ha dejado un modelo a seguir para los cristianos.

 

Ir Arriba CICLO DE APRENDIZAJE

Texto destacado: Hechos 9:32-43.

Concepto clave para el crecimiento espiritual: Después de la resurrección, Jesús se tomó el tiempo de preparar a sus discípulos para el ministerio que tenían por delante. Pedro había negado a Jesús tres veces antes de su muerte. El Jesús resucitado preguntó tres veces si podía contar con Pedro para asumir las responsabilidades del discipulado. “La pregunta que Cristo había dirigido a Pedro era significativa. Mencionó sólo una condición para el discipulado y el servicio. Dijo: “¿Me amas?” Este es el requisito esencial” (DTG 753).

 

Ir ArribaPASO 1: ¡Motiva!

Solo para los maestros: Comienza la clase con un repaso de los fracasos y éxitos de Pedro antes de la resurrección.

Acabada la cena y con el Getsemaní por delante, Jesús miró a Pedro y le dijo: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Luc. 22:31, 32). Pedro no estaba muy seguro de qué hacer con estas palabras, pero juró eterna fidelidad a Jesús y su disposición a defenderlo y, de ser necesario, ir “no sólo a la cárcel, sino también a la muerte” (Luc. 22:33). Sin embargo, todo el tiempo, Pedro había sido un personaje vacilante. En un momento dado, confesó que Jesús es el Cristo de Dios; en otro, Pedro negó conocer a Jesús. Pedro caminó sobre el agua, pero su fe cedió ante la duda, y el milagro casi terminó en un desastre. Jesús compartió el Getsemaní con Pedro, un raro privilegio, pero Pedro decidió dormir. Pedro cortó una oreja, pero no pudo reunir el coraje para responder la pregunta de una criada sobre Jesús. El gallo cantó, y Pedro lloró. Por los pecados de Pedro y los pecados del mundo, Jesús fue crucificado fuera de Jerusalén. Al tercer día, Pedro vio al Jesús resucitado. Su vida nunca volvió a ser la misma. El Señor convirtió a Pedro en una nueva persona, alguien que pudo predicar con un corazón firme desde el púlpito de Pentecostés.

Diálogo inicial: El discipulado cristiano es un privilegio y una responsabilidad. ¿Qué otros privilegios y responsabilidades tenemos? ¿Por qué a menudo no cumplimos con las responsabilidades?

 

Ir ArribaPASO 2: ¡Explora!

Solo para los maestros: Jesús le dijo a Pedro: “Una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Luc. 22:32). Pedro era una triste paradoja de elementos opuestos: fortaleza y debilidad, osadía y timidez, lealtad y traición. Pero la oración de su Maestro estuvo siempre con él, y Jesús le aseguró a Pedro que Pedro volvería a él. Pedro puede negar, pero esa negación no es el punto final. Es solo un fracaso temporal, porque el Señor lo ha confirmado con sus oraciones. La esperanza que el Señor tuvo en Pedro no será en vano: Pedro fortalecerá a sus hermanos. Por lo tanto, tenemos al poderoso Pedro, embebido en las Escrituras y lleno del Espíritu para interpretarlas, un hombre mediante el cual el Espíritu de Dios mueve a las multitudes al arrepentimiento del pecado y la aceptación de Jesús como su Salvador. Y este apóstol poderoso, audaz e intrépido fortaleció a los creyentes (los necesitados, los escépticos, los moribundos, los extranjeros) en cumplimiento de la esperanza que Jesús tenía en él para “confirma[r] a sus hermanos”.

La lección de esta semana trata de Pedro, quien fortaleció a los laicos y derribó barreras raciales para que la iglesia pudiera crecer.

Comentario de la Biblia

I. Pedro: El que cuidaba a los laicos

(Repasa, con tu clase, Hech. 9:32-35.)

En la historia de las misiones y el crecimiento de la iglesia, a menudo notamos un fenómeno extraño. El evangelista principal detrás del progreso a menudo parece estar tan absorto en el crecimiento de la membresía, el desarrollo y la recaudación de fondos que la necesidad de contacto personal y de visitar a la membresía se descuida o se asigna a otros. Si bien la división de tareas es un concepto importante en el ministerio, los líderes no debieran perder el contacto con las bases. Pedro, cuya predicación sacudió a Jerusalén y fue fundamental en el gran auge del crecimiento de la iglesia, nos dio un buen ejemplo en las visitas pastorales: “Estaba recorriendo toda la región” (Hech. 9:32, NVI) para fortalecer y alentar a los creyentes. Fue a Lida, donde conoció a Eneas, un paralítico postrado en cama durante ocho años. Pedro le devolvió la salud con las palabras: “Jesucristo te sana” (Hech. 9:34). El apóstol-pastor-evangelista no quería que los creyentes de Lida perdieran de vista el aspecto principal: la curación es importante, pero lo más importante es manifestar que Jesucristo es el Sanador. En Jesús hay “sin igual poder” del Creador.

Pronto ocurre otro milagro. A 18 kilómetros al noroeste de Lida, en Jope, la iglesia de repente experimenta un doloroso vacío en su seno: muere Dorcas, una mujer que “abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía” (Hech. 9:36), una mujer que se tomó en serio su fe y su llamado, e hizo que el evangelio hablara a través del idioma de “las túnicas y los vestidos” (Hech. 9:39). Jesús restaura a Dorcas a su ministerio de la aguja y el hilo y les devuelve la sonrisa a las viudas quebrantadas de Jope.

Considera: Luego ocurre un tercer milagro: “Y aconteció que [Pedro] se quedó muchos días en Jope en casa de un cierto Simón, curtidor” (Hech. 9:43). Un curtidor trabaja el cuero y manipula la piel de animales muertos, una ocupación que convertía a Simón el curtidor en “inmundo” (Núm. 19:11-13), difícilmente el tipo de compañía que elegiría un judío escrupuloso. ¿Cómo comenzaron a romperse los muros divisorios en este encuentro?

II. Pedro: El que cruzó las fronteras

(Repasa, con tu clase, Hech. 10.)

Dios se mueve misteriosamente cuando obra milagros” (William Cowper). Así obró hace mucho tiempo en la vida de Pedro y Cornelio. La historia nos cuenta cómo Dios derribó los muros de separación entre judíos y gentiles para que pudiera aflorar un cuerpo unido de Cristo. Los factores causantes de divisiones (judíos o gentiles, hombres o mujeres, esclavos o libres, blancos o negros, ricos o pobres) no tienen cabida en la comunión del Salvador crucificado y resucitado. Pedro aún no proclamaba plenamente que Cristo “es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación [...] para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre” (Efe. 2:14, 15). Pero Pedro estaba comenzando el proceso de aprendizaje: decidió quedarse con un peletero en Jope.

El Espíritu Santo quería que Pedro entendiera mejor las relaciones cristianas, y mediante esa visión de mediodía en la terraza del curtidor, se le mostró al apóstol que no tenía la autoridad ni el derecho de llamar inmundo o intocable a nadie. Esa era la intención principal, como Pedro descubriría más tarde, de la visión de las criaturas limpias e inmundas en la que se le ordenó: “Levántate, Pedro, mata y come” (Hech. 10:13). Dios le indicó a Pedro que descendiera a encontrarse con la nueva realidad que el evangelio había creado: los emisarios de Cornelio estaban a la puerta. Pedro no tardó en captar el mensaje: “Me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hech. 10:28). El apóstol estaba listo para quebrar la gran barrera entre judíos y gentiles, y entrar a la casa de Cornelio. Dios hizo el resto.

Previamente, Cornelio, un centurión romano de Cesarea, se puso a orar. Cornelio eran un hombre devoto, temeroso de Dios, generoso y de oración (Hech. 10:2), que se había arrodillado para su encuentro de las 15 con Dios. En respuesta a su búsqueda persistente de la verdad y su fervor por conocer más acerca de Dios, un ángel le indicó a Cornelio que buscara a Pedro desde Jope, a unos 64 kilómetros al sur de Cesarea. Aquel que es la Verdad y la Vida no desatiende ninguna búsqueda de la verdad del evangelio. La búsqueda sincera de la verdad inmediatamente da paso a los agentes celestiales para ayudar al que busca.
Las primeras palabras de Pedro en la casa de Cornelio fueron de unidad en el evangelio: Dios no muestra favoritismo entre judíos y gentiles, y Jesucristo es el Señor de todos (Hech. 10:34-36). Cuando la unidad se vuelve una insistencia esencial del evangelio, es la indicación más positiva de que el Espíritu Santo está obrando. Y así es como, incluso antes de que Pedro pudiera terminar su predicación, “el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso” (Hech. 10:44). “Todos” abarcaba a circuncidados e incircuncisos, judíos y gentiles, hombres y mujeres. Frente a una aprobación celestial tan innegable, ¿qué son los mortales para seguir aferrándose a los muros divisorios? La casa del centurión se convirtió en el primer lugar donde el Espíritu Santo derribó esos muros de odio y separación.

Considera: El relato de la creación anunció que la humanidad, creada a imagen de Dios, había heredado una identidad común (Gén. 1:26). La cruz confirmó que en Cristo no hay “judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál. 3:28). Entonces, ¿por qué todavía existen divisiones dentro de las comunidades cristianas? ¿Cómo abordamos este problema? ¿Dónde debe comenzar la solución?

 

Ir ArribaPASO 3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: Pedro conoció a Jesús personalmente. Pedro podía hablar del arte de pescar, ya sea que la pesca fuese de peces o de personas. Con el objetivo puesto en Cristo, Pedro podía hablar de la curación de su suegra, de la alimentación de los cinco mil, del monte de la transfiguración, del hombre en el estanque, de los diez leprosos, del paseo sobre el mar, de Lázaro, de su negación de Jesús, del beso de Judas, de la cruz y de la resurrección. Para Pedro, la vida no era un resumen de los hechos, sino el intercambio de una certeza. ¡Su vida era una reseña viviente de lo que el Señor hizo y puede hacer!

Preguntas para reflexionar y de aplicación:

Pedro a menudo era una persona ambigua y contradictoria. La línea divisoria puede establecerse entre Pedro antes del Pentecostés y Pedro después del Pentecostés. ¿Qué ocurrió realmente con Pedro que hizo que el cambio en su vida sea auténtico? ¿De qué manera la recepción del Espíritu Santo afecta nuestra vida espiritual?

 

Ir ArribaPASO 4: ¡Crea!

Solo para los maestros: Lleva papelitos a la clase. Escribe en cada uno un incidente de la vida de Pedro o un versículo del evangelio relacionado con él. Al finalizar el estudio de la lección, reparte los papeles en una canastita o bolsa. Que cada miembro tome uno y comparta con la clase sus primeras ideas sobre el incidente o el texto.

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