Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "Unidad en Cristo"

Cuarto trimestre (octubre-diciembre) de 2018

Lección 6: "Imágenes de la unidad"

Para el 10 de noviembre de 2018

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

 

Ir ArribaSábado 3 de noviembre

Lee Para el Estudio de esta Semana: 1 Pedro 2:9; Éxodo 19:5, 6; Efesios 2:19-22; 1 Corintios 3:16, 17; 1 Corintios 12:12-26; Juan 10:1-11; Salmo 23.

Para Memorizar: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Cor. 12:12).

Cualquiera que haya estudiado la Biblia sabe que está llena de imágenes y símbolos que apuntan a realidades mayores que esas imágenes y símbolos en sí. Por ejemplo, la esencia de todo el sistema sacrificial bíblico es, en cierto sentido, un símbolo de una realidad mucho mayor: Jesús y todo el plan de salvación.

En la Biblia se usan muchos otros tipos de imágenes y, a veces, también los elementos más básicos, como el agua, el fuego o el viento. Según el contexto, estas son imágenes de verdades espirituales y teológicas. Por ejemplo, cuando Jesús dijo: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8), usó el viento como símbolo del Espíritu Santo.

La Biblia utiliza una cantidad de imágenes para describir la clase de unidad que encontramos en la iglesia, la unidad que Dios llama a manifestar ante el mundo. Cada imagen individual no está completa en sí misma; en su conjunto, estas imágenes revelan muchas cosas sobre la unidad de la iglesia, como la relación de la iglesia con Dios, las relaciones de los miembros entre sí y la relación de la iglesia con la comunidad en general.

La lección de esta semana analizará algunas de las imágenes y lo que nos dan a conocer sobre la unidad en Cristo.

 

Ir ArribaDomingo 4 de noviembre: El pueblo de Dios

Lee 1 Pedro 2:9; Éxodo 19:5 y 6; Deuteronomio 4:20 y Deuteronomio 7:6. ¿Qué enseñan estos versículos acerca del estatus especial del pueblo de Dios?

La iglesia está compuesta por personas, pero no cualquier tipo de personas. La iglesia es el pueblo de Dios, el pueblo que pertenece a Dios, que sostiene que Dios es su Padre y Salvador, y que ha sido redimido por Cristo y le obedece. Esta imagen subraya el concepto de que Dios ha tenido un pueblo en la Tierra desde la adopción del plan de salvación y que hay continuidad entre el Israel del Antiguo Testamento y la iglesia del Nuevo Testamento. Desde los tiempos de Adán, los patriarcas antes y después del Diluvio y Abraham, Dios hizo un pacto con su pueblo para que fuese el representante de su amor, misericordia y justicia hacia el mundo.

Al pueblo de Dios se lo llama “linaje escogido”, “real sacerdocio” y “nación santa”. Estos términos indican que está destinado para un propósito especial: “Anunci[ar] las virtudes de aquel que [l]os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9). Esto también es un reflejo de una descripción del carácter misericordioso de Dios, como se describe en Éxodo 34:6 y 7. “Dios ‘adquirió’ a la iglesia como su posesión especial para que sus miembros pudieran reflejar los preciosos rasgos del carácter divino en su propia vida, y para que proclamaran la bondad y la misericordia de Dios a todos los hombres”.-“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 578.

Lee Deuteronomio 7:6 al 8. ¿Qué impulsó a Dios a escoger a los descendientes de Abraham como su pueblo? ¿Cómo se aplica esto todavía en la actualidad?

Tal vez podríamos preguntarnos: ¿Qué país actual merece la etiqueta de “nación santa” (otra imagen de la iglesia)? Ninguno. Todas las naciones y los grupos étnicos están compuestos por personas que no merecen el amor ni la gracia de Dios. Y, aunque la Biblia nos llame a ser un pueblo santo, las Escrituras también enseñan que la elección y la fundación de Israel se basó totalmente en su amor y no en los méritos que los seres humanos pudieran presentarle. La formación del pueblo de Dios es un acto de creación amante y, a pesar del pecado y la apostasía a escala nacional, Dios cumplió con su promesa hecha a Abraham de que a través de su simiente, Cristo, salvaría a su pueblo. Así como la elección del pueblo de Dios fue un acto de su gracia, también lo es su salvación. Este tema nos recuerda nuestras raíces comunes en la gracia inmerecida de Dios.

¿Por qué debemos tener siempre presente la sagrada verdad de que nuestra salvación depende de lo que Cristo ha hecho por nosotros y no de lo que podemos hacer por nosotros mismos, por más que seamos “el pueblo de Dios”?

 

Ir ArribaLunes 5 de noviembre: La casa de Dios

Otra imagen del pueblo de Dios en el Nuevo Testamento es la casa de Dios. Es una metáfora de piedras y edificios que resalta la naturaleza intrincada e interdependiente de las relaciones humanas en la iglesia. Pedro se refiere a los cristianos como “piedras vivas” (1 Ped. 2:5). Esta metáfora también contiene una cualidad de permanencia y solidez.

Lee Efesios 2:19 al 22. ¿Qué ideas clave enfatiza Pablo en este pasaje? ¿Qué nos dice esta imagen sobre la unidad de la iglesia?

En este pasaje, Pablo combina dos imágenes de la iglesia: una inerte, una casa o edificio; la otra viva, un hogar de personas.
Una piedra no es muy valiosa por sí misma, pero cuando está unida con otras piedras se convierte en una estructura que puede resistir las tormentas de la vida. Ningún cristiano puede ser una piedra solitaria: debe relacionarse con otros en la comunión de la familia de Dios.

Para que un edificio sea sólido, debe descansar sobre una base sólida. Jesucristo es este fundamento y la “piedra angular” de la casa de Dios (ver además 1 Cor. 3:11). La iglesia también dejaría de existir si no hiciera de Cristo la piedra angular de sus actividades. La iglesia en realidad gira en torno a Jesucristo: su vida, muerte, resurrección y regreso. La iglesia forma una comunidad de creyentes unida para compartir con el mundo las buenas nuevas de Jesús. La agenda de la iglesia es Jesús: quién es él, lo que hizo por nosotros, lo que hace en nosotros y lo que le ofrece a todo el que lo acepte como Señor y Salvador.

La imagen de una casa también es muy significativa. Esta se basa en las relaciones que las personas tienen entre sí. Es una imagen familiar: el padre y la madre, los hermanos y las hermanas. Los lazos entre los miembros de la familia pueden ser fuertes, y las lealtades consiguientes a menudo trascienden todos los demás vínculos externos. La lealtad es una gran parte de la unidad, porque ¿cómo podría haber algún tipo de unidad sin lealtad?
¿Qué relación tiene esta imagen con la iglesia? Los miembros de la iglesia también son parte de una gran familia. Estamos vinculados, no solo porque pertenecemos a la familia humana a través de nuestro ancestro común, Adán, sino también porque estamos relacionados con Jesús, el Segundo Adán, a través de nuestra experiencia común del “nuevo nacimiento”. Por lo tanto, nos unen no solo las verdades doctrinales que tenemos en común, sino también la experiencia de ser almas convertidas que tienen una nueva vida en Jesús.

Lamentablemente, no todos han tenido una buena experiencia con su familia. Por lo tanto, esa imagen quizá no signifique nada para ellos. Sin embargo, como iglesia, ¿cómo podemos llegar a ser la familia que estas personas nunca tuvieron?

 

Ir ArribaMartes 6 de noviembre: El templo del Espíritu Santo

Otra imagen del edificio que Pablo usa es la del templo de Dios, o del Espíritu Santo. Es la imagen de un edificio costoso y valioso. Junto con 1 Corintios 6:19, donde la imagen se refiere al nuestro cuerpo personal como templo del Espíritu Santo, en 1 Corintios 3:16 y 17 Pablo utiliza la imagen para referirse al edificio más santo y precioso del antiguo Cercano Oriente, el templo de Dios.

Lee 1 Corintios 3:16 y 17. ¿Qué significa que la iglesia sea el templo del Espíritu Santo? ¿De qué advierte en el versículo 17?

Obviamente Pablo, al referirse a la iglesia, no tiene en mente un templo o un lugar físico de residencia para Dios. Esta metáfora se refiere a una entidad corporativa: juntos, los cristianos de Corinto forman el templo del Espíritu Santo y, en un sentido espiritual, Dios reside entre ellos.

Para Pablo, Dios reside dentro de la comunidad cristiana; de allí su advertencia de que cualquiera que intente destruir esta confraternidad sufrirá las consecuencias del Juicio. La unidad de los creyentes está en el centro de esta comunión y de la presencia de Dios en este templo. Aunque este pasaje a menudo se usa en el sentido de cuidar de nuestro cuerpo físico (que por supuesto es lo que se supone que los cristianos deben hacer de todos modos), esa no es la cuestión específica que plantea Pablo aquí. Su mensaje era una advertencia para quienes destruyan la unidad de la iglesia.

Previamente en este capítulo, Pablo se refirió a lo que considera que son desafíos para la unidad: “pues ha[y] entre vosotros celos, contiendas y disensiones” (1 Cor. 3:3). Estas actitudes y comportamientos son amenazas reales para la unidad de los cristianos y provocan la retirada de la presencia de Dios de su templo. En otras palabras, los conflictos en la iglesia pueden destruir el templo de Dios. Por lo tanto, él quiere que los miembros dejen de lado las actitudes y las conductas que amenazan su unidad.

Cuando estallan los conflictos en la iglesia actual, el consejo de Pablo a los corintios sigue siendo válido: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Cor. 1:10).

Celos, contiendas y disensiones: estos no son solo problemas que la iglesia enfrentaba en los días de Pablo. Los tenemos hoy también. ¿Qué papel tiene cada uno de nosotros para tratar de resolver estos problemas de una manera que no ponga en riesgo nuestra unidad?

 

Ir ArribaMiércoles 7 de noviembre: El cuerpo de Cristo

Quizá la imagen más conocida de la iglesia y la que habla más fuerte sobre la unidad de sus diversas partes sea el cuerpo de Cristo. “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. [...] Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Cor. 12:12, 27).

Así como un cuerpo es una sola unidad que se compone de muchas partes diferentes, cada una con una función y una responsabilidad diferentes, así es la iglesia como el cuerpo de Cristo.

Lee 1 Corintios 12:12 al 26. ¿Cómo se aplica esta imagen de un cuerpo con muchas partes a tu congregación local? ¿Cómo se aplica a una organización mundial como la Iglesia Adventista del Séptimo Día?

La enseñanza de Pablo en 1 Corintios 12 transmite la profunda realidad de que la auténtica unidad cristiana no se da solo en la diversidad, y sin duda tampoco se da a pesar de la diversidad, sino más bien a través de la diversidad. No deberíamos sorprendernos de que el Espíritu Santo sea el origen de estas expresiones de diversidad. Así como el cuerpo humano está increíblemente unificado y es sorprendentemente diverso, de la misma manera, así es en teoría el cuerpo de Cristo, que a través de esta diversidad expresa la plenitud y la riqueza del cuerpo de Cristo.

Esta imagen nos habla directamente como iglesia. En las últimas décadas, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha crecido a pasos agigantados. Está compuesta por personas de casi todos los orígenes, culturas y ámbitos imaginables. No debemos permitir que nuestras diferencias étnicas, raciales, culturales, educativas y etarias nos dividan en Cristo. En todo caso, esta diversidad debe ser moldeada por el Espíritu Santo como una fuerza para la unidad, que refleje la verdad de que, a pesar de estas diferencias, todos somos uno en Cristo.

Como hemos visto, al pie de la Cruz todos somos iguales, independientemente de quiénes seamos o de dónde provengamos. A medida que el mundo que nos rodea se fragmente cada vez más, la iglesia debe demostrar que la unidad en la diversidad es posible. El pueblo de Dios puede demostrar el poder de curación y de reconciliación del evangelio.

Increíblemente, Pablo nos dice cómo se puede lograr este ideal: “Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Efe. 5:23). “Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia” (Col. 1:18). Como cada creyente está conectado espiritualmente con Cristo, todo el cuerpo se nutre con el mismo alimento. Por consiguiente, no podemos exagerar la importancia del estudio de la Palabra de Dios, la obediencia a lo que conocemos de la Palabra y las experiencias comunes de adoración y oración para la unidad del cuerpo de Cristo.

 

Ir ArribaJueves 8 de noviembre: Las ovejas y el pastor

Lee Juan 10:1 al 11. ¿Qué aspectos de esta metáfora de la iglesia como un redil hablan de unidad? Ver además el Salmo 23.

En el mundo moderno de las grandes ciudades, es muy raro ver que se críe cualquier tipo animales. La mayoría ahora sabe muy poco de la relación entre las ovejas y los pastores. Sin embargo, cuando Jesús relató esta parábola, la gente lo entendió bien. Cuando dijo: “Yo soy el buen pastor”, inmediatamente reconocieron y comprendieron su referencia al Salmo 23:1, “Jehová es mi pastor”. La imagen no solo era clara sino también estaba llena de un valor emocional que la hacía vívida. En la antigua cultura del Cercano Oriente, y aún hoy en Medio Oriente, es sabido que los pastores se dedican al cuidado de sus ovejas, sin importar los desafíos. La figura del pastor se ha convertido en una de las imágenes predilectas que se utilizan en las Escrituras para describir el carácter de Dios y su relación con su pueblo.

La imagen del pueblo de Dios como ovejas es interesante. Una impresión que a menudo tenemos de las ovejas es su naturaleza inofensiva e indefensa. Por lo tanto, dependen de un buen pastor para que las proteja y las guíe. A decir verdad, se las considera tontas. A veces, sin querer, las ovejas se pierden, y el pastor las busca y las lleva de vuelta al redil. Los corderos a menudo necesitan que los lleven y requieren cuidados adicionales. Se necesita paciencia y comprensión para cuidar ovejas. En muchos aspectos, esta es una imagen perfecta para representar a la iglesia. El miembro de iglesia no tiene nada que temer, lleva todas las de ganar en una relación con el Pastor.

Jesús también enfatizó, en esta parábola, la importancia de que las ovejas escuchen la voz del pastor. Cuando las condiciones lo requieren, es posible proteger a varios rebaños de ovejas colocándolas en el mismo vallado o redil. ¿Cómo se las puede separar más tarde? Todo lo que se necesita es que el pastor se pare en la puerta del redil y las llame. Las ovejas reconocerán su voz y acudirán a él. “Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Juan 10:4). Escuchar la voz del Pastor es crucial para la iglesia. De hecho, la unidad y la seguridad del pueblo de Dios dependen de su proximidad a él y están directamente relacionadas con su obediencia sumisa a su voz.

En general, a la gente no le gusta que la describan como ovejas. Sin embargo, ¿por qué esta es una metáfora tan apropiada para nosotros? ¿Qué debería decirnos esta imagen sobre nuestra necesidad del Pastor y de nuestra necesidad de obedecer su voz?

 

Ir ArribaViernes 9 de noviembre

Para Estudiar y Meditar:

Lee Elena G. de White, “El divino Pastor”, El Deseado de todas las gentes, pp. 442-448; “La iglesia en la Tierra”, Consejos para la iglesia, pp. 432-439.

“En el contexto del Templo de Jerusalén, así como de las omnipresentes estructuras grecorromanas, los autores del Nuevo Testamento emplean la metáfora del templo para permitir que los creyentes visualicen la santidad de la iglesia, el papel de Dios en la fundación y el crecimiento de la iglesia, la naturaleza determinante de la obra de Cristo y del Espíritu, y la solidaridad de los creyentes dentro de la iglesia. El ámbito de la arquitectura parecería insinuar una imagen estática. Sin embargo, la metáfora se utiliza junto con imágenes biológicas y a menudo se acentúa el proceso de construcción. En lugar de una imagen estática, ‘nos vemos impulsados ​​a visualizar una historia del proceso de construcción más que un edificio terminado’. A la iglesia se le otorga el maravilloso privilegio de reconocer humildemente en su vida y su historia ‘el templo del Dios viviente’ (2 Cor. 6:16)”.—J. McVay, “Biblical Metaphors for the Church: Building Blocks for Ecclesiology”, p. 52.

Preguntas para Dialogar:

  1. Medita en las imágenes bíblicas de la iglesia. ¿Cuál te gusta más? ¿Por qué te sientes más atraído por ella? En estos pasajes se pueden encontrar algunas otras metáforas de la iglesia: 1 Timoteo 3:15; 2 Timoteo 2:3-5; 1 Pedro 2:9. ¿Qué más enseñan estas metáforas sobre la iglesia?

  2. “Dios quiere que su pueblo esté unido con los lazos más estrechos de compañerismo cristiano; la confianza en nuestros hermanos es esencial para la prosperidad de la iglesia; la unidad de acción es importante en una crisis religiosa. Un paso imprudente, una acción descuidada, puede hundir a la iglesia en dificultades y pruebas de las cuales podría no recobrarse por años” (TI 3:489). ¿Qué debería enseñarnos esta advertencia sobre cuán cuidadosos debemos tratar de ser para proteger la unidad de la iglesia? ¿Qué papel tiene cada uno de nosotros en esta sagrada responsabilidad?

  3. La sección del domingo enfatizó que incluso como “pueblo de Dios” debemos confiar únicamente en la gracia de Dios para la salvación, nunca en nuestros propios méritos. De hecho, incluso podríamos argumentar que nuestra confianza en los méritos de Dios para la salvación es lo que nos hace ser “el pueblo de Dios”. ¿Crees que esta es una afirmación válida?

Resumen: El Nuevo Testamento usa diferentes metáforas para ilustrar tanto la naturaleza como la misión de la iglesia. Más aún, estas metáforas enseñan que Dios vela atentamente por su pueblo y lo protege. Estas imágenes también enseñan que el pueblo de Dios está intrínsecamente ligado entre sí y que nos necesitamos mutuamente para hacer la obra a la que hemos sido llamados.

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