Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "Unidad en Cristo"

Cuarto trimestre (octubre-diciembre) de 2018

Lección 8: "La unidad en la fe"

Para el 24 de noviembre de 2018

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

 

Ir ArribaSábado 17 de noviembre

Lee Para el Estudio de esta Semana: .

Para Memorizar: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hech. 4:12).

En 1888, los adventistas del séptimo día experimentaron un período de intenso debate sobre las interpretaciones de algunos textos bíblicos clave. Mientras que los pastores y los dirigentes de la iglesia debatían la identidad de los diez cuernos de la profecía de Daniel 7 y de la ley en Gálatas 3:24, muy pocos se dieron cuenta de que sus actitudes hostiles recíprocas destruían su comunión y amistad, y así dañaban la unidad y la misión de la iglesia.

Elena de White lamentó profundamente esta situación y alentó a todos los que participaban de estas discusiones a considerar cuidadosamente su relación con Jesús y cómo el amor a Jesús debería demostrarse en nuestra conducta, especialmente cuando discrepamos. También dijo que no deberíamos esperar que toda la iglesia concuerde en cada punto de interpretación de todos los textos bíblicos.

Pero también enfatizó que debemos buscar la unidad de interpretación cuando se trata de creencias adventistas esenciales (ver Elena de White, El otro poder, pp. 28-32). Esta semana consideraremos algunas enseñanzas bíblicas esenciales que nos hacen adventistas y que le dan forma a nuestra unidad en la fe.

 

Ir ArribaDomingo 18 de noviembre: Salvación en Jesús

Aunque como adventistas del séptimo día tenemos mucho en común con otras organizaciones cristianas, nuestro conjunto de creencias forma un sistema único de verdades bíblicas que nadie más en el mundo cristiano está proclamando. Estas verdades nos ayudan a definirnos como el remanente de Dios en el tiempo del fin.

Lee Hechos 4:8 al 12 y 10:43. ¿Qué importancia le asigna Pedro al lugar de Jesucristo en su interpretación del plan de salvación?

El apóstol Pablo les dio a los corintios la buena noticia de “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Cor. 5:19). La muerte de Cristo es nuestra reconciliación con el Padre, que une el abismo dejado por el pecado y la muerte. Durante siglos, los cristianos han reflexionado sobre el significado de la muerte de Jesús, la resurrección y la reconciliación que vino a cumplir. Este proceso de reconciliación se ha denominado expiación, que denota armonía en una relación, y cuando ha habido distanciamiento esta armonía sería el resultado de la reconciliación. Por lo tanto, la unidad de la iglesia es un regalo de esta reconciliación.

¿Qué enseñan los siguientes pasajes acerca del significado de la muerte y la resurrección de Jesús? Romanos 3:24, 25; 1 Juan 2:2; 1 Juan 4:9, 10; 1 Pedro 2:21-24.

Aunque compartimos con muchas otras organizaciones cristianas esta creencia en la muerte y la resurrección de Cristo, la proclamamos en el contexto del “evangelio eterno” (Apoc. 14:6), parte del mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6 al 12. Como adventistas del séptimo día, ponemos énfasis en estos mensajes como ninguna otra organización cristiana.

¿Cómo puedes aprender a tener presente en todo momento la realidad de la muerte y la resurrección de Cristo y la esperanza que ofrece?

 

Ir ArribaLunes 19 de noviembre: La segunda venida de Cristo

Los apóstoles y los primeros cristianos consideraban que el regreso de Cristo era “la esperanza bienaventurada” (Tito 2:13), y esperaban que todas las profecías y las promesas de la Escritura se cumplieran en la Segunda Venida. Los Adventistas del Séptimo Día aún se mantienen firmes en esta convicción. De hecho, nuestro nombre, “Adventista”, lo indica inequívocamente. Todos los que aman a Cristo esperan con gran ilusión el día en que podrán encontrarse cara a cara con él. Hasta ese día, la promesa de la segunda venida de Cristo ejerce una influencia unificadora sobre nosotros como pueblo de Dios.

¿Qué enseñan los siguientes pasajes sobre cómo será el regreso de Cristo? ¿En qué difiere esto de algunas de las nociones populares sobre su regreso? Hechos 1:11; Mateo 24:26, 27; Apocalipsis 1:7; 1 Tesalonicenses 4:13-18; Apocalipsis 19:11-16.

La Biblia nos asegura repetidas veces que Jesús vendrá nuevamente a llevarse a su pueblo redimido. No se debería especular con el momento en que ocurrirá este hecho, porque Jesús mismo dijo: “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre” (Mat. 24:36). No solo no sabemos cuándo regresará Cristo, sino también se nos dijo que no sabemos.

Al final de su ministerio, Jesús contó la parábola de las diez vírgenes (Mat. 25:1-13) para ilustrar la experiencia de la iglesia mientras espera la segunda venida de Jesús. Los dos grupos de vírgenes representan dos clases de creyentes que profesan esperar a Jesús. Someramente, estos dos grupos parecieran ser iguales; pero cuando se demora la venida de Jesús la verdadera diferencia entre ellos resulta obvia. Un grupo, a pesar de la demora, había mantenido viva la esperanza y había hecho la preparación espiritual adecuada. Con esta parábola, Jesús quiso enseñarles a sus discípulos que la experiencia cristiana no debe basarse en las emociones ni en el entusiasmo, sino en una confianza constante en la gracia de Dios y la perseverancia en la fe, aun cuando no haya evidencias tangibles del cumplimiento de las promesas de Dios. Jesús nos invita aún hoy a “velar” y estar listos en todo momento para su venida.

Aunque nuestro nombre “Adventista del Séptimo Día” testifique de cuán importante es la Segunda Venida para nosotros, ¿cómo podemos, en el ámbito personal, tener siempre presente su realidad? ¿Cómo hacer, a medida que pasan los años, para no cometer el error del que Jesús advirtió en la parábola de las diez vírgenes?

 

Ir ArribaMartes 20 de noviembre: El ministerio de Jesús en el santuario celestial

En el Antiguo Testamento, Dios instruyó a Moisés con el fin de que construyera un tabernáculo, o Santuario, para que él “habite” aquí en la Tierra (Éxo. 25:8, NVI). Mediante sus servicios, el Santuario es donde se le enseñó al pueblo de Israel el plan de salvación. Más adelante, en la época del rey Salomón, el tabernáculo portátil fue reemplazado por un magnífico templo (1 Rey. 5-8). Tanto el Tabernáculo como el Templo tomaron como modelo el Santuario celestial, el “verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre” (Heb. 8:2; ver además Éxo. 25:9, 40).

En toda la Biblia, se da por sentado que hay un Santuario celestial, que es la morada principal de Dios. Los servicios del Santuario terrenal eran “miniprofecías” del plan de salvación y del ministerio sacerdotal de Jesús en el cielo.

Lee Hebreos 8:6; 9:11, 12 y 23 al 28; y 1 Juan 1:9 al 2:2. ¿Qué nos enseñan estos pasajes acerca del ministerio sacerdotal de Jesús en el cielo?

Desde su ascensión, el Santuario celestial es el lugar donde Cristo lleva a cabo su ministerio sacerdotal para nuestra salvación (ver Heb. 7:25). Por lo tanto, se nos anima a “acer[carnos...] confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:16).

Así como el Tabernáculo terrenal tenía dos fases en su ministerio sacerdotal (primero, cada día en el Lugar Santo y luego una vez al año en el Lugar Santísimo), las Escrituras también describen estas dos fases del ministerio de Jesús en el cielo. Su ministerio en el Lugar Santo en el cielo se caracteriza por la intercesión, el perdón, la reconciliación y la restauración. Los pecadores arrepentidos tienen acceso inmediato al Padre a través de Jesús, el Mediador (1 Juan 2:1). Desde 1844, el ministerio de Jesús en el Lugar Santísimo se ocupa de los aspectos del juicio y la purificación que se realizaban una vez al año en el Día de la Expiación (Lev. 16). El ministerio de purificación del Santuario también se basa en la sangre derramada por Jesús. La expiación que se realizaba ese día prefiguraba la aplicación final de los méritos de Cristo para eliminar la presencia del pecado y lograr la reconciliación completa del universo en un solo gobierno armonioso bajo la soberanía de Dios. La doctrina de este ministerio en dos fases es una contribución adventista peculiar para interpretar todo el plan de salvación.

 

Ir ArribaMiércoles 21 de noviembre: El sábado

Otra enseñanza bíblica crucial en la que creen los Adventistas del Séptimo Día y la defienden es el día de reposo sabático. Esta es una doctrina clave que aporta unidad y comunión mutua. Es una creencia que, salvo raras excepciones en el mundo cristiano, solo nosotros observamos.

El sábado es un regalo de Dios para la humanidad desde la semana de la Creación (Gén. 2:1-3). En la Creación, tres actos divinos distintivos establecieron el sábado: (1) Dios descansó el sábado, (2) bendijo el día de reposo y (3) lo santificó. Estos tres actos instituyeron el sábado como el regalo especial de Dios, que le permitiría a la raza humana experimentar la realidad del cielo en la Tierra y proclamar la ´Creación de Dios en seis días. Un rabino famoso, Abraham Joshua Heschel, calificó el sábado como “un palacio en el tiempo”, un día santo cuando Dios se reúne con su pueblo de una manera especial.

¿Qué enseñan los siguientes pasajes sobre el significado del sábado para la humanidad? Éxo. 20:8-11; Deuteronomio 5:12-15; Ezequiel 20:12, 20.

En nuestro deseo de seguir el ejemplo de Jesús (Luc. 4:16), los Adventistas del Séptimo Día guardamos el sábado. La participación de Jesús en los cultos del sábado revela que lo aceptaba como un día de descanso y adoración. Algunos de sus milagros los realizó en sábado para enseñar la dimensión de la curación, tanto física como espiritual, que proviene de la celebración del sábado (ver Luc. 13:10-17). Los apóstoles y los primeros cristianos entendían que Jesús no había abolido el sábado; ellos también lo guardaban y asistían a los cultos ese día (Hech. 13:14, 42, 44; 16:13; 17:2; 18:4).

Otra hermosa dimensión del sábado es que es una señal de nuestra liberación del pecado. El sábado es el monumento conmemorativo de la salvación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto por parte de Dios y del descanso prometido en la tierra de Canaán (Deut. 5:12-15). A pesar del fracaso de Israel para entrar plenamente en este reposo debido a su reiterada desobediencia e idolatría, Dios todavía promete que “queda un reposo para el pueblo de Dios” (Heb. 4:9). Todo el que desee entrar en ese reposo puede hacerlo mediante la fe en la salvación que Jesús ofrece. La observancia del sábado simboliza este descanso espiritual en Cristo y el hecho de que confiamos solo en sus méritos, y no en las obras, para salvarnos del pecado y darnos la vida eterna. (Ver Heb. 4:10; Mat. 11:28-30.)

¿De qué manera tangible te ha ayudado el sábado a experimentar la unidad y la comunión que Cristo desea para su pueblo?

 

Ir ArribaJueves 22 de noviembre: La muerte y la resurrección

En la Creación, “Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gén. 2:7). Este relato de la creación de la humanidad revela que la vida procede de Dios. La inmortalidad ¿es un aspecto intrínseco de esta vida? La Biblia nos dice que solo Dios es inmortal (1 Tim. 6:16); los seres humanos no reciben la inmortalidad al nacer. A diferencia de Dios, los seres humanos son mortales. La Biblia compara nuestra vida con una “neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Sant. 4:14), y al morir nuestra vida deja de existir, en un estado que es comparado con el del sueño, en el que no hay conciencia. (Ver Ecl. 9:5, 6, 10; Sal. 146:4; Sal. 115:17; Juan 11:11-15.)

Aunque la gente nace mortal y está sujeta a la muerte, la Biblia habla de Jesucristo como la fuente de la inmortalidad, y nos dice que él ofrece la promesa de la inmortalidad y la vida eterna a todo el que cree en su salvación. “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 6:23). Jesús “quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Tim. 1:10). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). De modo que hay esperanza de vida después de la muerte.

Lee 1 Corintios 15:51 al 54 y 1 Tesalonicenses 4:13 al 18. ¿Qué nos enseñan estos pasajes sobre la vida después de la muerte y cuándo se les otorgará la inmortalidad a los seres humanos?

El apóstol Pablo aclara que Dios les otorga la inmortalidad a las personas, no en el momento de la muerte, sino en la resurrección, cuando suene la última trompeta. Mientras los creyentes reciben la promesa de la vida eterna en el momento en que aceptan a Jesús como su Salvador, la inmortalidad se otorga solo en la resurrección. El Nuevo Testamento no conoce de almas que van al cielo inmediatamente después de la muerte; esta enseñanza tiene sus raíces en el paganismo, especialmente en la filosofía de los antiguos griegos, y no se encuentra ni en el Antiguo Testamento ni en el Nuevo Testamento.

¿De qué manera nuestra comprensión de la muerte nos ayuda a apreciar aún más la promesa de la Segunda Venida? ¿De qué manera esta creencia nos une poderosamente como Adventistas del Séptimo Día?

 

Ir ArribaViernes 23 de noviembre

Para Estudiar y Meditar:

Lee Elena de White, “Fundamentos, pilares e hitos”, El otro poder, pp. 28-32.
Como Adventistas del Séptimo Día, compartimos creencias importantes en común con otras organizaciones cristianas. La creencia fundamental, por supuesto, es la de la salvación solo por la fe mediante la muerte expiatoria y suprema de Jesús. Junto con otros cristianos, creemos que nuestra justicia no se halla en las obras, sino en la justicia de Cristo, que nos es imputada por la fe, un don inmerecido de la gracia. O, como escribió Elena de White: “Cristo fue tratado como nosotros merecemos, para que nosotros pudiésemos ser tratados como él merece. Fue condenado por causa de nuestros pecados, en los que no había participado, con el fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por medio de su justicia, en la cual no habíamos participado. Él sufrió́ la muerte que era nuestra, para que pudiésemos recibir la vida que era suya” (DTG 16, 17). Al mismo tiempo, en conjunto, nuestras creencias fundamentales, y nuestras costumbres y el estilo de vida que surgen de esas creencias, nos hacen únicos entre el mundo cristiano. Así es como debería ser; si no, ¿para qué existir, al menos como Adventistas del Séptimo Día? Nuestro amor por Jesús y las enseñanzas que proclamamos deberían ser el factor de unión más poderoso entre nosotros.

Preguntas para Dialogar:

  1. En Fe y obras, página 107, Elena de White equipara la justificación con el perdón de los pecados. El hecho de apreciar el perdón y la justificación en Cristo, ¿en qué medida se convierte en el fundamento de nuestra comunión y camaradería con nuestros hermanos?

  2. Medita en cuán importantes son nuestras doctrinas en el contexto de la unidad de la iglesia. Es decir, ¿qué ha unido a millones de personas de tan diversos orígenes étnicos, religiosos, políticos y culturales más que las creencias doctrinales que compartimos? ¿Qué nos dice esto sobre cuán importante es la doctrina, no solo en el contexto de la misión y el mensaje sino también para la unidad de la iglesia?

  3. Nuestro nombre “Adventista del Séptimo Día” resalta dos enseñanzas fundamentales: el sábado y el Segundo Advenimiento. Una parte de nuestro nombre señala a la Redención; la otra, a la Creación. ¿Cómo se relacionan estas dos enseñanzas, y de qué manera captan tan sucintamente la esencia de quiénes somos como pueblo?

Resumen: Los Adventistas del Séptimo Día comparten muchas creencias fundamentales. Algunas de ellas las compartimos con otros cristianos; otras, no. Tomadas en conjunto, estas enseñanzas forman nuestra identidad como una iglesia distinta y son el fundamento de nuestra unidad en Jesús.

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