Control de la natalidad: Declaración de Consenso Adventista

Octubre de 1999.

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“Control de la Natalidad: Declaración de Consenso Adventista.”

La tecnología científica actual permite un control mayor de la fertilidad y reproducción humanas, de lo que antes era posible. Esta tecnología hace posible la relación sexual disminuyendo en gran medida la expectativa de embarazo y nacimiento de bebés. Las parejas cristianas casadas poseen un potencial de control de la fertilidad que ha dado lugar a muchas preguntas con sus amplias implicaciones religiosas, médicas, sociales y políticas. Hay oportunidades y beneficios como resultado de las nuevas medidas, así como también desafíos e inconvenientes. Deben tomarse en consideración varias cuestiones morales. Los cristianos, quienes finalmente deben tomar su propia decisión personal con respecto a este asunto, deben recibir información a fin de que puedan tomar decisiones sabias basadas en principios bíblicos.

Entre los puntos que deben considerarse se encuentra la interrogante con respecto a lo apropiado de la intervención del hombre en el proceso biológico natural de la reproducción humana. Si es apropiada alguna medida de intervención, entonces deben considerarse otras cuestiones adicionales con respecto al qué, cuándo y cómo. Otras preocupaciones relacionadas con lo anterior, incluyen:

  • Probable incremento de inmoralidad sexual que la disponibilidad y uso de los métodos de control de la natalidad podría promover.

  • Consecuencias relacionadas con el dominio de un género, en relación con privilegios y prerrogativas sexuales tanto de hombres como de mujeres.

  • Consecuencias sociales, incluyendo el derecho de una sociedad a usurpar la libertad personal en beneficio de toda la sociedad y la carga del apoyo económico y educacional en favor de quienes están en desventaja.

  • Consecuencias en el área de la mayordomía en relación con el crecimiento de la población y el uso de los recursos naturales.

Debe enunciarse una declaración de consideraciones morales dentro del amplio marco de las enseñanzas bíblicas con respecto a sexualidad, matrimonio, paternidad y el valor de los hijos, además de una comprensión clara de la interconexión de tales elementos. Teniendo en cuenta la diversidad de opinión dentro de la Iglesia, se establecen los siguientes principios bíblicos para educar y servir de guía en la toma de decisiones.

  1. Mayordomía responsable. Dios creó al ser humano a su propia imagen, varón y hembra, con la capacidad de pensar y tomar decisiones (Isaías 1:18; Josué 24:15; Deuteronomio 30:15-20). Dios le dio a los seres humanos dominio sobre la tierra (Génesis 1:26, 28). Este dominio requería la supervisión y el cuidado de la naturaleza. La mayordomía cristiana requiere también la toma de responsabilidades en relación con la procreación humana. La sexualidad, como uno de los aspectos de la naturaleza humana sobre el cual la persona ejerce mayordomía, debe expresarse en armonía con la voluntad de Dios (Éxodo 20:14; Génesis 39:9; Levítico 20:10-21; 1 Corintios 6: 12-20).

  2. Propósito procreador. La perpetuación de la familia humana es uno de los propósitos de Dios para la sexualidad humana (Génesis 1:28). Aun cuando se pueda inferir que la intención de la relación matrimonial sea para generar progenie, las Escrituras nunca presentan la procreación como una obligación de cada pareja a fin de agradar a Dios. Sin embargo, la revelación divina le da un gran valor a los hijos y expresa el gozo que se encuentra en la paternidad (Mateo 19:14; Salmo 127:3). El procrear y criar a los hijos les ayuda a los padres a comprender a Dios y a desarrollar compasión, espíritu de servicio, humildad y abnegación (Salmo 103:13; Lucas 11:13).

  3. Propósito unificador. En el matrimonio, la sexualidad cumple una función de unificación, ordenada por Dios y distinguible del propósito procreador (Génesis 2:24). El propósito de la relación sexual en el matrimonio incluye gozo, placer y deleite (Eclesiastés 9:9; Proverbio 5:18,19; Cantares 4:16-5:1). La intención de Dios es que las parejas puedan tener comunión sexual habitual aparte del propósito procreador (1 Corintios 7:3-5) y una comunión que forje fuertes vínculos y proteja al cónyuge de una relación inapropiada con alguien aparte de su pareja (Proverbio 5:15,20). Dentro del diseño divino, la intimidad sexual no tiene el solo propósito de la concepción. Las Escrituras no prohíben a las parejas casadas disfrutar de los deleites de las relaciones conyugales mientras se toman medidas para prevenir un embarazo.

  4. Libertad de elección. En la creación y nuevamente a través de la redención de Cristo, Dios le ha dado a los seres humanos la libertad de elección y les pide que usen esa libertad en forma responsable (Gálatas 5:1,13). En el plan divino, el esposo y la esposa constituyen una unidad familiar peculiar, en la que ambos tienen la libertad y la responsabilidad de participar al tomar determinaciones en relación con su familia (Génesis. 2:24). Las parejas matrimoniales deben prestarse consideración mutua al tomar decisiones con respecto al control de la natalidad y estar dispuestas a considerar las necesidades del cónyuge, así como la propia (Filipenses 2:4). Para aquellos que desean tener hijos, la elección procreadora no es ilimitada. Hay varios factores que deben contribuir a la decisión, incluyendo la habilidad de proveer para las necesidades de los hijos (1Timoteo 5:8); la salud física, emocional y espiritual de la madre y de otros que cuidan de los hijos (3 Juan 2; 1 Corintios 6:19; Filipenses 2:4; Efesios 5:25); las circunstancias sociales y políticas en las que nacen los hijos (Mateo 24:19); la calidad de vida y los recursos globales disponibles. Somos mayordomos de la creación de Dios y por lo tanto debemos mirar más allá de nuestra propia felicidad y deseos y tomar en cuenta las necesidades de los demás (Filipenses 2:4).

  5. Métodos apropiados de control de la natalidad. La decisión moral acerca de la elección y el uso de varios agentes de control de la natalidad parte de una comprensión de sus probables efectos en la salud física y emocional, la manera en que operan los diferentes agentes y el gasto financiero implicado. Una variedad de métodos de control de la natalidad incluyendo métodos de bloqueo, espermicidas y esterilización, evitan la concepción y son moralmente aceptables. Algunos otros métodos de control de la natalidad [algunos ejemplos actuales de esos métodos incluyen los dispositivos intrauterinos (DIU), píldoras hormonales (incluyendo la "píldora de la mañana después"), inyecciones o implantes. Las preguntas con respecto a esos métodos deben ser dirigidas a un médico profesional] podrían evitar la liberación del óvulo (ovulación), podrían evitar la unión del óvulo con el espermatozoide (fertilización) o podrían evitar la fijación del óvulo ya fertilizado (implantación). Dada la inseguridad con respecto a la forma como funcionarían en determinado caso, las personas que creen que la vida humana sujeta a protección comienza con la fertilización, podrían tener recelos morales. Sin embargo, siendo que la mayoría de los óvulos fertilizados fallan generalmente en implantarse o se pierden después de la implantación, aun cuando no se usen métodos de control de natalidad, los métodos hormonales de control de natalidad y los métodos DIU, que representan un proceso similar, pueden considerarse moralmente aceptables. El aborto, la terminación intencional de un embarazo establecido, no es moralmente aceptable para propósitos de control de la natalidad.

  6. Uso inadecuado de control de natalidad. Aun cuando el aumento de la habilidad para controlar la fertilidad y proteger contra las enfermedades trasmitidas sexualmente, sea útil para muchos matrimonios, el control de la natalidad puede usarse indebidamente. Por ejemplo, aquellas personas que sostendrían relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio, podrían más fácilmente permitirse tales actividades por la disponibilidad de métodos de control de natalidad. El uso de tales métodos para proteger las relaciones sexuales fuera del matrimonio puede tal vez reducir los riesgos de contraer enfermedades transmitidas sexualmente, o bien proteger del embarazo. Sin embargo, las relaciones sexuales fuera del matrimonio son tanto peligrosas como inmorales, independientemente de que tales riesgos disminuyan o no.

  7. Un enfoque redentor. La disponibilidad de métodos de control de la natalidad hacen de la educación acerca de la sexualidad y la moralidad, un imperativo. Debe dedicarse menos esfuerzo en condenar y más en enfoques educativos y redentores a fin de permitirle a cada individuo ser persuadido por los insondables móviles del Espíritu Santo.

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