Niño adventista cubano recupera milagrosamente sus dedos perdidos en accidente doméstico

17 oct 2015. Camagüey, Cuba [Roberto Soler Parker]

El niño adventista cubano Alexander Williams Cardoso Sastre de seis años, vecino de la localidad camagüeyana Las Margaritas, recuperó, en un auténtico milagro, la tercera falange del tercer y cuarto dedos de su mano izquierda, luego de haberlas perdido por completo tras el desprendimiento de un marco de ventana prefabricada, el pasado sábado 8  de agosto.

Williams Alexander Cardoso y Yuliet Sastre Ávila, padres del menor, informan que los hechos ocurrieron cerca de la una de la tarde, a su regreso del culto celebrado en la iglesia adventista, perteneciente al consejo popular La Libertad, del municipio Florida, Camagüey. El marco de la ventana cayó sobre la mano izquierda del pequeño Alexander, extirpándole de forma inmediata y completa, las falanges distales de sus tercero y cuarto dedos. Luego de haber recibido las primeras atenciones en el hospital pediátrico de Florida y esperar varias horas por el arribo de una ambulancia, Alexander fue enviado en calidad de caso urgente al hospital pediátrico de la provincia de Camagüey. El cirujano ortopédico que le recibió, así como el cuerpo médico asistente, declararon la necesidad de la amputación como medida preventiva ante una posible aparición y avance futuro de la gangrena y frente a la imposibilidad real de recuperación de la zona perdida.

Los especialistas destacaron que el tratamiento más adecuado a seguir era, no solo la amputación, sino que esta debía realizarse a partir de la falange media o segunda falange, a fin de evitar cualquier riesgo posterior. Debido a la presencia de la diabetes en varios de los familiares cercanos al niño, la posibilidad de reacción adversa en su organismo podía suceder en cualquier momento. Durante los primeros diez días de cuidados especiales en la sala de cirugía, se hicieron preparativos para la intervención quirúrgica. En cuatro ocasiones el pequeño Alexander entró en el salón de operaciones, pero tal como declara la madre: «allí dentro siempre había un médico que decía que aún el pequeño no se encontraba aceptable para ninguna operación. Ellos ignoraban –continúa la madre– que esos deditos les fueran a salir nuevamente, mientras que el niño seguía orando, día tras día, su singular oración: “Jesús, ponme mis uñitas”».

Poco tiempo después de haber comenzado a elevar aquellas sencillas pero fervorosas oraciones y de testificar a doctores y enfermeras que Jesús le devolvería sus uñas, la recuperación no se hizo esperar.  Los dedos empezaron a retornar a su estado de salud óptima. El tejido comenzó a desarrollarse de manera paulatina, pero rápida. Ante el asombro, el cuerpo médico retiró los medicamentos. Estaba teniendo lugar una regeneración completa de toda la sección perdida frente a los ojos incrédulos de aquellos que habían declarado que tales casos eran imposibles. A pesar de la reacción positiva, el hospital no descartó  nunca la posibilidad de la amputación si la situación empeoraba. Pero el avance, fue completo.

Por todo un mes Alexander y sus padres estuvieron asistiendo a la capital de la provincia camagüeyana para cumplir con el tratamiento. En frecuencias ininterrumpidas de lunes y jueves, el doctor y sus asistentes veían el progreso. Le llamaban “El niño de la ventana”. Poco a poco fueron quedando solo para las consultas de los jueves las posibilidades de la cirugía, y finalmente desaparecieron.

Ante los hechos, la madre declara: «los doctores, viendo la recuperación de sus dedos, no creían que esto estaba sucediendo […] y se veía la mano de Dios obrando. Los médicos pensaban que el huesito que quedaba sobrante había que rebajarlo y, de paso, picarían la segunda falange. Pero esto no sucedió porque no estaba en los planes de Dios. Aún los médicos se preguntaban cuán rápido estaba evolucionando el niño, aún sin medicamentos».

A su vez, la declaración del cirujano a cargo hizo énfasis en que la evolución de la parte cortada era muy acelerada, hasta el punto de reproducirse la parte perdida, incluyendo las uñas. Luego de los análisis correspondientes y de la demostración contundente de que el hecho era verdadero, los médicos, se dieron por vencidos. Había triunfado la fe.

Al amanecer del lunes 21 de septiembre, poco más de un mes y medio luego del accidente, el doctor encargado hizo una última declaración ante los padres: «No puedo explicar lo que ocurre… evidentemente no son los medicamentos los que han acelerado el proceso de crecimiento de la carne ni la restauración completa de los dedos. Estas medicinas fueron creadas para causar un efecto menor y a más largo plazo. Y es que el tejido ha crecido mejor sin medicamentos. Llévense al niño a su casa, y cuando termine el proceso, me lo traen, para comprobar el hecho.»

De modo que así, con alta médica parcial, el jovencito Alexander regresa hoy junto a sus amigos de estudio en el segundo grado de la escuela Carlos J. Finlay del poblado Las Margaritas, como un vivo ejemplo de que Dios contesta las oraciones de sus hijos, incluso de los más pequeños. A partir de ahora las manos de Alexander, aquel a quien los médicos escépticos bien llamaran “El niño de la ventana”, serán la demostración constante de que para Cristo, no hay imposibles.

 

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