El anillo y el cuervo

El autor(a) Yoenia Broche Velásquez.

Categoría: Programas para los Jóvenes

Propósito: Enseñar a la iglesia la manera en que Dios obra cuando los seres humanos se ponen en sus manos.

PRIMERA ESCENA

(Aparece en la sala de la casa una mamá con dos niños, uno de brazo y uno más mayor, una casa pobre).

Mirian: Mamá tengo hambre.

Mamá: Hay Hijita mía, el pan que queda es para el almuerzo, no gano dinero, por eso  no puedes comértelo ahora.

Mirian: Y ¿por qué no tenemos pan?

Mamá: Tu padre se ha quedado sin trabajo y hace muchos días que no gana dinero, por eso no podemos comprar harina para hacer pan.

Mirian: Y qué vamos a hacer, tengo hambre.

Mamá: No sé hija…no sé… Vamos a ver a tu hermanito. (Salen).

 

SEGUNDA ESCENA

(Entra Roberto su hijo mayor, aproximadamente de 6 a 7 años).

Robertico: Papá cuéntame algo de tu abuelito.

Roberto: Hay hijo mío él era un hombre muy bueno y creía mucho en Dios, por eso, pasaba gran rato todos los días leyendo el libro negro que estaba en su baúl, él lo llamaba “Libro de Dios”.

Robertico: A mí me habría gustado conocerlo.

Roberto: Él fue el que trajo el cuervo y lo crió desde pequeño.

Robertico: ¿Y dónde lo compró?

Roberto: No hijo el no lo compró se lo halló en la montaña un día de lluvia cuando era un pichoncito y no podía volar. Él lo trajo y le dio comida hasta que fue grande. Más nunca el cuervo se ha marchado del hogar.

Robertico: ¿Qué lindo es papá? Esta mañana lo vi cuando salió a pasear por los árboles del lado del río.  (Entra la mamá).

 

TERCERA ESCENA

Mamá: Robertico ¿por qué no vas a jugar con tu hermana?

Robertico: Está bien mamá.

Roberto: ¿Qué te pasa querida? Te veo preocupada.

Mamá: Hay Roberto, esta mañana estuvo aquí el dueño de la casa.

Roberto: ¡El dueño de la casa! y ¿qué te dijo…?

Mamá: Está de lo más bravo porque no le hemos pagado el alquiler hasta me amenazó por sacarnos a la fuerza si entre dos días no le pagamos.

Roberto: Ya hoy recorrí todos los establecimientos comerciales para ver si hallaba trabajo y fue por gusto, yo no sé qué hacer…

Mamá: Los niños están hambrientos y no sé que darle de comida ahorita Mirian me pidió y no pude darle nada.

Roberto: Ya hemos vendido casi todas nuestras pertenencias, ya me he quedado sin ropas por tal de conseguir algún dinero para que los niños coman.

Mamá: Pero ya no podemos vender nada más…

Roberto: Y para más ahora el alquiler de la casa.

Mamá: El hombre dijo que vendría a verte, tienes que tratar de convencer a ese hombre para que nos deje aquí, por lo menos hasta que termine el invierno.

(Tocan fuertemente a la puerta. Ella abraza al esposo mientras le dice:)

Mamá: Ahí está seguramente

Roberto: ¿Quién es?

Dueño: Es el dueño de la casa abran la puerta.

Roberto: Pase usted señor (el pasa) siéntese.

Dueño: No gracias estoy apurado ¿Dígame  Roberto cuando piensa usted pagarme el alquiler, o es que piensa quedarse con la casa?

Roberto: No señor permítame explicarle, es que me he quedado sin trabajo y…

Dueño: Pero es que si todos mis clientes fueran como usted. Yo me moriría de hambre.

Mamá: Hay señor tenga un poco de paciencia.

Dueño: Con  usted yo  no tengo nada que hablar, su esposo me alquiló la casa y me tiene que pagar.

Roberto: Mire señor yo no soy ningún delincuente, ni tampoco pienso quedarme con el dinero del alquiler, solo que me he quedado sin trabajo. No tengo dinero ni para comprar un pedazo de pan para mis hijos, ojalá que usted  nunca vea a sus hijos hambrientos y no tener con que mitigarles el hambre.

Dueño: Te voy a dar una oportunidad… Una sola… dentro de tres días,  volveré si no tienes el dinero, buscaré unos hombres que te saquen a la fuerza de mi casa (sale rápido).

(Sigue conversando el matrimonio)

Mamá: Hay Roberto ¿Qué haremos?

Roberto: No tengo la menor idea. Nunca en la historia de mi familia había pasado algo semejante. Siempre en mi casa hubo comida y la ropa siempre fue buena.

Mamá: Pero tu padre era un hombre de fe.

Roberto: Querida por favor  busca el libro de mi padre quizás pueda encontrar algo que pueda ayudarnos (ella busca el libro y lee en Juan 16:22-24). Pudiéramos orar a Dios… Pero yo no sé orar.

Mamá: Roberto ahora recuerdo que el abuelo enseñó a Robertico a orar.

Roberto: Llama al niño enseguida. Vamos a orar es lo único que podemos hacer (la madre llama al niño).

Roberto: (Roberto toma al niño  por los hombros él esta sentado y el niño parado  delante de él). Hijo mío tenemos una necesidad muy grande, pues yo no tengo dinero, ni la forma de buscarlo, por lo tanto tampoco tenemos comida y pronto no tendremos casa. Sé que mi padre antes de morir te enseñó a orar. Por favor, hijo mío, haz memoria y recuerda como mi padre te enseñó, y pídale a Dios que resuelva nuestro problema. Después que tú ores, yo también trataré de hablar con Dios.

Robertico: Sí papá, pero antes, vamos a arrodillarnos: “Jesús, tú que eres amigo de las personas buenas, te pido que bendigas a mi papito y le des una forma para ganar el dinero que nos hace falta, para comprar la comida de papá, mamá, mis hermanitos y yo, porque tengo mucha hambre, en el nombre de Jesús. Amén”.

Roberto: Oh Dios de mi padre, aunque yo ni siquiera te conozco te pido que me escuches, por favor los niños están hambrientos, estamos a punto de ser echados del hogar, no mires el descuido mío de no buscarte, mira la necesidad de los niños, por favor Dios respóndeme de alguna manera. Amén.

(Entra la madre apresurada).

Mirian: ¡Mamá, mamita!

Mamá: ¿Qué pasó niña, se despertó tu hermanito?

Mirian: No mamá, el cuervo, el cuervo mamá.

Mamá: ¿Qué pasó con el cuervo?

Mirian: Mira mamá lo que trajo el cuervo.

Mamá: ¡Oh, es… es un anillo! Y parece ser de oro puro.

Roberto: A ver… cierto es un anillo precioso… y dices hija que lo trajo el cuervo.

Mirian: Sí papá lo traía en el pico, se sentó en mi hombro como suele ser y me lo depositó en la mano.

Mamá: ¡Roberto! Dios nos ha contestado, ahora podemos vender el anillo y con el dinero que nos den por él creo que nos alcanzará para pagar el atraso del alquiler y también ropa y zapato para…

Roberto: Sí querida, pero recuerda que todavía no sabemos el origen de ese anillo.

Mamá: Pero Roberto, ¿no acabas de pedirle a Dios que te diera el dinero que te hacía falta?

Roberto: Eso es cierto, pero también es cierto que ese anillo no es mío, además se ve que es un anillo muy costoso.

Mamá: Roberto recuerda que nos estamos muriendo de hambre y que estamos a punto sin quedarnos sin hogar, si no te has robado nada, el cuervo te lo trajo y estoy segura que fue enviado por Dios.

Roberto: Déjame pensar, esta es una situación embarazosa y realmente, por favor, querida déjame solo. (Ellos salen) ¿Qué hacer? Tal parece Dios contestó mi oración, pues si me contestó la primera oración; también me contestará una segunda oración. (Ora en voz alta con los ojos puesto al cielo): “Dios mío ahora que me has dado lo que te he pedido, muéstrame qué debo hacer con él, si es de alguien en particular ayúdame a encontrarlo para poder devolverlo. Amén”.

Rebeca, voy a la ciudad, para ver si consigo vender el anillo y traeré el dinero en cuanto antes. Fíjate bien no le abras la puerta a nadie, trataré de estar mañana de vuelta. Hijitos míos, espérenme aquí con mamá, yo volveré enseguida, cuiden de su hermanito menor y tú Robertico ora a Dios por mí.

Mamá: Apúrate Roberto, ya en la despensa no hay comida y pasado mañana vienen a sacarnos de la casa.

Roberto: Sí querida lo sé…lo sé… (Se despiden).

Música Especial...

 

CUARTA ESCENA

Vendedor: ¿Qué desea usted? Me ha echado a perder la venta.

Roberto: Es que tengo un buen negocio para usted.

Vendedor: ¿De qué se trata?

Roberto: Quisiera vender este anillo.

Vendedor: Márchese inmediatamente de este lugar, yo no comercio con ladrones, eres demasiado miserable para tener una joya en tus manos.

Roberto: Pero mire señor yo…

Vendedor: Fuera, fuera o busco a los guardias.

Roberto: (Sale apresurado y se encuentra con un joyero) Señor, señor, es usted joyero verdad.

Joyero: Sí ¿qué desea?

Roberto: Alguien me regaló este anillo y quiero venderlo, tal vez a usted le convenga.

Joyero: No creo que alguien pueda regalar una joya semejante, esa es una mentira que nadie te va a creer. Toma yo no quiero problemas con la justicia.

Roberto: Señor créame que ese anillo es un regalo, yo soy un hombre humilde.

Joyero: Yo no comercio con pordioseros y menos de tu calaña, vete a engañar a otro.

Roberto: (Se encuentra con dos mujeres) Oiga señoras no le interesa comprar un anillo.

Una de ellas dice: Mis joyas las compro en la joyería de la capital…

Roberto: Es un anillo bueno.

La señora dice: Yo no lo compro a vendedores ambulantes, casi siempre lo que venden es robado, jum… un comerciante con cara de limosnero, vaya a saber de donde se robó eso.

(Aparece Roberto solo y aparece caminando por el pasillo, despacio como preocupado).

Roberto: ¿Qué hacer? No puedo regresar con las manos vacías, mis hijos deben estar hambrientos y Rebeca debe estar desesperada. (Sale).

 

QUINTA ESCENA

(Aparece la madre e hijos).

Mirian: ¿Qué te pasa mamá?

Mamá: Nada hija, estoy pensando en tu padre. No llega y el dueño de la casa viene hoy a buscar el dinero.

Robertico: No te preocupes mamita yo le pedí a Jesús que lo cuidara a él y a nosotros.

Mamá: Ojalá hijo, pero lo que más me preocupa es ese hombre que en cualquier momento llega para sacarnos de la casa.

 

SEXTA ESCENA

NARRADOR: Roberto se encuentra extenuado, hambriento, llevaba 48 horas de viaje y necesitaba dinero para salir del empeño y las necesidades de su hogar.

Roberto: ¿Dónde ir? ¿Dónde ir? (Se oyen las campanas de la iglesia) Una iglesia, ¿Dónde hay una iglesia?, debe haber un hombre de Dios, voy a conversar con él.

(Abre un pastor)

Roberto: Buenas señor, ¿puedo pasar?

Pastor: Sí pase usted ¿qué se le ofrece?

Roberto: Señor estoy desesperado… llevo días de viaje… buscando la forma…

Pastor: Cálmese, por favor, veo que está usted débil, le daré comida, abrigo, pues hace mucho frío allá afuera para andar así. Pero cuénteme cuál es su problema.

Roberto: Mire hace dos o tres meses que me quedé sin trabajo y sucedió que…

Narrador: Roberto le contó todo lo sucedido en su hogar y el hallazgo del anillo que el cuervo le había traído hasta la casa.

Pastor: ¡Un cuervo! Es algo maravilloso.

Roberto: Si un cuervo que mi difunto padre crió desde chiquito.

Pastor: Bien Roberto enséñeme el anillo quizás pudiera ayudarle.

Roberto: Aquí está el señor.

Pastor: ¡El anillo del rey, sí el anillo del rey!

Roberto: ¿Cómo dice? El anillo del rey, Dios mío estoy perdido.

Pastor: Sí, estoy seguro que es el anillo del rey. Pero no se preocupe usted… mire usted vaya al palacio y dígale que tiene algo importante que decirle al rey y que quiere verlo personalmente, y no le de el anillo a nadie que no sea el rey. ¡Claro!

Roberto: ¿Y usted cree que el rey me creerá?

Pastor: Sí, explícaselo punto por punto como me lo hizo a mí y ya verá. Tome use este dinero en el viaje. Varsovia queda distante de aquí.

Roberto: Gracias señor, no sabe cuánto le agradezco.

Pastor: No tiene nada que agradecerme, oremos para que el Señor le ayude en el viaje.

 

SÉPTIMA ESCENA

Música Especial.

Roberto: (Aparece con dos guardias), me hace falta hablar con el rey, tengo algo que comunicarle.

Guarda: Dudo que un pordiosero como tú tenga algo que comunicarle al rey.

Roberto: Señor, complázcame es algo muy importante, el rey se pondrá muy contento con la noticia.

Guarda: (Le dice al otro guarda). Búscame a mi jefe de inmediato. (Entra el capitán).

Capitán: Capitán de la guarda al servicio del rey, ¿qué se le ofrece?

Roberto: Tengo una noticia importante que darle al rey, es algo de suma, de suma importancia. Debo verlo cuanto antes.

Capitán: ¿Qué locura habla? Cómo crees que podrás ver el rostro del rey con esa facha en que andas. Dime lo que es y yo se lo diré.

Roberto: No puedo es algo importante que no puedo decirle a otra persona.

Capitán: Pues vete por donde viniste, otra cosa no puedo hacer.

Roberto: Mire… yo traigo una noticia acerca del anillo real que está en mi poder, pero solo se lo entregaré al rey.

Capitán: Así que eres el hombre que tanto he buscado, soldados llévenlo a la cárcel y no le den comida hasta que no nos diga dónde está el anillo.

Roberto: Pero señor, yo... no, yo no...

 

OCTAVA ESCENA

Mamá: ¿Dónde estará Roberto? ¿Qué le estará pasando?… (Tocan a la puerta) Hay Dios seguramente es ese hombre.

Dueño: Abra la puerta o la echaré abajo.

Mamá: ¿Qué hago si no abro? Romperá la puerta.

Dueño: Vamos abra la puerta.

Mamá: ¿Qué desea señor?

Dueño: ¿Dónde está su esposo?

Mamá: Fue al pueblo a buscar el dinero y no ha regresado todavía.

Dueño: Y ese pájaro, ¿qué es ese pájaro que ha salido volando cuando llegamos?

Mamá: Es un cuervo señor.

Dueño: ¡Un cuervo! Mire señora dígale a su esposo que vengo mañana, esos pájaros auguran malos presagios.

 

NOVENA ESCENA

Capitán: Vamos. ¿Dónde está el anillo?

Roberto: No le diré si no me llevan al rey.

Soldado: Capitán el rey ha mandado a buscar a ese hombre.

Capitán: ¿Cómo se enteró el rey que tenemos a ese aquí? Creo que ahora si la va a pasar mal. Soldado llévelo donde está el rey.

(Aparecen dos guardas que cierran el paso, entra el rey, el soldado y el pastor).

 

DÉCIMA ESCENA

Capitán: Déjenlo pasar…

Roberto: (Se inclina ante el rey).

Rey: Levántese Roberto.

Roberto: ¿Usted aquí?

Pastor: Sí, Roberto me imaginé que estabas en problemas, demorabas tanto en regresar que decidí venir a ayudarte.

Rey: Roberto, hombres como tú merecen la honra, hombres como tú no deben ser pobres.

Roberto: Mire su majestad, aquí está lo que es suyo.

Rey: Ya no serás más pobre, serás un súbdito de mi reino y recibirás la honra que merecen los hombres humildes y honrados como tú. ¡Guardias!

Capitán: Capitán de la guarda al servicio del rey.

Rey: Lleve este hombre a nuestros almacenes y dale todo lo que necesita y asegúrase de que no le falte nada antes que el invierno termine.

Capitán: Pero por qué él su majestad, él fue el que robó.

Rey: Límitese a cumplir las órdenes y no pida explicaciones, para eso estoy yo, además, póngale una guardia para que lo protejan y le ayuden a llevar la mercancía. Roberto después que haya recogido todo venga a verme.

 

ONCENA ESCENA

(Aparece la mamá con sus hijos y Roberto llega elegantemente vestido).

Mamá: (Está sentada con sus hijos y tocan a la puerta). Será ese hombre otra vez.

Roberto: ¡Querida ya estoy aquí!

Mamá: Pero, Roberto, y esas cosas tan lindas y esas ropas que traes. ¿Qué ha sucedido?

Roberto: Es una historia larga querida, que lleva rato contarla, y trabajo creerla, pero hay una realidad, estoy convencido que Dios nos escuchó y contestó nuestra oración, ya no seremos pobres, Dios ha querido darnos su bendición y cuando termine el invierno iremos a vivir a Varsovia, y allá tendremos una casa que nadie nos podrá quitar, los niños tendrán comida, ropas y juguetes.

Robertico: ¿Y una casita para el cuervo?

Roberto: Claro que sí hijo, todo eso lo tendremos con seguridad y es porque Jesús nos lo ha dado. Hoy se cumple en nosotros las palabras bíblicas que dicen: “No he visto justo desamparado ni su simiente que mendigue pan”. Dios te oyó a ti Robertico cuando oraste y mira lo que me dieron para ti allá en Varsovia. (Saca juguetes para los niños y ropa para su esposa que trae en su maleta. Todos salen contento y sonrientes).

Música Especial

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