Eva

El autor(a) Pastor Marcelo Solis, Graduado en la Universidad de Costa Rica.

Categoría: Sermones y Bosquejos

Introducción

Desde muy niña ya traía la inclinación maternal. Jugaba con sus muñecas y peluches y casi siempre los abrazaba y les hablaba como una madre a sus hijitos.

Ahora que es madre de verdad sigue tomando entre sus brazos a su pequeño y le sigue hablando, cantando y relatando historias. Pero esta vez es muy diferente, porque el pequeñito de sus brazos se mueve, llora, ríe y responde a todos los estímulos. Es un niño de verdad. Ella debe tener paciencia para criar a su hijo y sabiduría para enseñarle el camino verdadero. Necesita paciencia y mucho amor. Pero con todo eso, ella está feliz porque es una madre de verdad.

Esta puede ser la historia de cualquier madre, quizá la de la mía o la de la suya. O la de aquella joven madre que está gozosa con su bebé entre sus brazos. Tienen todas las madres una noble tarea. Diré, la más importante de todas.

Eva

Su nombre es dulce y significativo. Se lo puso su propio esposo. Adán era experto en poner nombres, ya les había puesto nombre a todos los animales, pero a ninguno lo llamó como llamó a su esposa: Eva. Y la Biblia describe la razón: “Y Adán llamó a su esposa "Eva", porque ella sería la madre de todos los vivientes” (Génesis 3:20).

Eva sabía eso. Adán se lo dijo. Dios se los había mandado. Ella sería la madre de todos los seres humanos. ¡Qué madre! ¡La madre de todos!

Querida amiga, si usted está pensando en ser madre sus planes son buenos. Es un privilegio serlo, pero debe recordar que el papel de una madre es muy importante en la vida de sus hijos y, por qué no decirlo, también en la vida de su esposo.

Lo que implica ser madre

En primer lugar, mencionemos que ser madre tiene sus buenas y desafiantes implicaciones. Aunque éstas para Eva no eran desafíos, sino privilegios, y lo mismo debe ser para cada mujer.

Ser madre implica:

1. En primer lugar, ser una buena esposa. Porque para llegar a ser una buena madre, se tiene que ser una buena esposa primero. Si la mujer no aprende esto, le será difícil controlar sus emociones y su sensibilidad para con el resto de su familia que va a nacer. Eva era la pareja ideal para Adán. Dios mismo la creó para él. Él era para ella, y ella para él. Sería su ayuda idónea. Su compañía en todo tiempo, su apoyo y, sobre todo, la madre de sus hijos. Adán tendría que amarla inmensamente, era su princesa, era lo más hermoso que habían visto sus ojos entre la creación de Dios. Con seguridad, Eva igualmente debió estar tiernamente enamorada de su esposo, siempre sujeta a él, cumpliendo su función de ayuda idónea, cumpliendo su función de mujer y esposa.

El Espíritu de profecía nos declara: Eva fue creada de una costilla tomada del costado de Adán; este hecho significa que ella no debía dominarle como cabeza, ni tampoco debía ser humillada y hollada bajo sus plantas como un ser inferior, sino que más bien debía estar a su lado como su igual, para ser amada y protegida por él. Siendo parte del hombre, hueso de sus huesos y carne de su carne, era ella su segundo yo; quedaba en evidencia la unión íntima y afectuosa que debía existir en esta relación. "Porque ninguno aborreció jamás a su propia carne, antes la sustenta y cuida". "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Efesios 5: 29; Génesis 2: 24) (Patriarcas y Profetas, páginas 35- 38).

Sin embargo, Eva, como esposa, quien debía estar sujeta siempre a su marido y no separarse de él, cierto día, decidió dar un paseo sola por el huerto del Edén. Fue motivada por la curiosidad, y en su ingenuidad se dejó cegar por la tentación del enemigo, hasta que “la serpiente antigua” “con su astucia” la engañó.

“Los ángeles habían prevenido a Eva que tuviese cuidado no separarse de su esposo mientras éste estaba ocupado en su trabajo cotidiano en el huerto; estando con él correría menos peligro de caer en tentación que estando sola. Pero distraída en sus agradables labores, inconscientemente se alejó del lado de su esposo… Muy pronto se encontró extasiada, mirando con curiosidad y admiración el árbol prohibido. El fruto era bello, y se preguntaba por qué Dios se lo había vedado. Esa fue la oportunidad de Satanás. Como discerniendo sus pensamientos, se dirigió a ella diciendo: «¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?». . .” (Íd).

Hermanas queridas, procuren ser buenas esposas. No vivan separadas de sus cónyuges, apóyenlos en todas las cosas, que esto será para mutua edificación. Tampoco quiero decirles que deben apoyar el machismo, no, eso no es el propósito de Dios. No se separen de ellos. A Eva no le fue bien cuando se separó de su marido porque se encontró con el enemigo de las almas y la hizo caer en sus redes. En vuestra relación de pareja, nunca busquen una tercera persona, Dios los ha unido a ustedes en matrimonio y no a una tercera persona con ustedes. Otra persona, puede significar la serpiente. Huyan de la serpiente, que de ella se encarga Cristo para aplastarle la cabeza de una vez por todas.

2. Ser una buena hija.  Pero usted dirá, -“¿Qué tiene que ver eso con ser una buena madre?”-  ¡Mucho! Quizá Eva no tuvo el privilegio de tener una madre o un padre terrenal, quien le dijera a ella todas las cosas. Pero sí tenía a un Padre celestial, que a la vez era su Creador. Él la conocía completamente, y sabía los peligros que tenía esa joven pareja en el huerto del Edén. Por eso, “mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16,17). Eva sabía la instrucción. Conocía la orden del Padre, por eso le contestó a la serpiente: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis” (Génesis 3:2-3). Pero, desgraciadamente, decidió escuchar el mal consejo de Satanás, y dudar de las palabras de Dios.

Una buena hija siempre acata los consejos de sus padres no importando lo que los demás le digan. Aunque a veces parecieran ridículos esos consejos, son los mejores.

“Eva creyó realmente las palabras de Satanás, pero esta creencia no la salvó de la pena del pecado. No creyó en las palabras de Dios, y esto la condujo a su caída. En el juicio final, los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad” (Ibíd).

Amiga mía, no te dejes llevar por los malos consejos de personas ajenas a ti. Ellos no te aman, ni siquiera son tu familia. Sólo quieren verte mal.

Esa persona que te dice que debes abortar, está desubicada. Esa otra persona que te dice que fumes o bebas licores, está fuera de sí. O aquella otra persona que te dice que no es malo tener aventuras amorosas clandestinamente, sólo quiere destruir tu vida, tu familia y tu futuro. Quieren arruinar tu felicidad. No escuches la voz de la serpiente, porque aturde los oídos y embriaga la conciencia. Te digo estas cosas porque “temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” (2 Corintios 11:3).

Sobre este aspecto, Elena G. de White comenta lo siguiente:

“El tentador con frecuencia nos sugiere que la vida cristiana es una extorsión de deberes rigurosos; que es difícil estar continuamente en guardia, y que no hay necesidad de ser tan exigente.  Así fue como engañó y venció a Eva en el Edén, diciéndole que las órdenes de Dios eran arbitrarias e injustas... El propósito de Satanás es el mismo ahora y entonces. Desea engañarnos y arruinarnos. Debiéramos estudiar la vida de Cristo y procurar fomentar su espíritu y copiar su ejemplo; y mientras más nos volvamos como él, más claramente discerniremos las tentaciones de Satanás y con más éxito resistiremos su poder...” (A fin de Conocerle, 25 de Abril).

3. Reconocer el favor y la voluntad de Dios en sus hijos. “Adán conoció a su esposa Eva, que concibió y tuvo a Caín. Y dijo ella: «Con el favor del Eterno adquirí un varón»” (Génesis 4:1). Los hijos son regalo de Jehová. Usted debe estar agradecida por el niño que Dios le dio. Y reconocer que esa ha sido la voluntad del Señor. Se corre el peligro de discriminar a un pequeño cuando los progenitores querían una niña. O a la inversa. Sea lo que sea, niño o niña, esta ha sido la voluntad de Dios. Además, cuando un niño nace, es por pura misericordia de Dios. El nacimiento de un bebé en un hogar trae felicidad, y debería abrir el corazón en completa gratitud para con Dios.

Para mí es muy difícil pensar que Ariana y yo ya tenemos años de casados y aún no nos ha nacido ningún bebé. Miles de parejas en el mundo ansiamos un bebé. Mientras que millones de personas están inconformes por ese niño o esa niña que les va a nacer. Muchas madres regalan sin sensibilidad alguna a sus pequeños, otras los abortan quitándoles el derecho de nacer, y muchas los matan quitándoles el derecho de vivir. Otras los abandonan quitándoles el derecho de tener una madre o un padre. Y millones de personas los discriminan. ¡Qué dolor! ¡Qué tristeza me produce pensar en esto! Pero esta es la dura realidad de nuestro mundo.

Queridas madres de familia, quiero, por favor, que me escuchen esto: “¡Reconozcan el favor de Dios en sus hijos!”. Que sea el nombre de Dios glorificado. Y por supuesto, conduzcan a sus hijos a los brazos de Aquel por cuyo favor han nacido.

4. No subestimar los peligros que parecen insignificantes. Dios quiere que aprendamos a cuidarnos cada uno y que cuidemos a los pequeños para que no caigan en las trampas de Satanás. Ahora te puede parecer muy insignificante ese programa infantil de dibujos animados en el que pasa horas tu hijo viendo en la televisión. También te puede parecer insignificante que él coma a cada rato lo que se le antoja y complaces sus gustos a su desenfrenada voluntad. Esto alimenta el capricho y forma los malos hábitos de intemperancia desformando el carácter que debería fomentarse en los niños.

Quizá pienses en este momento que estoy exagerando, pero los peligros que parecen insignificantes, valga la expresión, son los más peligrosos.

Qué insignificante es un balde con agua. Pero los dos niños jugaban, la niñita de dos años y medio estaba muy distraída con el balde de agua, mientras sus padres estaban ocupados en otros asuntos, y no en el cuidado de su única bebé que jugaba con su primito de casi más de un añito de edad. El niñito lloraba, y señalaba el lugar, pero nadie le hacía caso. Él aún no podía hablar. ¡Qué trauma! Pero los grandes de la casa estaban demasiado ocupados en otros afanes y se olvidaron de la niña y del balde de agua. Hasta al cabo de varias horas, se escuchó el grito de desesperación y llanto de la tía que había encontrado a la niña de dos añitos y medio embrocada en el balde con agua. El balde sólo tenía la mitad de agua, pero ese poquito de agua terminó con la vida de esa pequeña. ¡Qué dolor! Los padres y sus tíos todavía no han logrado superar ese dolor y sentimiento de culpabilidad. Elena G. de White menciona que:

A Eva le pareció algo insignificante arrancar el fruto prohibido; éste era agradable a la vista y al paladar, y parecía deseable para alcanzar sabiduría. ¡Pero qué terribles fueron los resultados! No fue de poca importancia que ella perdiera su vinculación con Dios. Eso abrió las compuertas de la desventura para nuestro mundo. ¡Oh, cuánto mal puede acarrear un paso en falso! (Alza tus ojos, 18 de Enero).

Hermanas mías, no descuiden la tarea de velar por sus pequeños, ni por ustedes mismas y/o por vuestra familia. Esa es la voluntad de Dios. “Velad para que no entréis en tentaciones”. Y, por favor, no subestimen los peligros que parecen ser pequeños e insignificantes.

5. Sentirse orgullosa de ser mujer y de ser madre.  Existe un mal en nuestro tiempo. Un mal que ha hecho sangrar la parte más bella y más importante de la humanidad. Y se trata de la degradación de la mujer. El hombre con su machismo, y la mujer con su feminismo, esto no es bueno.

El movimiento de liberación femenina ha jurado emancipar a la mujer. Ha jurado garantizarle los derechos que se le han negado históricamente. Quiere que la mujer tenga igualdad con el hombre. Sin embargo, también el movimiento feminista entraña un serio peligro. Se está excediendo. Poco a poco va ocupando el panorama un tipo de mujer que busca ser como los hombres, hacer lo que hacen los hombres y vivir como viven los hombres.

Quiero decir que el feminismo ha hecho al hombre menos hombre y a la mujer menos mujer. La mujer no se eleva al igualarse con el hombre. Ambos descienden de su elevado estado para encontrarse en un plano común.

 Elena G. White declaró algo similar en cuanto a Eva:

Junto a su esposo, Eva había sido perfectamente feliz en su hogar edénico; pero, a semejanza de las inquietas Evas modernas, se lisonjeaba con ascender a una esfera superior a la que Dios le había designado. En su afán de subir más allá de su posición original, descendió a un nivel más bajo.  Resultado similar alcanzarán las mujeres que no están dispuestas a cumplir alegremente los deberes de su vida de acuerdo con el plan de Dios. En su esfuerzo por alcanzar posiciones para las cuales Dios no las ha preparado, muchas están dejando vacío el lugar donde podrían ser una bendición…

El unisexualismo es causa de nuevas formas de crimen y decadencia para el mundo. Algo de los excesos del feminismo está detrás del amor libre, de la legalización del aborto, y de la nueva ola de lesbianismo y homosexualidad que nos está ahogando. Los niños y niñas de hoy, que ya no tienen verdaderos modelos masculinos y femeninos, llevarán al mundo a una era de angustia, decadencia y corrupción apocalíptica en la próxima generación.

Debo dejar claro, la mujer y el hombre son diferentes. Y fíjense en que digo: “diferentes”, no inferior ni superior.

Ariana Stassinopoulos, la joven y hermosa autora del libro más vendido La Mujer Femenina, dice:

La mujer femenina es una mujer que está orgullosa de serlo. Una mujer que exige igualdad de oportunidades y de salarios, pero que al mismo tiempo cultiva su personalidad como mujer. No ve su feminidad como un obstáculo o un impedimento para alcanzar lo que ella quiere conseguir como persona. Un ser libre, en definitiva... La inmensa mayoría de las mujeres son mujeres femeninas... una mujer que proyectará su formación y sus cualidades en la educación de sus hijos, en su propia casa y en su familia... Es posible que esta mujer multidimensional necesite ayuda. Lo que no necesita es liberación.

6. Ser temerosa de Jehová. La Biblia dedica un espacio bastante amplio a la mujer, y es importante mencionarlo en esta oportunidad, está en Proverbio 31: 10-31.

“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.

El corazón de su marido está en ella confiado, Y no carecerá de ganancias.

Le da ella bien y no mal todos los días de su vida.

Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos.

Es como nave de mercader; trae su pan de lejos.

Se levanta aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas.

Considera la heredad, y la compra, y planta viña del fruto de sus manos.

Ciñe de fuerza sus lomos, y esfuerza sus brazos.

Ve que van bien sus negocios; su lámpara no se apaga de noche.

Aplica su mano al huso, y sus manos a la rueca.

Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso.

No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles.

Ella se hace tapices; de lino fino y púrpura es su vestido.

Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra.

Hace telas, y vende, y da cintas al mercader.

Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir.

Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua.

Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde.

Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba:

Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas.

Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.

Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos”.

Conclusión

Eva, “la madre de todos los vivientes”, es un ejemplo bíblico de las lecciones más importantes que debe aprender toda mujer. Por supuesto que de los errores también se aprende, no para volver a cometerlos, sino para ser mejores por la gracia de Jesucristo.

Se necesitan mujeres temerosas de Dios, que sepan orientar su papel de mujer y madre en una dirección santa hacia el cielo. Las mujeres son importantes para el desarrollo de la humanidad y las civilizaciones. ¡Qué Dios las bendiga siempre!

 

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