Prosigo a la meta

El autor(a) Pastor Marcelo Solis, Graduado en la Universidad de Costa Rica.

Categoría: Sermones y Bosquejos

En la epístola de Pablo a los Filipenses en el capítulo 3 dice: “Prosigo a la meta”, y es así como he titulado este mensaje. Muy pronto Jesús vendrá a buscarnos en gloria y majestad y ¿hallará fe en la Tierra?

Lectura Bíblica: Filipenses 3:1,2,7,8,10,11.

“En fin, hermanos, regocijaos en el Señor.  No me molesta escribiros las mismas cosas, y para vosotros es una seguridad. Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los que mutilan el cuerpo” (versículos 1, 2). “Pero lo que para mí era ganancia, lo he considerado pérdida por amor de Cristo. Y más aún, considero todas las cosas como pérdida por el sublime valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor.  Por él lo perdí todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo; Pero, ¿cómo llegar a tener parte en la primera resurrección de entre los muertos? (versículos 7, 8). “A fin de conocer a Cristo, conocer la virtud de su resurrección, y participar de sus padecimientos, hasta llegar a ser semejante a él en su muerte, para llegar de algún modo a la resurrección de entre los muertos” (versículos 10 y 11).

Busquemos en nuestras Biblias el tan conocido mensaje a Laodicea en Apocalipsis, capítulo 3. Leer Apocalipsis 3:15-19 (hacer énfasis en los versículos 17, 18 y 19): “Conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca. Tú dices: 'Yo soy rico, estoy enriquecido, y nada necesito'.  Y no conoces que eres un cuitado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Por lo tanto, te aconsejo que compres de mí: oro afinado en fuego, para que seas rico; vestidos blancos, para cubrir la vergüenza de tu desnudez; y colirio para ungir tus ojos y puedas ver. Yo reprendo y disciplino a todos los que amo.  Sé, pues, celoso, y arrepiéntete”.

En este estudio, tenemos un mensaje que el Señor nos muestra a través de su Palabra: debemos proseguir a la meta, debemos cumplir con nuestra misión pero, por otro lado, vemos que nos creemos perfectos y en verdad somos todo lo contrario. Entonces... ¿qué haremos?

Siguiendo el consejo de los versículos 18 y 19 debemos comprar oro refinado entregando nuestro diario vivir al Salvador para que Él nos transforme, y arrepentirnos de todos nuestros pecados para que podamos ser útiles instrumentos de bendición en sus manos de amor. Si le entregamos a él nuestras vidas, comenzaremos a ver los frutos del Espíritu Santo actuando en nuestros corazones. Alguno de ustedes podrá preguntarse ¿qué es lo que Dios quiere de mí? ¿Por qué tengo que pasar por tantas pruebas y sufrimientos? ¿Será que Dios no me ama de verdad? ¿Será que Dios se goza en el sufrimiento de sus hijos? No, Dios nos ama tanto que permitió que su unigénito viniera a este mundo caído para salvar lo que se había perdido. Dios te ama, jamás dudes de esto. Él permite las pruebas en nuestra vida porque sabe que es la única manera de pulir nuestro carácter para el cielo.

Cristo se adelantó un poco, cayó con su rostro en tierra, y oró: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa. Sin embargo, no sea como yo quiero, sino como quieras tú”. Entonces volvió a sus discípulos, y los halló durmiendo. Y dijo a Pedro: “¿No habéis podido velar conmigo ni una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu a la verdad está pronto, pero la carne es débil”. Por segunda vez se apartó, y oró diciendo: “Padre mío, si esta copa no puede pasar de mí sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mateo 26: 39 - 42).

Dependerá de nosotros la forma de afrontar cada prueba y aprender a sacar provecho de las lecciones que Dios tiene para nosotros en ellas. Aferrémonos del brazo de Jehová de los ejércitos, y en Él seremos más que vencedores.

Leer Romanos 12:1-2 “Así, hermanos, os ruego por la misericordia de Dios, que presentéis vuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto razonable. Y no os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que podáis comprobar cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Dios desea que le representemos en esta tierra de pecado. Él quiere que cada mañana nos presentemos delante de su trono de gracia para ser transformados y llegar a cumplir nuestra verdadera misión aquí, en este mundo.

Debemos predicar el mensaje del tercer ángel que encontramos en Apocalipsis, sí, pero no de palabra sino de hecho y en verdad. Dios desea un culto racional.

Primero debemos estar convencidos de lo que creemos y en quién creemos para poder estar prestos a llevar el mensaje de salvación a través de nuestra vida.

Dios nos conoce, nos amó y nos ama aún desde antes de nuestro nacimiento. Él sabe qué es lo mejor para nosotros y espera que confiemos plenamente en Él.

En los últimos versículos del Salmo 139 encontramos una de las tantas peticiones que David hace al Señor...

Veamos el Salmo 139:23-24 “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame, y reconoce mis pensamientos. Mira si voy en mal camino, y guíame por el camino eterno”.

Lectura directa: Romanos 8:35, 38 y 39: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia? ¿Persecución o hambre? ¿Desnudez, peligro o espada?” (versículo 35). “Por eso estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”(versículos 38 y 39).

Querido hermano o amigo que nos visitas en este día, tal vez ésta sea la primera vez que escuchas hablar de Dios, y te estarás preguntando ¿cómo Dios puede amarme a mí, pecador, con todas mis imperfecciones? Pues bien, tengo una buena nueva para darte en este momento: no somos perfectos porque no hay justo ni aún uno, pero somos perfectibles en las manos de Aquel que nos creó y que nos conoce aún desde antes de nuestro nacimiento. Permitámosle transformarnos con su Santo Espíritu y entonces, veremos los cambios que Dios puede obrar en sus hijos. No cambiaremos de un día para el otro, pero será un cambio progresivo. Veamos lo que se nos dice Dios en su Palabra en Proverbios 4:18 “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta llegar al pleno día”.

Historia de la caja de herramientas y el carpintero

“Se cuenta que cierta vez hubo en una carpintería una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para ajustar sus diferencias. El martillo presidió la reunión; pero los participantes le notificaron que tenía que renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado barullo y, además, se pasaba todo el tiempo golpeando.

El martillo aceptó la culpa, pero también pidió que fuera expulsado el tornillo que, según él, daba muchas vueltas para conseguir algo. Ante el ataque, el tornillo estuvo de acuerdo, pero a la vez, pidió la expulsión de la lija. Decía que ella era muy áspera en su trato para con los demás, terminando siempre en roces. La lija acató la orden con la condición de que se expulsase al metro porque siempre medía a los otros según su propia medida, como si fuera el único perfecto.

En ese momento entró el carpintero, juntó el material y comenzó su trabajo. Utilizó el martillo, el tornillo, la lija y el metro. Finalmente, la madera rústica se convirtió en un fino mueble. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reactivó la discusión. Esta vez, el serrucho tomó la palabra: - Señores, quedó demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades, con nuestros puntos valiosos. Así que no pensemos en nuestros puntos débiles y concentrémonos en nuestros valores. Todos entendieron, entonces, que el martillo era fuerte, el tornillo unía, la lija era especial para limar y afinar las asperezas y el metro era preciso y exacto.

Se sintieron así como un equipo capaz de producir muebles de calidad y se pusieron entonces a trabajar con alegría, y en equipo”.

Este texto, de autor desconocido, muestra lo que realmente sucede, en diversas ocasiones, con los seres humanos. Basta observar y comprobarlo. Cuando una persona busca defectos en otra, la situación se vuelve negativa y tensa, por el contrario, cuando se buscan con sinceridad los puntos fuertes y las virtudes del otro, florecen las mejores conquistas humanas. Es fácil encontrar defectos, cualquiera puede hacerlo; pero encontrar cualidades... ¡eso es para los sabios!

¡Imagínate! ¡El Dios del universo, que creó y controla todo, está interesado en ti, está interesado en tu salvación! Somos un grano de arena en medio de todo lo creado, pero Él, anhela nuestra felicidad. ¿No es ésta una buena noticia?

Cada uno de nosotros tiene una tarea diferente que desempeñar en la obra de Dios, cada uno tiene diferentes talentos, pero todos somos útiles para el Señor. En la diversidad está la clave. Somos la sinfonía de Dios y si permitimos que sea nuestro director, entonces todo marchará armoniosamente. Vayamos a Él en la condición en que estemos y Él nos recibirá en sus brazos de amor.

Contaba el Director de Colportaje de la Asociación Bonaerense que en su época de estudiante de teología le tocó hacer una visita para la materia Consejería. Fue, junto con el pastor y unos compañeros, a la casa de una mujer muy adinerada que les había mandado Marcos. Al verlos, la señora comenzó a poner infinidad de excusas: “no quiero orar, no quiero ir a la Iglesia, no me vengan a hablar de religión, etc.”. Fue entonces cuando el pastor le respondió tajante: “si no nos quiere aquí, entonces nos vamos”. A lo que la mujer respondió pidiendo disculpas.

En ese momento, todos subieron a la impresionante limosina y, dirigidos por el pastor, llegaron a uno de los sectores más pobres de la ciudad. El panorama era muy triste, casas de cartón, niños llorando de hambre, gente gritando... la señora no quería ni pisar el suelo de aquel lugar; acostumbrada a su solarium, gimnasio, psicólogos y psiquiatras, estaba absolutamente ensimismada en su situación.

Caminando por el lugar entraron a una de las casillas. Allí encontraron a una madre con sus pequeños, ollas sucias y desgastadas, suelo de tierra... enseguida comenzaron a conversar con esta madre, bañaron a los niños, pasaron tiempo con ellos y regresaron a la gran mansión. Ninguno dijo alguna palabra, ni siquiera el pastor; pero a partir de ese día, esta mujer dejó de mirarse a sí misma y de tenerse lástima y comenzó a ver a su alrededor, a ayudar a aquellas personas menos afortunadas que ella, y hoy en día es la Directora de ADRA en Chile.

¿Qué fue lo que pasó con esa señora?

Al ver su entorno comprendió que tenía muchas cosas por las que estar feliz y agradecida a Dios. Debemos ser agradecidos por cada una de las cosas que Dios, en su providencia, nos otorga. La felicidad se encuentra en los pequeños detalles de la vida cotidiana.

¿Por cuánto dinero vendería usted una de sus piernas? ¿Y su brazo derecho? ¿Y su dedo meñique? No, no los vendería, ¿no es cierto?, porque no hay precio que pueda pagar lo que realmente valen. A veces estamos tan acostumbrados a las bendiciones de Dios que nos olvidamos de agradecerlas o de darles el valor que ellas realmente tienen hasta el momento en que las perdemos.

Una vez leí esta frase: - Comencé a llorar porque no tenía zapatos... y dejé de hacerlo al ver a un niño sin piernas.

¿Qué podemos aprender y aplicar de todo esto?

Veamos los siguientes textos:

Romanos 1:21: “Porque habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes se ofuscaron en vanos razonamientos, y su necio corazón se entenebreció”.

Hebreos 13:5-6: “Manteneos libres del amor al dinero, contentos con lo que tenéis, porque él dijo: ‘No te dejaré ni te desampararé’. De manera que podamos decir confiados: ‘El Señor es mi ayudador.  No temeré lo que me pueda hacer el hombre’ ”.

Hay algo de poder en el corazón humano que Dios ha implantado, es el poder del amor. Amor para hacer las cosas, amor para servir, amor para perdonar, para olvidar, para compartir, amor para sacrificarse, para entregarse, amor para vivir, amor para morir...

Ésta es la fuerza más grande del universo, que movió al Omnipotente y Soberano del Cielo para venir a esta Tierra, como hombre, a morir por ti y por mí. Piensa que este poder es de Dios, no del hombre, porque el hombre no posee poder absoluto, pero sí la capacidad de cómo usarlo.

El amor del ser humano es egoísta, sólo piensa en ganar, en recibir, en disfrutar y nunca piensa en los demás. Esa clase de amor nunca da, sólo pide. El amor verdadero no quita ni pide, sino que se entrega todo sin esperar nada a cambio. Cristo no sólo nos dio redención, se dio a sí mismo porque en Él estaba la vida.
Leamos San Lucas 2:14 “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, entre los hombres de buena voluntad”.

Continuemos leyendo en Filipenses el capítulo 3 los siguientes versículos:

Versículos 12-14: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto, sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fui también alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago, olvido lo que queda atrás, me extiendo a lo que está delante, y prosigo a la meta, al premio al que Dios me ha llamado desde el cielo en Cristo Jesús”.

Versículos 18-19: “Porque como os dije con frecuencia, ahora lo repito con lágrimas, muchos son enemigos de la cruz de Cristo. Su fin será la perdición, su dios es el vientre, y su gloria es vergüenza, porque sólo piensan en lo terrenal”.

Hermanos, Dios nos llama a cumplir nuestra misión. Cada uno de nosotros es importante para Él. No estamos aquí por casualidad, las casualidades no existen para Dios. Fuimos rescatados por el Santo de Israel y Él mismo nos ha dado dones que se multiplicarán en sus manos. Pongamos hoy nuestros talentos a sus pies y Él nos capacitará. Entreguémosle todo nuestro ser, y toda nuestra adoración sea para Él porque sólo Él es santo.

Y así como tenemos un Dios santo, debemos también nosotros procurar la santidad, sin la cual ninguno verá al Señor. Busquemos ahora el capítulo 6 de Isaías, versículos del 1 al 3 “En el año en que murió el rey Uzías, vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo. Encima de él había serafines. Cada uno tenía seis alas; con dos cubrían su rostro, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y uno al otro decían: ‘Santo, santo, santo es el Eterno Todopoderoso, toda la tierra está llena de su gloria’”.

Concluyamos con la lectura de Filipenses, capítulo 3, versículos 20 en adelante. (Filipenses 3:20-21 y 4:4-5).

Filipenses 3:20-21: “Pero nuestra ciudadanía está en el cielo, de donde esperamos ansiosamente al Salvador, al Señor Jesucristo, quien transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para que sea semejante a su cuerpo de gloria, por el poder que tiene de sujetar todas las cosas a sí. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá y no tardará...

Filipenses 4:4-5: “¡Regocijaos en el Señor siempre!  Repito: ¡Regocijaos! Vuestra bondad sea conocida por todos los hombres. ¡El Señor está cerca!”.

Leer San Juan 14:1-4 “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si así no fuera, os lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y cuando me vaya y os prepare lugar, vendré otra vez, y os llevaré conmigo, para que donde yo esté, vosotros también estéis. Ya sabéis adónde voy, y conocéis el camino”.

Seguramente, en este día, tendremos muchas cosas que agradecer a Dios, y muchas otras de las cuales arrepentirnos. Por eso, mientras elevamos al Cielo nuestra última oración cantada, queremos animarles a que, en forma personal y silenciosa, derramen ante el trono de gracia todo su corazón. Ya no hay más tiempo, hoy es el tiempo de reconsagrar nuestras vidas al Todopoderoso porque Aquel que oye en lo secreto, te recompensará en público y borrará todos tus pecados confesados y nunca más los traerá a la memoria.

Y antes de terminar quisiera que guardes en tu corazón esta frase: “Cuando Satanás te recuerde tu pasado, recuérdale a él su futuro”...

“Levantaos e id a vuestro Padre. Él os saldrá al encuentro muy lejos. Si dais arrepentidos, un solo paso hacia Él, se apresurará a rodearos con sus brazos de amor infinito. Su oído está abierto al corazón del alma contrita. Él conoce el primer esfuerzo del corazón para llegar a Él. Nunca se ofrece una oración, aún balbuceada, nunca se derrama una lágrima, aún en secreto, nunca se acaricia un deseo sincero, por débil que sea, de llegar a Dios, sin que el Espíritu de Dios vaya a su encuentro. Aún antes de que la oración sea pronunciada, o el anhelo del corazón sea dado a conocer, la gracia de Cristo sale al encuentro de la gracia que está obrando en el alma humana".

Que Dios te bendiga y te guarde, que haga resplandecer su rostro sobre ti y te dé paz es mi deseo para cada uno de ustedes. Amén.

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