Devocional "Cada día con Dios"

Este libro tiene una característica especial: la lectura correspondiente a cada día se ha tomado de un material que la Sra. White escribió durante su ministerio en ese mismo día del mes. Nuestro deseo es que estas lecturas devocionales puedan ayudarle a comenzar "cada día con Dios".

20 de febrero: "Aún el muchacho es conocido"

Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta. Proverbios 20:11

Cuando Cristo todavía era niño, José y su madre lo encontraron en el templo entre los doctores, mientras los escuchaba y les hacía preguntas. Mediante sus preguntas iluminó muchísimo sus mentes. En esta visita a Jerusalén comprendió que ciertamente era el Hijo de Dios, y que tenía ante sí una obra especial que hacer.

Cuando su madre le dijo: "Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí tu padre y yo te hemos buscado con angustia", él respondió: “¿Por qué me buscabais?” Entonces, mientras la luz de la divinidad iluminaba su rostro, añadió solemnemente: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Lucas 2: 48, 49). Y aunque después de regresar a Nazaret estuvo sometido a sus padres, no perdió la noción de su obra futura, es a saber, que debía trabajar para salvar a los perdidos. Sabía que debía vigilar fielmente cada una de sus facultades, para que Satanás no obtuviera la menor ventaja.

En todos sus actos debía ser el Hijo de Dios, para poder morar entre los hombres como representante del Padre. Su obra consistía en lograr que los demás también fueran hijos de Dios, y no debía perder ninguna oportunidad de introducir la levadura en la masa, para que otros jóvenes, y los de edad madura, pudieran ver que no es conveniente descuidar la oportunidad de estar intelectualmente calificados para ser colaboradores de Dios. Debía enseñar a sus semejantes a trabajar hasta el máximo de sus posibilidades, para llegar a ser lo que un día hubieran querido ser.

Los hermanos de Cristo no lo entendieron, porque no era como ellos. Trabajaba para aliviar todo sufrimiento que veía, y siempre tenía éxito. No tenía mucho dinero para dar, pero a menudo compartió su humilde alimento con los que creía que estaban más necesitados que él. Sus hermanos consideraban que su influencia contrarrestaba demasiado la de ellos; porque cuando dirigían palabras duras a las pobres almas degradadas que se relacionaban con ellos, Cristo en cambio buscaba a esas mismas personas y les dirigía palabras de ánimo. Y cuando en el círculo familiar no podía hacer más, tan suave y discretamente como le era posible daba un vaso de agua fresca a los pobres seres que estaba tratando de ayudar, y ponía su propio alimento en sus manos (Manuscrito 22, del 20 de febrero de 1898, “Cristo, el gran misionero”).

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Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Efesios 2:8.


Libros de Lecturas Devocionales

- A Fin de Conocerle. Hoy con la lectura Una familia en Cristo basada en Efesios 3:14-15.

- Cada día con Dios. Hoy con la lectura Cristo, el imán basada en Hechos 10:34-35.


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