Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "Uno de estos mis hermanos más pequeños: Servir a los necesitados"

Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2019

Lección 1: "Creó Dios..."

Para el 6 de julio de 2019

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

 

Ir ArribaSábado 29 de junio

Lee Para el Estudio de esta Semana: Génesis 1-3; Hechos 17:28; Salmo 148; Salmo 24:1; Génesis 4:1-9; Mateo 22:37-39; Apocalipsis 14:7.

Para Memorizar: “El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor; mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra” (Prov. 14:31).

¿Alguna vez te esforzaste para crear algo –quizá una obra de arte o artesanía, una comida, o alguna otra obra creativa– solo para que la persona a quien se lo entregaste lo rompiera o lo rechazara? Si es así, quizás hayas tenido una pequeña vislumbre de lo que Dios experimentó cuando creó este mundo y le dio vida a los seres humanos, solo para ver que lo que creó fue destruido por el pecado.

La Biblia dice que el mundo fue creado con mucho cuidado y que era “bueno en gran manera”. Los relatos de la Creación en Génesis 1 y 2 evidencian lo que Dios opinaba de su creación. Este es el contexto en el que debemos leer la historia de la caída en Génesis 3 y el desconsuelo de Dios al confrontar a las personas que había creado.

Sorprendentemente, nuestro mundo sigue siendo algo que Dios ama, pese a los milenios de pecado, violencia, injusticia y rebelión absoluta. Lo más notable es que, cuando Dios puso en marcha su plan para redimir y recrear el mundo, nos dio roles para desempeñar como creyentes en el cumplimiento de sus planes más amplios. Sí, somos los destinatarios de su gracia; pero, como consecuencia de la gracia que hemos recibido, se nos ha dado una obra que hacer como colaboradores de nuestro Señor. ¡Qué responsabilidad más solemne y sagrada!

 

Ir ArribaDomingo 30 de junio: Dios: una vislumbre de la creación

Este mundo y toda la vida que hay en él, nuestra vida y todo lo que hacemos con ella, la vida de todos los que nos rodean y la forma en que interactuamos con los demás, la vida en sí y la mejor forma de vivirla, todo esto se origina en Dios, “porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hech. 17:28).

Aquí es donde comienza la historia de la Biblia: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gén. 1:1). Y el hecho de que él habló y existió apunta a un poder y a un proceso que ni siquiera podemos empezar a imaginar.

Con todo, Dios no creó a la distancia. Estuvo íntimamente comprometido, en especial a la hora de crear al primer ser humano (ver Gén. 2:7).

Lee la historia de la creación de los primeros seres humanos en Génesis 1:26 al 31. ¿Qué cosas importantes nos dice este relato acerca de Dios? ¿Qué cosas importantes nos muestra acerca de las personas?

Se ha dicho a menudo que podemos aprender mucho de Dios si pasamos tiempo en la naturaleza observando su creación y viendo destellos del carácter del Creador. Pero, también podemos vislumbrar el modo en que Dios creó al mundo al analizar nuestra concepción de Dios mismo. Por ejemplo, si él es un Dios de orden, debemos esperar encontrar orden en su creación. O si creemos que él es un Dios creativo, no debemos sorprendernos al encontrar ejemplos increíbles de esa creatividad en el mundo que él creó.

Asimismo, creemos que él es un Dios de relaciones y, por eso, las relaciones resultan ser un elemento primordial en la forma en que Dios constituyó el mundo. En la creación, cada elemento del mundo que se vincula con el resto. Creó los animales en armonía relacional. Creó al ser humano para que se relacione consigo mismo, con los demás y con el resto de la creación.

Si bien nuestra comprensión de Dios en muchos sentidos es limitada, lo que podemos ver de su carácter tendría que impulsarnos a reconsiderar cómo debería ser el mundo.

¿Cuán útil te resulta entender el mundo como un reflejo del carácter de Dios, incluso cuando los estragos del pecado son tan obvios a primera vista?

 

Ir ArribaLunes 1 de julio: Un mundo completo

Es fácil sentir nostalgia por el Edén. Hay algo en las breves descripciones del jardín que Dios creó como el hogar de Adán y de Eva que despierta un dejo de anhelo en nuestro corazón. Quizá no entendamos cómo funcionaría un mundo así, pero sentimos que nos gustaría experimentarlo.

Parece que la sensación de satisfacción y plenitud también era algo que Dios sentía: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gén. 1:31). Dios hizo algo que era hermoso y funcional a la vez. Era de un diseño exquisito, tanto en forma como en practicidad. Rebosaba de vida y color, pero también estaba provisto de todo lo necesario para que la vida fructifique. No es de extrañar que Dios se detuviera a pensar que el mundo que estaba haciendo era bueno.

Lee Génesis 1. ¿Qué crees que significan las repetidas declaraciones de que “vio Dios que era bueno”? Gén. 1:4, 10, 12, 18, 25, 31.

Aunque fue escrita íntegramente después de la Caída, la Biblia está llena de celebraciones del mundo natural, como Job 38 al 41, y el Salmo 148. Y debemos recordar que estas no fueron escritas como una vislumbre de lo que era el mundo recién creado y previo al pecado; están escritas en tiempo presente y celebran la bondad que aún es palpable en nuestro mundo.

Jesús también extrajo del mundo natural ejemplos de la bondad y el cuidado de Dios, para celebrar con asombro nuestra confianza en Dios y el aprecio por los regalos sencillos que nos rodean (ver, p. ej., Mat. 6:26; 28-30). Si abrimos los ojos y observamos las maravillas de la creación, podremos ver que, efectivamente, somos los destinatarios de los maravillosos regalos de nuestro Creador. Nuestra respuesta, incluso en medio de las pruebas, debiera ser de gratitud, agradecimiento y entrega humilde al Dador.

Como adventistas del séptimo día, que celebramos la Creación y esperamos la venida del Reino de Dios, debiéramos darnos cuenta de que las bellezas, las alegrías y la bondad que vemos y experimentamos en el mundo son vislumbres de lo que una vez fue nuestro mundo y lo que será una vez más.

En tu experiencia con el mundo natural, ¿qué aprecias especialmente de las maravillas de la creación? En tu vida diaria, ¿cómo podrías conocer mejor al Señor a través de las maravillas de la naturaleza?

 

Ir ArribaMartes 2 de julio: Mayordomos de la tierra

Según el registro bíblico, el jardín del Edén y el mundo recién creado eran lugares de abundancia, hechos para que la vida prosperara y, especialmente, para que los seres humanos disfrutasen.

Pero Dios también le dio al primer hombre y a la primera mujer, y al resto de nosotros que vendríamos después de ellos, un papel que asumir en su creación. Rápidamente resulta obvio, y no solo por el método de Dios al crearlos, que Adán y Eva tendrían un estatus especial en este nuevo mundo.

A Adán primero se le dio el trabajo de ponerles nombre a los animales y a las aves (ver Gén. 2:19). Luego, a ambos se les dio otro papel, que Dios mismo presentó como una bendición: “Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo” (Gén. 1:28, NVI).

Lee y compara Génesis 1:28 y 2:15. ¿De qué modo calificarías la descripción del trabajo del ser humano en una o dos oraciones?

Con demasiada frecuencia en la historia cristiana, Génesis 1:28 ha sido utilizado por algunos como una licencia para explotar el mundo natural, incluso hasta el punto de destruirlo. Sí, el mundo obviamente fue creado para la vida, el beneficio y el disfrute del ser humano; pero cultivarlo y cuidarlo es responsabilidad humana, en palabras de Génesis 2:15 (NVI).

Cuando hablamos de mayordomía, lo que primero pensamos es en el dinero; sin embargo, en la Biblia, el primer precepto para la mayordomía es cuidar la Tierra que Dios creó y nos confió. El mandato para Adán y para Eva también preveía que la Tierra sería compartida con sus hijos y con las generaciones futuras. En el plan original para la Tierra, el mundo creado continuaría siendo una fuente de vida, bondad y belleza para todos los seres humanos, y Adán y Eva tendrían un gran papel en su cuidado.

La Tierra sigue siendo del Señor (ver Sal. 24:1), y todavía somos llamados a ser mayordomos de todo lo que Dios nos ha dado. Quizá también podríamos concluir que, en un mundo caído, nuestra responsabilidad como mayordomos es aún mayor.

¿Qué significa para ti ser mayordomo de la Tierra hoy, en un mundo caído? Entender esta responsabilidad ¿de qué modo debería afectar tu forma de vivir diariamente?

 

Ir ArribaMiércoles 3 de julio: Un mundo destrozado

Algo que Dios les dio solo a Adán y a Eva en la Tierra fue la libertad moral. Eran seres morales en una forma en que las plantas y los animales nunca podrían serlo. Dios valoraba tanto esta libertad moral que permitió la posibilidad de que su pueblo decidiera desobedecer. Al hacerlo, arriesgó todo lo que había creado por el objetivo mayor de una relación con sus criaturas humanas basada en el amor y el libre albedrío.

Pero también había un destructor (esta libertad moral también existía para los ángeles) que quería trastornar el mundo bueno y completo creado por Dios y trató de usar a los seres humanos, la creación especial de Dios en la Tierra, para lograrlo. Al hablar a través la serpiente, el diablo cuestionó la integridad y la suficiencia de lo que Dios había provisto (ver Gén. 3:1-5). La principal tentación era codiciar más de lo que Dios les había dado, dudar de la bondad de Dios y confiar en sí mismos.

En esa decisión y ese acto, se rompieron las relaciones que eran parte integral de la creación según Dios la había diseñado. Adán y Eva ya no disfrutaban con su Creador de la relación para la cual habían sido hechos (ver Gén. 3:8-10). Repentinamente, estos dos seres humanos se dieron cuenta de que estaban desnudos y avergonzados, y su relación entre ellos se alteró casi irreparablemente. Su relación con el resto de la Tierra también se tensó y se rompió.

Lee Génesis 3:16 al 19. ¿Qué nos dicen estos versículos sobre el cambio de relaciones entre los seres humanos y el mundo natural?

Debido a la realidad del pecado, de repente la vida se volvió mucho más difícil para Adán, para Eva y para el resto de la creación. Las consecuencias del pecado son reales, especialmente porque afectan a la humanidad y nuestras relaciones. En cierto sentido, estamos alejados de Dios, nuestro Creador. Nuestras familias también se ven afectadas de muchas maneras, y nuestras relaciones con los demás a menudo son un desafío. Hasta tenemos problemas con el entorno natural y el mundo en el que vivimos. Todos los aspectos de la vida y del mundo muestran la separación causada por el pecado.

Pero Dios no creó el mundo así. Las “maldiciones” de Génesis 3 también llegaron con una promesa de que Dios tenía una manera de recrear nuestro mundo y restaurar las relaciones que el pecado había destruido. Si bien seguimos luchando con el pecado y sus efectos en nuestra vida, somos llamados a defender la bondad original del mundo y tratar de hacer realidad en nuestra vida el plan que Dios tiene para este planeta.

 

Ir ArribaJueves 4 de julio: La trama familiar de la humanidad

Con la llegada del pecado, el mundo no tardó mucho en fragmentarse. Suscitado por los celos, los malentendidos y la ira, el primer asesinato involucró al primer par de hermanos. Cuando Dios interrogó a Caín acerca de su pecado, su respuesta probablemente fue irónica y retórica: “¿Acaso soy yo el que debe cuidar a mi hermano?” (Gén. 4:9, NVI), y la respuesta implícita en la pregunta inicial de Dios era: “Sí, totalmente, tú eres el que debe cuidar a tu hermano”.

Lee Proverbios 22:2. ¿Qué está implícito en esta afirmación aparentemente sencilla? ¿Qué nos dice acerca de nuestra relación con nuestros semejantes?

Cada una de las personas que conocemos es una criatura de Dios, creada a su imagen, y parte de la red de relaciones que nos conecta a todos en la creación de Dios, por más que esta haya sido dañada. “Todos estamos entretejidos en la trama de la humanidad. El mal que sobreviene a cualquier parte de la gran confraternidad humana entraña peligros para todos” (MC 266). Nos guste o no, debido a este vínculo común, tenemos una responsabilidad de origen divino para con Dios y con los demás (ver Mat. 22:37-39).

A lo largo de la Biblia, la afirmación de que Dios es nuestro Creador es recurrente. Por ejemplo, es una de las razones dadas para recordar el sábado (ver Éxo. 20:11) y para adorar a Dios en el tiempo del fin (ver Apoc. 14:7). También es una motivación primordial que tenemos para cuidar de los demás, para preocuparnos por los menos afortunados.

Todos estamos unidos por el vínculo de nuestros orígenes comunes en Dios. “El que oprime al pobre ofende a su creador, pero honra a Dios quien se apiada del necesitado” (Prov. 14:31, NVI). ¿Cuánto más claro podría ser ese vínculo?

Dios, como nuestro Creador, nos pide algo que exige toda nuestra vida, incluyendo nuestra adoración, nuestro servicio y la preocupación por los demás. Por más difícil, frustrante e inconveniente que pueda resultar a veces, sin duda soy “guarda de mi hermano”.

¿Por qué crees que las menciones de Dios como Creador son un tema tan recurrente en toda la Biblia? ¿Por qué eso es tan importante? Esta realidad, ¿cómo debería afectar nuestra manera de tratar a los demás?

 

Ir ArribaViernes 5 de julio

Para Estudiar y Meditar:

Lee “La creación”, en Patriarcas y profetas, pp. 24-33.

“ ‘Dios es amor’. Su naturaleza, su ley, es amor. Lo ha sido siempre, y lo será para siempre. ‘El Alto y Sublime, el que habita la eternidad’, cuyos ‘caminos son eternos’, no cambia. En él ‘no hay mudanza, ni sombra de variación’. [...]

“Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito. La soberanía de Dios involucra plenitud de bendiciones para todos los seres creados” (PP 33).

“Si los hombres cumplieran con su deber como mayordomos fieles de los bienes del Señor, no habría el clamor por pan, ni el sufrimiento por la miseria, ni la desnudez y la necesidad. La infidelidad de los hombres trae el estado de sufrimiento en el que la humanidad está hundida. [...] Dios ha hecho a los hombres sus mayordomos, y a él no se le puede culpar del sufrimiento, la miseria, la desnudez y la necesidad de la humanidad. El Señor ha hecho amplia provisión para todos” (MB 18).

Preguntas para Dialogar:

  1. Analiza detenidamente la última declaración de Elena de White. ¿Qué dice acerca de quién es el responsable último de gran parte de la pobreza que vemos? ¿Qué debería decirnos esto sobre la importancia de una mayordomía fiel?

  2. Después de miles de años de fragmentación causada por el pecado, ¿cómo es posible que aún podamos ver la bondad de la creación? Siendo un pueblo que cree en el Dios creador, ¿qué podemos hacer para ayudar a otros a ver la bondad de su creación?

  3. ¿Qué entiendes con la palabra mayordomía? ¿Hay algo en la lección de esta semana que haya ampliado tu forma de pensar acerca de lo que significa ser un mayordomo, especialmente cuando Dios nos llama?

  4. La forma en que tratamos a los demás y nos relacionamos con ellos ¿de qué modo podría cambiar si, en cada persona que conocemos, viéramos una señal que nos recordara que fue ella “creada por Dios a su imagen y que él la ama”?

Resumen: Dios creó un mundo bueno y completo, y estableció que los seres humanos, creados a su imagen, cultivaran y cuidaran su creación. Aunque el pecado rompió las relaciones que Dios originalmente quería tener con nosotros, todavía tenemos un papel que desempeñar como mayordomos de la bondad de la creación y como guardianes de nuestros semejantes. Cumplir con este rol es una de las maneras en que podemos honrar a Dios como nuestro Creador.

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