Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "Daniel"

Edición para maestros. Primer trimestre (enero-marzo) de 2020

Lección 10: "De la confesión a la consolación"

Para el 7 de marzo de 2020

 

Reseña | Comentario | Aplicación a la vida

 

Ir ArribaRESEÑA

Texto Clave: Daniel 9:19.

Enfoque del estudio: Daniel 9; Jeremías 25:11, 12; 29:10; 2 Reyes 19:15-19; Mateo 5:16; Santiago 5:16.

Introducción: Los temas principales que requieren reflexión en Daniel 9 son la oración intercesora de Daniel en favor de su pueblo y la profecía acerca del Mesías.

Temática de la lección:

1. La oración. Daniel ofrece una oración de intercesión por su pueblo que funciona como modelo para nuestras oraciones de hoy.

2. La profecía. Como respuesta a la oración de Daniel, Dios revela su plan de salvación a largo plazo. La ciudad será reconstruida, el Mesías vendrá y el Santuario será ungido.

Aplicación a la vida: Al reflexionar sobre la oración de Daniel y cómo Dios le respondió, aprendemos que Dios no está lejos de ninguno de nosotros. Aunque el pecado nos había separado de Dios, mediante el sacrificio de Jesús, el Mesías, somos perdonados y nos reunimos con él. La oración de Daniel se basó en la confiabilidad del carácter de Dios y lo que Dios había hecho por su pueblo en el pasado cuando lo sacó de Egipto. Nosotros tenemos aún más razones para orar con toda confianza. El Mesías ya vino y está intercediendo en nuestro favor en el templo celestial. En cierto sentido, lo que para Daniel era una esperanza futura, para nosotros es una realidad presente. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:16).

 

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Exploremos ahora los temas de la lección con más profundidad:

1. La oración. Esta oración es la más larga e importante de Daniel. Hay dos motivaciones principales detrás de esta oración. En primer lugar, en Daniel 8 aprendemos que después de esa visión, Daniel estaba agotado física y emocionalmente (Dan. 8:27). A Daniel se le mostró un cuerno pequeño que crece y ataca al pueblo de Dios y establece un falso sistema de adoración. También escuchó la desconcertante comunicación de que después de 2.300 tardes y mañanas (años), el Santuario sería purificado/restaurado/reivindicado. Todos estos rasgos enigmáticos aún seguían siendo incomprensibles para él diez años después.

Especialmente, la información cronológica sobre las 2.300 tardes y mañanas, comunicada mediante una aparición/visión (mar’eh) de dos seres celestiales, seguía sin explicación. Por lo tanto, Daniel concluyó el informe de su visión diciendo: “Estaba espantado a causa de la [aparición/]visión” (Dan. 8:27).

En segundo lugar, la destrucción de Jerusalén y del Templo, además del exilio de su nación, pesaban mucho en el corazón de Daniel. Anhelaba la restauración de Jerusalén y el regreso de su pueblo a su terruño. Por eso se sumergió en el estudio de Jeremías y descubrió que las desolaciones de Jerusalén durarían setenta años (Jer. 25; 29). Por lo tanto, había llegado el tiempo para que Dios llevara a su pueblo de regreso a su tierra y reconstruyera la ciudad. Mediante las Escrituras, Daniel supo que la razón principal del exilio era la rebelión recalcitrante de Israel contra Dios. Ellos transgredieron la Ley, rechazaron a los profetas y quebrantaron el pacto. Así, conmovido por la palabra de Dios, el profeta oró por la restauración de Jerusalén y del Templo y para que su pueblo sea perdonado. Presumiblemente, elevó esta oración en dirección a Jerusalén de la misma forma que las oraciones que desafiaron el decreto real de Darío (Dan. 6).

Esta oración nos enseña algunas lecciones importantes que pueden ayudarnos en nuestra vida de oración y en nuestra relación con el Señor. Un análisis más detenido del texto bíblico revela que la oración de Daniel es profundamente bíblica. Una mirada a una referencia cruzada de la Biblia muestra que la oración de Daniel resuena con varios pasajes de las Escrituras. Se destacan las similitudes entre esta oración y Levítico 26:40 al 45 y Deuteronomio 30:1 al 10. Posteriormente, Esdras y Nehemías siguieron el ejemplo de Daniel y entretejieron sus oraciones con alusiones y ecos bíblicos.

Además, la petición de Daniel es una oración de intercesión. Su cargo privilegiado como funcionario del imperio no le impidió identificarse con su pueblo. Algunos se olvidan de los suyos una vez que ascienden en la escala social. Pero Daniel se identifica plenamente con su pueblo; intercede por los suyos como uno más. Varias veces usa el pronombre “nosotros”, compartiendo así la responsabilidad de los pecados de la nación y suplicando la gracia y el perdón de Dios (ver, por ej., Dan. 9:5, 18, 19). La oración intercesora puede ser una oportunidad para imitar a Jesús. Nos apartamos del centro para enfocarnos en las necesidades de los demás. Cuando oramos por los demás, nosotros somos los más bendecidos. Dios quitó “la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos” (Job 42:10). Además, la oración de Daniel fue una oración abierta y sincera. Él admite y confiesa el pecado de su pueblo y sus dirigentes. No ignora el hecho de que transgredieron la Ley de Dios y rechazaron a los profetas; por lo tanto, Daniel reconoce que merecen plenamente el castigo del exilio. Finalmente, la oración de Daniel está motivada por el deseo de reivindicar el carácter de Dios. Así, al restaurar al pueblo y a la ciudad, el honor y la reputación de Dios serían reivindicados entre las naciones.

2. La profecía. Como respuesta a la oración, Gabriel, el mismo ángel que fue al encuentro de Daniel en el capítulo 8, vino a revelar los planes divinos a largo plazo para el pueblo. Echemos un vistazo a Daniel 9:24 al 27 para descubrir algunos aspectos significativos de esta importante profecía mesiánica.

En primer lugar, Gabriel llegó a Daniel “como a la hora del sacrificio de la tarde” (Dan 9:21). El momento sugiere que el ángel tenía un mensaje relacionado con el Santuario y sus servicios. De hecho, el ángel vino a anunciar la reconstrucción de la ciudad, la obra expiatoria del Mesías y la inauguración del Santuario Celestial.

En segundo lugar, esta profecía se da dentro de un marco cronológico de setenta semanas (70 x 7 = 490), que equivale a diez jubileos (10 x 49). El énfasis en el número siete puede indicar la salvación perfecta que se cumplirá a través del Mesías. Además, este calendario profético indica que Dios conoce el futuro y actúa dentro del espacio-tiempo para llevar a cabo su plan de salvación.

En tercer lugar, Gabriel viene para hacer que Daniel “entiend[a] la visión” (Dan. 9:23). El verbo “entender” apunta a Daniel 8, que concluyó sin que Daniel entendiera la visión (8:27). La palabra “visión” (mar’eh) es la misma palabra hebrea empleada para designar la aparición de los dos seres angélicos y la purificación del Santuario después de las 2.300 tardes y mañanas (vers. 13, 14).

En cuarto lugar, la profecía de Daniel 9 brinda información decisiva para entender el comienzo de las 2.300 tardes y mañanas y, por lo tanto, determinar su final. Según Gabriel, setenta semanas están “determinadas”; este verbo hebreo significa “cortadas”, lo que implica que las setenta semanas se cortan o se separan de un período mayor. Por ende, ambas profecías tienen el mismo punto de partida, que es “la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén” (Dan. 9:25). Esta orden se refiere al decreto de Artajerjes en 457 a.C. que autorizaba a los judíos a regresar a su tierra natal y reconstruir Jerusalén (Esd. 7).
En quinto lugar, las setenta semanas (490 años) comenzaron en 457 a.C. y terminaron en 34 d.C. Los acontecimientos que tendrían lugar durante la última semana ocurrieron según lo previsto. Al comienzo de la semana, Jesús el Mesías hizo su aparición pública cuando Juan el Bautista lo bautizó (27 d.C.). A mitad de la semana, Jesús fue crucificado (31 d.C.). Y al final de la semana (y de los 490 años), el martirio de Esteban promovió el mensaje del evangelio a los gentiles.

En sexto lugar, otro acontecimiento decisivo que ocurriría durante la séptima semana era la unción del “Santo de los santos” (qodesh qodashim), que se refiere a la inauguración del Santuario. Este Santuario debe ser el celestial porque el templo de Jerusalén había dejado de tener relevancia salvífica en el año 31 d.C., cuando la muerte de Jesús hizo que el sistema de sacrificios dejara de ser eficaz.

En séptimo lugar, como 457 a.C. también es el punto de partida de las 2.300 tardes y mañanas, la purificación del Santuario Celestial anunciada en Daniel 8:13 y 14 debe haber comenzado en 1844. En ese año, Cristo entró en el Lugar Santísimo para llevar a cabo el juicio investigador.

En octavo lugar, en medio de la complejidad de los cálculos proféticos y otros detalles, no perdamos de vista a Jesús. Los acontecimientos descriptos por la profecía culminan en la obra expiatoria del Mesías y, de hecho, beneficiarán no solo a Israel sino al mundo entero. Por consiguiente, Daniel recibió mucho más de lo que pidió. ¡Con cuánta frecuencia Dios hace lo mismo con nosotros! Él puede responder nuestras oraciones en formas que superen nuestras expectativas.

 

Ir Arriba APLICACIÓN A LA VIDA

  1. ¿Cuáles son las características principales de la oración de Daniel y qué te enseñan sobre tu vida de oración personal?

  2. Fíjate que Daniel es minucioso en la confesión del pecado en su oración. Este método, ¿cómo puede orientar tus oraciones intercesoras? ¿Cómo cambiarás tus hábitos de oración como resultado de este estudio?

  3. ¿Estás ofreciendo oraciones de intercesión en favor de alguien actualmente? ¿Cuánto conocimiento tienes de la situación de esa persona?

  4. ¿Cuáles son algunas actitudes inapropiadas que pueden obstaculizar la oración intercesora?

  5. ¿Siguen siendo relevantes los datos proféticos, como las setenta semanas y las 2.300 tardes y mañanas? Explica. ¿Qué nos enseñan este tipo de cálculos acerca de Dios? Esos calendarios proféticos, ¿cómo pueden fortalecer tu compromiso con Jesús?

  6. Ponte en los zapatos de Daniel y reflexiona en lo siguiente:

  7. Dios tardó unos diez años en aclarar ciertos aspectos de la visión del capítulo 8 a Daniel. ¿Cuán paciente has sido para esperar las respuestas de Dios a tus preguntas espirituales y existenciales? ¿De qué manera este tiempo de espera te motivó a consultar las Escrituras para aclarar y comprender?

  8. Mientras Daniel oraba, Gabriel fue enviado en respuesta a sus oraciones. ¿Alguna vez has recibido una respuesta tan inmediata a una oración? Una respuesta así, ¿es la manera en que Dios generalmente contesta tus oraciones? Explica.

  9. ¿Cómo armonizas la oración y la lectura/estudio de la Biblia en tu vida devocional?

  10. Entre los acontecimientos predichos por la profecía de Daniel 9, ¿cuál de los dos es el más importante para tu vida espiritual y por qué?

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