Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "Cómo interpretar la Biblia"

Segundo trimestre (abril-junio) de 2020

Lección 3: "Cómo consideraban la Biblia Jesús y los apóstoles"

Para el 18 de abril de 2020

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

 

Ir ArribaSábado 11 de abril

Lee Para el Estudio de esta Semana: Mateo 4:1-11; 22:37-40; Lucas 24:13-35, 44, 45; 4:25-27; Hechos 4:24-26.

Para Memorizar: “El respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat. 4:4).

Por desdicha, en esta era posmoderna, la Biblia se ha reinterpretado principalmente desde la óptica de una filosofía que cuestiona tanto su inspiración como su autoridad. De hecho, la Biblia se entiende simplemente como un conjunto de ideas de gente que vivió en una cultura relativamente primitiva y que posiblemente no podría entender el mundo como lo entendemos hoy. Al mismo tiempo, el elemento sobrenatural se ha minimizado o hasta eliminado del cuadro. Esto convierte a la Biblia en un documento que, en vez de ser la opinión de Dios sobre el hombre, se ha transformado en la opinión del hombre acerca de Dios. Y el resultado es que, para muchos, la Biblia se ha vuelto prácticamente irrelevante en una época de pensamiento darwiniano y de filosofía moderna.

Sin embargo, nosotros rechazamos totalmente esa postura. Al contrario, en el Nuevo Testamento podemos ver la forma inspirada de considerar toda la Escritura al estudiar de qué manera Jesús y los apóstoles interpretaron el Antiguo Testamento, la única Biblia que tenían en ese entonces. ¿Cómo se relacionaban con las personas, los lugares y los acontecimientos descritos? ¿Cuáles eran sus presuposiciones y métodos de interpretación consiguientes? Ajustémonos a ellos y a su interpretación, en contraposición a los conceptos erróneos de seres humanos no inspirados cuyas presuposiciones solo conducen al escepticismo y la duda en relación con la Palabra de Dios.

 

Ir ArribaDomingo 12 de abril: Escrito está

El bautismo de Jesús por parte de Juan el Bautista marcó el comienzo del ministerio del Salvador, tras lo cual el Espíritu guio a Jesús al desierto de Judea donde, en su condición humana más débil, fue tentado por Satanás.

Lee Mateo 4:1 al 11. ¿Cómo se defiende Jesús contra las tentaciones de Satanás en el desierto? A través de este relato, ¿qué debemos aprender de la Biblia?

Al sentirse tentado por el apetito, Jesús responde: “Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mat. 4:4). Jesús apunta hacia la Palabra de vida y su fuente suprema y divina. De esta manera, confirma la autoridad de la Escritura. Al verse tentado con los reinos y la gloria del mundo, Jesús responde: “Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Mat. 4:10; Luc. 4:8). Cristo nos recuerda que la verdadera adoración se centra en Dios y en nadie más, y que la sumisión a su Palabra es verdadera adoración. Finalmente, ante la tentación del amor a la ostentación y a la presunción, Jesús responde: “Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (Mat. 4:7; ver además Luc. 4:12).

En las tres tentaciones, Jesús responde con las palabras “Escrito está”. Es decir, Jesús va directo a la Palabra de Dios sin más para enfrentar los ataques y los engaños de Satanás. Esta debería ser una lección poderosa para todos nosotros: la Biblia, y solo la Biblia, es la norma y el fundamento definitivo de nuestra creencia.

Sí, la Biblia y solo la Biblia fueron el método de defensa de Jesús contra los ataques del adversario. Jesús es Dios, pero en su defensa contra Satanás, él se sometió únicamente a la Palabra de Dios.

No es opinión; no es un argumento elaborado y complicado; no son palabras de animosidad personal; sino las palabras simples pero profundas de la Escritura. Para Cristo, la Escritura tiene la máxima autoridad y el máximo poder. De esta manera, su ministerio comienza con un seguro fundamento y continúa construyendo sobre la confiabilidad de la Biblia.

¿Cómo podemos aprender a ser tan dependientes de la Palabra de Dios, y tan sumisos a ella como Jesús?

 

Ir ArribaLunes 13 de abril: Jesús y la ley

Lee Mateo 5:17 al 20; 22:29; y 23:2 y 3. ¿Qué está diciendo Jesús en estos contextos?

Jesús les enseñó a sus discípulos a obedecer la Palabra de Dios y la ley. No hay ningún indicio de que él haya dudado de la autoridad ni de la relevancia de la Escritura. Al contrario, él acudía constantemente a ella como la fuente de la autoridad divina. Y a los saduceos, les dijo: “Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios” (Mat. 22:29). Jesús enseñó que un mero conocimiento intelectual de la Biblia y sus enseñanzas era insuficiente para conocer la verdad y, sobre todo, para conocer al Señor, quién es esa verdad.

¿Qué nos dice Mateo 22:37 al 40 sobre la postura de Jesús en cuanto a la ley de Moisés?

En esta declaración al intérprete de la ley, Jesús resume los Diez Mandamientos, dados a Moisés casi 1.500 años antes. Debiéramos reconocer el hincapié que Jesús hace en la ley del Antiguo Testamento y cómo la eleva al más alto nivel. Muchos cristianos han inferido erróneamente que este es un mandamiento nuevo, y que por eso de alguna manera el evangelio del Nuevo Testamento reemplaza la ley del Antiguo Testamento. Pero el hecho es que lo que Jesús está enseñando se basa en la ley del Antiguo Testamento. Cristo dio a conocer y reveló la ley más plenamente para que “de estos dos mandamientos” (que resumen los Diez Mandamientos: los primeros cuatro se centran en la relación divino-humana, y los posteriores seis se centran en las relaciones interpersonales humanas) “depende toda la ley y los profetas” (Mat. 22:40). De esta manera, Jesús también exalta todo el Antiguo Testamento cuando dice “la ley y los profetas”, ya que esta es una forma abreviada de referirse a la ley, los profetas y los escritos, o las tres divisiones del Antiguo Testamento.

Cristo “señaló las Escrituras como algo de autoridad incuestionable, y nosotros debemos hacer lo mismo. La Biblia debe ser presentada como la Palabra del Dios infinito, como el fin de toda controversia y el fundamento de toda fe” (PVGM 21, 22).

¿Qué fuentes de autoridad (familia, filosofía, cultura) es posible que compitan o se opongan a tu sumisión a la Palabra de Dios?

 

Ir ArribaMartes 14 de abril: Jesús y toda la Escritura

Lee Lucas 24:13 al 35, 44 y 45. ¿Cómo usa Jesús la Escritura para enseñar a los discípulos el mensaje del evangelio?

Después de la muerte de Cristo, sus seguidores estaban confundidos y con dudas. ¿Cómo pudo haber ocurrido esto? ¿Qué significaba? En este capítulo de Lucas, vemos que Jesús se les aparece dos veces, primero a dos que van camino a Emaús, y luego a los demás. En dos ocasiones diferentes, Jesús explica cómo se ha cumplido todo a partir de las profecías del Antiguo Testamento: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Luc. 24:27).

Nuevamente en Lucas 24:44 y 45, dice: “Estas son las palabras que os hablé, [...] que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”. Jesús “entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras”.

Observa la referencia específica en Lucas 24:27 a “todas las Escrituras”. Esto se vuelve a enfatizar en el segundo pasaje como “la ley de Moisés”, “los profetas” y “los salmos” (Luc. 24:44); y establece claramente que Jesús, el Verbo hecho carne (Juan 1:1-3, 14), se vale de la autoridad de las Escrituras para explicar cómo se predijeron estas cosas cientos de años antes. Al mencionar la totalidad de las Escrituras, Jesús les enseña con el ejemplo a los discípulos. A medida que avanzaran en la difusión del mensaje evangélico, también debían exponer todas las Escrituras para brindarles entendimiento y poder a los nuevos conversos de todo el mundo.

Fíjate, también, que en Mateo 28:18 al 20, Jesús les dice a los discípulos de aquel entonces (y a nosotros hoy) que “toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. Pero esa autoridad permanece arraigada en su Padre y en toda la Deidad, porque él les dice: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Luego viene el pasaje clave: “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. ¿Qué enseña y manda Jesús? Sus enseñanzas se basan en todas las Escrituras. Es sobre la base de la autoridad profética de la Palabra como él vino, y es en cumplimiento de las profecías de las Escrituras como se sometió a su Padre.

Si Jesús acepta todas las Escrituras, ¿por qué nosotros debemos hacer lo mismo? Es decir, ¿cómo podemos aprender a aceptar la autoridad de todas las Escrituras, incluso cuando comprendemos que no todo se aplica a nosotros hoy necesariamente? Lleva tu respuesta a la clase el sábado.

 

Ir ArribaMiércoles 15 de abril: Jesús y el origen de la historia de la Biblia

Jesús enseñó que la Biblia es la Palabra de Dios en el sentido de que lo que esta dice es sinónimo de lo que Dios dice. Su origen se encuentra en Dios y, por lo tanto, contiene la máxima autoridad para todos los aspectos de la vida. Dios obró a lo largo de la historia para revelar su voluntad a la humanidad a través de la Biblia.

Por ejemplo, en Mateo 19:4 y 5, Jesús menciona a una referencia escrita por Moisés. Pero Jesús toma este pasaje y dice: “El que los hizo al principio [...] dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre”. En vez de decir “la Escritura dice”, Jesús dice: “El que los hizo al principio [...] dijo”, atribuyendo a la palabra del Creador lo que escribió el narrador del Génesis. De hecho, Jesús considera que Dios es el autor de esta declaración, aunque la haya escrito Moisés.

Lee los siguientes pasajes. ¿Cómo concebía Jesús a los personajes y los acontecimientos históricos de la Biblia? Mateo 12:3, 4; Marcos 10:6-8; Lucas 4:25-27; Lucas 11:51; Mateo 24:38.

Jesús sistemáticamente considera a las personas, los lugares y los hechos del Antiguo Testamento como verdades históricas. Se refiere a Génesis 1 y 2, a Abel en Génesis 4, a David comiéndose el pan de la proposición y a Eliseo, entre otras figuras históricas. Habla repetidas veces de los sufrimientos de los profetas de la antigüedad (Mat. 5:12; 13:57; 23:34-36; Mar. 6:4). En un mensaje de advertencia, Jesús también describe los días de Noé: “Estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mat. 24:38, 39). Todo indica que Jesús se estaba refiriendo a este acto poderoso del juicio de Dios como un hecho histórico.

Debido a que Jesús mismo menciona a estos personajes históricos como reales, ¿qué nos dice sobre el poder de los engaños de Satanás el hecho de que muchos en la actualidad, incluso los cristianos profesos, a menudo nieguen su existencia? ¿Por qué nunca debemos caer en esa trampa?

 

Ir ArribaJueves 16 de abril: Los apóstoles y la Biblia

Los escritores del Nuevo Testamento abordan la Biblia de la misma forma que Jesús. En cuestiones de doctrina, ética y cumplimiento profético, el Antiguo Testamento para ellos era la Palabra autoritativa de Dios. No encontramos nada, en ninguna parte, que estos hombres hayan hecho o dicho que desafíe la autoridad o la autenticidad de cualquier parte de la Biblia.

¿Qué nos enseñan los siguientes pasajes sobre cómo entendían los apóstoles la autoridad de la Palabra de Dios? Hechos 4:24-26; Hechos 13:32-36; Romanos 9:17; Gálatas 3:8.

Observa en estos pasajes cuán estrechamente relacionada está la Escritura con la misma voz de Dios. En Hechos 4, justo antes de ser llenos del Espíritu Santo, los discípulos alaban a Dios por la liberación de Pedro y Juan. En su alabanza, elevan sus voces, reconociendo a Dios como el Creador y por hablar a través de David su siervo. Es decir, las palabras de David son las palabras de Dios. En Hechos 13:32 al 36, Pablo cita nuevamente a David, pero atribuye esas palabras a Dios, porque el versículo 32 se refiere a “la promesa que Dios hizo a nuestros antepasados” (BLP).

En Romanos 9:17, donde uno esperaría que el sujeto fuese Dios, Pablo utiliza el término “Escritura”, diciendo: “porque la Escritura dice a Faraón”, que en realidad podría decirse, “porque Dios dice a Faraón”. En Gálatas 3:8, el sujeto “Escritura” se utiliza en lugar de “Dios”, y muestra cuán estrechamente relacionada está la Palabra de Dios con Dios mismo.

Por cierto, los autores del Nuevo Testamento invariablemente confían en el Antiguo Testamento como la Palabra de Dios. Hay cientos de referencias veterotestamentarias en el Nuevo Testamento. Un erudito ha compilado una lista de 2.688 referencias específicas: cuatrocientas de Isaías, 370 de los Salmos, 220 de Éxodo, y otras. Si a esta lista se agregaran alusiones, temáticas y motivos, la cantidad aumentaría considerablemente. Los libros están repletos de referencias a las profecías del Antiguo Testamento que a menudo se presentan con la frase “está escrito” (Mat. 2:5; Mar. 1:2; 7:6; Luc. 2:23; 3:4; Rom. 3:4; 8:36; 9:33; 1 Cor. 1:19; Gál. 4:27; 1 Ped. 1:16). Todo esto confirma que las Escrituras del Antiguo Testamento son el fundamento sobre el que descansan las enseñanzas de Jesús y los apóstoles.

¿Qué deberían enseñarnos estos ejemplos sobre cuán peligrosas son las ideas que menoscaban nuestra confianza en la autoridad de las Escrituras?

 

Ir ArribaViernes 17 de abril

Para Estudiar y Meditar:

Lee Elena de White, El Deseado de todas las gentes, “La niñez de Cristo”, pp. 49-55, y “La tentación”, pp. 89-99.

“Los hombres se creen más sabios que la palabra de Dios, más sabios incluso que Dios; y en vez de poner los pies sobre el fundamento inamovible y confrontar todo con la palabra de Dios, someten esta palabra a sus propias ideas de ciencia y naturaleza, y si resulta que aquella no concuerda con sus ideas científicas, la descartan por falta de credibilidad” (Signs of the Times, 27 de marzo de 1884, p. 1).

“Los que mejor logran familiarizarse con la sabiduría y el propósito de Dios tal como se revela en su Palabra llegan a ser hombres y mujeres de fortaleza mental, y pueden hacerse obreros eficientes con el gran Educador, Jesucristo. [...] Cristo ha dado a su pueblo las palabras de verdad, y todos están llamados a cumplir su parte en darlas a conocer al mundo. [...] No hay santificación aparte de la verdad: la Palabra. Entonces, ¡cuán esencial es que ella sea comprendida por todos!” (FEC, 478, 479).

Preguntas para Dialogar:

  1. Si Jesús, los autores de los evangelios y Pablo consideraban que las Escrituras del Antiguo Testamento eran la Palabra de Dios, ¿qué debería decirnos esto acerca de por qué actualmente hay muchas perspectivas modernas sobre las Escrituras que están erradas, y por qué no debemos dejarnos engañar por estos argumentos, sin importar quién los inculque?

  2. Solo para dar una idea de hasta dónde han llegado muchos eruditos bíblicos modernos con su escepticismo, estas son algunas de las cosas que muchos eruditos modernos niegan. Rechazan una creación literal de seis días, y en cambio aceptan que hubo miles de millones de años de evolución. Rechazan a un Adán sin pecado en un mundo no caído. Rechazan un diluvio universal. Algunos rechazan la existencia literal de Abraham. Algunos rechazan la historia del Éxodo. Algunos rechazan los milagros de Jesús, incluso su resurrección corporal. Algunos rechazan esa idea de la profecía predictiva, en la que los profetas vaticinan el futuro, a veces siglos o incluso milenios antes. ¿Qué deberían decirnos estas conclusiones sobre lo que sucede cuando la gente comienza a dudar de la autoridad y la autenticidad de las Escrituras? Además, ¿de qué manera se podría ayudar a estas personas a llegar a tener una comprensión clara de la verdad?

  3. En respuesta a la pregunta al final del estudio del martes, ¿cómo entendemos el hecho de que toda la Escritura sea inspirada, incluso las partes que no necesariamente se aplican a nosotros hoy?

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