Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "Descanso en Cristo"

Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2021

Lección 3: "Las raíces del descontento"

Para el 17 de julio de 2021

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

 

Ir ArribaSábado 10 de julio

Lee Para el Estudio de esta Semana: Mateo 10:34–39; Lucas 12:13–21; Filipenses 2:5–8; Lucas 22:14–30; Mateo 23:1–13.

Para Memorizar: “Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Sant. 3:16).

Los álamos son árboles hermosos, que alcanzan entre 15 y 30 metros de altura. Prosperan en climas fríos con veranos frescos. Su madera se utiliza en muebles y también para hacer fósforos y papel. Los ciervos y otros animales a menudo se alimentan de álamos jóvenes durante los duros inviernos, ya que su corteza contiene muchos nutrientes. Los álamos necesitan mucha luz solar y crecen todo el tiempo, incluso en invierno, lo que los convierte en importantes fuentes de alimento invernal para diferentes especies animales.

Sin embargo, los álamos son más notorios por el hecho de que tienen uno de los sistemas radiculares más grandes del mundo vegetal. Las raíces se reproducen por brotes subterráneos y forman un entramado que puede extenderse con relativa rapidez, cubriendo grandes áreas. Los árboles individuales de álamo temblón pueden vivir hasta 150 años, pero el organismo más grande, ubicado debajo del suelo, puede vivir miles de años.

En el estudio de esta semana, queremos descubrir algunas de las raíces de nuestro descontento. Hay muchas cosas que pueden impedirnos encontrar el verdadero descanso en Jesús. Algunas de ellas son obvias y no requieren mucha atención. Otras, pueden ser menos obvias para nosotros y, al igual que con el enorme sistema subterráneo e invisible del álamo temblón, es posible que no siempre seamos conscientes de las actitudes y las acciones que nos separan de nuestro Salvador.

 

Ir ArribaDomingo 11 de julio: Jesús trae división

Muy pocos disfrutan de los conflictos. Anhelamos armonía y paz. Incluso impartimos seminarios para promover la paz y resolver conflictos en nuestras iglesias o instituciones.

Lee Mateo 10:34 al 39. ¿Qué tenía en mente Jesús al decir que no vino para traer paz sino espada? ¿Qué significa esto, considerando que Jesús es “el Príncipe de Paz” (Isa. 9:6)?

La declaración de Jesús en Mateo 10:34 al 39 es sorprendentemente contradictoria. El Salvador, que vino como un bebé indefenso, no como un rey poderoso rodeado de guardaespaldas de élite, quien predicaba el amor al prójimo y a los enemigos, ahora les dice a sus seguidores que él trae división y conflictos. Los discípulos y la audiencia quizá se hayan preguntado, al igual que nosotros: ¿Cómo puede ser esto?

Mateo 10:35 al 39 en realidad trata sobre lealtades. Jesús cita Miqueas 7:6 y desafía a su audiencia a tomar decisiones por la eternidad. Un hijo debe amar y honrar a sus padres. Ese era un requisito legal de la Ley que Moisés había recibido en el monte; era parte del modo de actuar requerido por Dios. Sin embargo, si ese amor superaba el compromiso del oyente con Jesús, requería una decisión difícil. Un padre y una madre deben amar y cuidar a sus hijos. Sin embargo, si ese amor sobrepasaba el compromiso de los padres con Jesús, requería una decisión difícil. Vayamos por partes, nos recuerda Jesús en este pasaje.

Jesús expresa esta decisión formulando tres frases, y en cada una utiliza el término digno. La dignidad no se basa en normas morales elevadas; ni siquiera en el hecho de vencer el pecado. La dignidad se basa en nuestra relación con Jesús. Somos dignos cuando lo elegimos a él por sobre todo lo demás (lo que incluye a nuestra madre, padre o hijos). Elegimos el sufrimiento de la Cruz y seguimos a Jesús.

“No tengo mayor deseo que el de ver a nuestra juventud imbuida por el espíritu de la religión pura que los conducirá a tomar su cruz y seguir a Jesús. ¡Adelante, jóvenes discípulos de Cristo, gobernados por los sanos principios, ataviados de vestimentas de pureza y de justicia! Vuestro Salvador os guiará hacia el puesto que se adapte mejor a vuestros talentos y en el que podáis ser más útiles” (TI 5:82).

A veces nos vemos obligados a llevar una cruz que no elegimos; y a veces, voluntariamente llevamos una cruz. Cualquiera sea el caso, ¿cuál es la clave para llevar esa cruz fielmente?

 

Ir ArribaLunes 12 de julio: Egoísmo

Como en el caso del álamo y su gran sistema subterráneo de raíces, el egoísmo es parte del enorme entramado subterráneo llamado “pecado” que nos impide hallar verdadero descanso en Jesús. De todas las expresiones del pecado en nuestra vida, el egoísmo parece ser la más fácil de manifestar, ¿verdad? Para la mayoría de nosotros, el egoísmo es tan natural como respirar.

Lee Lucas 12:13 al 21. Describe el problema destacado en la parábola de Jesús. Planificar el futuro, ¿es egoísta y expresa desprecio por el Reino de Dios? Si no, o al menos no necesariamente, ¿contra qué nos advierte Jesús?

Esta parábola aparece solo en el Evangelio de Lucas y se relata en respuesta a una pregunta anónima de la audiencia. Cuando se le pregunta sobre una herencia, Jesús responde rechazando el papel de árbitro entre hermanos. En vez de eso, opta por señalar con el dedo el problema subyacente más grande, es decir, el egoísmo. Excava más profundo para mostrar la masa de raíces debajo de nuestras acciones individuales.

Piensa en las expresiones de egoísmo en tu vida. ¿Cómo afecta el egoísmo nuestra relación con Dios, con nuestro cónyuge y familia, con la familia de la iglesia, con nuestros vecinos y colegas de trabajo? ¿Qué clave se encuentra en Filipenses 2:5 al 8?

Al centrarse únicamente en sus propias necesidades y ambiciones, el rico anónimo de la parábola de Jesús se olvidó de considerar las realidades celestiales invisibles. Más grande, mejor y más no son los principios fundamentales del Reino de Dios. Pablo nos ofrece un vistazo de lo que motivó a Jesús cuando decidió convertirse en nuestro sustituto.

Filipenses 2:5 al 8 describen el modelo del altruismo, la humildad y el amor. Si el amor a Dios y a los demás no impulsa nuestras decisiones y prioridades, seguiremos construyendo más “graneros” para nosotros aquí y pondremos menos tesoros en el cielo (Mat. 6:20).

¿Por qué es tan fácil quedar atrapado en el deseo de riquezas y posesiones materiales? Aunque todos necesitamos una cierta cantidad de dinero para sobrevivir, ¿por qué parece ser que, sin importar cuánto tengamos, siempre queremos más?

 

Ir ArribaMartes 13 de julio: Ambición

Estudiar la última semana del ministerio de Jesús en la Tierra antes de su crucifixión es siempre una fuente de aliento e inspiración. También ofrece una instantánea de cómo la inquietud y la ambición llevan a la gente a hacer y decir cosas desacertadas.

Lee Lucas 22:14 al 30 y reflexiona en las emociones de Jesús mientras escucha discutir a sus discípulos, durante esta comida solemne, sobre quién de ellos debería considerarse el más grande (Luc. 22:24). ¿Por qué los discípulos se desviaron de esta ocasión trascendental y se centraron en la grandeza humana?

Rara vez hablamos con otros sobre quién es el mejor en la iglesia, la familia o nuestro lugar de trabajo. Podemos pensar mucho sobre ello, pero ¿quién, en realidad, habla abiertamente de eso?

Esta no era la primera vez que se planteaba esta cuestión en la comunidad de seguidores de Jesús. Mateo 18:1 nos informa que los discípulos presentaron el tema a Jesús y lo formularon de una manera más abstracta: “¿Quién es el mayor en el Reino de los cielos?” La respuesta de Jesús conlleva una lección objetiva. Después de llamar a un niño, lo coloca en el centro del grupo. Todos quedan con los ojos bien abiertos; las cejas levantadas. La acción de Jesús requiere una explicación, y en Mateo 18:3 el Maestro la ofrece también: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos”.

La conversión es fundamental para hallar verdadero descanso en Jesús. Reconocemos que necesitamos ayuda externa. De repente nos damos cuenta de que no podemos depender de nosotros mismos, sino que debemos confiar en Jesús. Experimentamos una transformación de nuestros valores y ambiciones. Jesús les dice a sus discípulos: Confíen en mí y dependan de mí como este niño. La verdadera grandeza está en renunciar a sus derechos y adoptar los valores del Reino.

Desafortunadamente, parece que los discípulos aún no habían aprendido esta lección cuando Jesús participó con ellos de la Última Cena. Sus disputas y luchas internas arruinaron un momento de perfecta comunión, que nunca se repetiría.

¿Todo esto, incluso después de años de estar con Jesús, de servir con Jesús y de escuchar y aprender a sus pies? ¡Qué triste ejemplo de cuán corrupto continúa siendo el corazón humano! Sin embargo, entre los factores más positivos, piensa en la realidad siempre presente de la gracia del Señor, por la que, a pesar de esta patética discusión entre sus seguidores, Jesús no los abandonó.

Mantenernos centrados en Jesús en la Cruz, ¿por qué debería ser un poderoso remedio contra el deseo de exaltación propia, del que todos somos presa como seres humanos caídos?

 

Ir ArribaMiércoles 14 de julio: Hipocresía

Un hipócrita es alguien que actúa, que quiere mostrarse como alguien que no es realmente. El término se usa siete veces en Mateo 23, en un discurso en el que Jesús avergüenza públicamente a los escribas y los fariseos, el núcleo de la dirigencia religiosa judía (Mat. 23:13, 14, 15, 23, 25, 27, 29). Los Evangelios muestran que Jesús ofrecía gracia y perdón a los adúlteros, los recaudadores de impuestos, las prostitutas, e incluso a los asesinos, pero demostró poca compasión por los hipócritas (ver muchas otras referencias en Mat. 6:2, 5, 16; 7:5; 15:7-9; 22:18).

Lee Mateo 23:1 al 13 y enumera cuatro características principales de un hipócrita que Jesús menciona.

Jesús asocia cuatro características con los escribas y los fariseos. En el espectro del judaísmo del siglo I d.C., los fariseos representaban la derecha religiosa conservadora. Se interesaban por la ley oral y escrita y enfatizaban la pureza ritual. En el otro extremo del espectro estaban los saduceos, un grupo de líderes, en su mayoría ricos, a menudo asociados con la clase sacerdotal de élite. Estaban sumamente helenizados (es decir, hablaban griego y se sentían cómodos con la filosofía griega), y no creían en un juicio ni en una vida futura. Los podríamos describir como liberales. Ambos grupos eran culpables de hipocresía.

Según Jesús, somos hipócritas cuando no hacemos lo que decimos; cuando hacemos que la religión sea más difícil para los demás y no aplicamos esos mismos estándares para nosotros mismos; cuando queremos que otros aplaudan nuestro fervor religioso; y cuando exigimos honor y reconocimiento que solo pertenecen a nuestro Padre celestial.

Más allá de sus palabras incisivas y directas, el compromiso de Jesús con aquellos a quienes llamaba hipócritas estaba lleno de amor y preocupación, incluso por estos hipócritas.
“La compasión divina caracterizaba el semblante del Hijo de Dios mientras dirigía una última mirada al Templo y luego a sus oyentes. Con voz ahogada por la profunda angustia de su corazón y amargas lágrimas, exclamó: ‘¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!’ ” (DTG 572).

¿Por qué no necesitas ser un líder religioso para ser culpable del tipo de hipocresía que Jesús condena tan rotundamente aquí? ¿Cómo podemos aprender a ver ese tipo de hipocresía en nosotros mismos si existiera, y cómo podemos deshacernos de ella?

 

Ir ArribaJueves 15 de julio: Cómo erradicar la ansiedad

Lee Juan 14:1 al 6. En medio de nuestra ansiedad, ¿qué podemos hacer para que nuestro corazón no se sienta turbado? ¿Cuál es la clave para superar la división, el egoísmo, la ambición, la hipocresía y hallar el verdadero descanso?

Para superar la ansiedad, el punto de partida siempre es Jesús. Él es el camino, la verdad y la vida. Él conoce la dirección correcta cuando deambulamos sin rumbo fijo en el desierto de nuestro mundo saturado de medios; como Legislador divino, él mismo es la verdad personificada, y su Espíritu nos guiará a toda la verdad (Juan 16:13). Cuando estamos heridos, cansados, agotados, enfermos y desanimados, él es la vida. No cualquier vida. De hecho, nos ha prometido vida en abundancia (Juan 10:10). Esto incluye nuestro hogar eterno y la vida eterna, pero también implica una calidad de vida diferente aquí. El Creador seguramente puede dar en abundancia y sin medida, aun ahora.

“No se turbe vuestro corazón” es una invitación a vivir con expectación. Cuando nos sentimos deprimidos, él puede ponernos en un plano superior. Cuando luchamos contra las tinieblas y el pecado, él es el que no solo comenzó, sino también quien terminará la buena obra en nosotros (Fil. 1:6).

Por más que las cosas empeoren aquí (algo que bien podemos esperar), considera la promesa que se nos ha dado en Jesús. Él está preparando un “lugar” para nosotros, un lugar donde nuestro dolor, ansiedad y sufrimiento serán desterrados para siempre. Esa es la esperanza que se nos ha dado en Cristo Jesús, y se nos ofrece a todos, sin importar quiénes seamos, sin importar nuestro origen, sin importar cuán miserable haya sido o sea nuestra vida ahora.

Sin embargo, la clave es que acudamos a Dios en nuestra debilidad de todos modos, con nuestro dolor, nuestro estado pecaminoso en general, destrozados, sabiendo que él nos acepta a pesar de estas cosas. De eso se trata la gracia, y la razón por la que debemos creer que nos fue dada si la buscamos con fe.

Lee Jeremías 3:22. ¿Qué nos pide Dios que hagamos nosotros? Y luego, ¿qué hará por nosotros en respuesta?

Piensa en las palabras de Jesús: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). ¿Qué debería decirnos esto acerca de la importancia de la promesa de la Segunda Venida? Especialmente para nosotros como adventistas (con nuestro conocimiento sobre la muerte), ¿por qué es tan preciosa la promesa de la Segunda Venida?

 

Ir ArribaViernes 16 de julio

Para Estudiar y Meditar:

“No puede haber crecimiento o fructificación en la vida que se centra en el yo. Si has aceptado a Cristo como tu Salvador personal, debes olvidarte de ti mismo y tratar de ayudar a otros. Habla del amor de Cristo, cuenta de su bondad. Haz todos los servicios que se presenten. Lleva la carga de las almas sobre tu corazón, y por todos los medios que estén a tu alcance, trata de salvar a los perdidos. A medida que recibas el Espíritu de Cristo –el Espíritu de amor desinteresado y trabajo por otros–, crecerás y darás frutos. Las gracias del Espíritu madurarán en tu carácter. Tu fe se incrementará, tus convicciones se profundizarán, tu amor se perfeccionará. Reflejarás más y más la semejanza de Cristo en todo lo que es puro, noble y precioso” (PVGM 47).

En cuanto al abordaje de cuestiones entre los miembros de la iglesia, “la conversación se prolongaba por horas entre las partes interesadas, y no solo habían malgastado su tiempo, sino que habían retenido a los siervos de Dios para que los escuchasen, cuando el corazón de ambas partes no estaba subyugado por la gracia. Si se pusieran a un lado el orgullo y el egoísmo, cinco minutos bastarían para eliminar la mayoría de las dificultades” (PE 50).

Preguntas para Dialogar:

  1. En clase, piensen en formas prácticas de superar el egoísmo. ¿Cómo pueden cuidarse los unos a los otros para que estas ideas se conviertan en realidad?

  2. Las ambiciones no son inherentemente malas. Sin embargo, ¿cómo podemos anticipar e imaginar grandes cosas de Dios sin caer en la trampa de ser consumidos por la ambición?

  3. La mayoría de nosotros no muestra ambición, hipocresía, egoísmo o envidia por fuera; somos muy susceptibles de ofrecer una fachada externa más benigna. Sin embargo, como el enorme sistema de raíces de un álamo, todas estas características negativas se esconden debajo de la superficie. ¿Cómo se ve en la práctica la transformación del carácter guiada por el Espíritu? ¿Cómo podemos vencer la raíz de la ansiedad y hallar verdadero descanso en Jesús?

  4. Reflexiona en la respuesta a la pregunta final del jueves sobre la importancia de la Segunda Venida. Después de todo, sin ella, ¿qué esperanza tenemos? Sin ella, ¿de qué nos habría servido la primera venida de Cristo, sabiendo que los muertos duermen hasta la resurrección, que ocurre recién en la Segunda Venida?

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