Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "Descanso en Cristo"

Edición para maestros. Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2021

Lección 13: "El descanso supremo"

Para el 25 de septiembre de 2021

 

Reseña | Comentario | Aplicación a la vida

 

Ir ArribaRESEÑA

El título de la lección de esta semana, “El descanso supremo”, implica que nuestro descanso aquí es solo temporal. Hoy descansamos en Cristo, pero nuestro descanso siempre está en el contexto de un mundo de sufrimiento, dolor y enfermedad. Se acerca el día en que entraremos en el descanso eterno. Todas las angustias de la vida se acabarán. Las enfermedades, los desastres y la muerte desaparecerán para siempre.

Jesús dio al anciano apóstol Juan, exiliado en la isla de Patmos, una visión de sí mismo. Esta visión de Cristo dio ánimo y esperanza al apóstol. En las revelaciones proféticas, Juan vio la historia de la iglesia cristiana y los acontecimientos trascendentales al final de la historia de esta Tierra. El libro de Apocalipsis concluye presentando un cielo nuevo y una Tierra Nueva, que marcan el comienzo del descanso definitivo y supremo de Dios.

Antes de ese descanso definitivo, habrá señales específicas que señalarán el regreso de Jesús. En Mateo 24, Jesús describe estos sucesos del tiempo del fin, que ocurrirán con mayor frecuencia antes de su gloriosa segunda venida. A lo largo de los siglos, los patriarcas y los profetas esperaron con ansias el regreso del Señor sin haber experimentado todavía el “descanso supremo” que Cristo prometió. Murieron previendo un evento futuro, pero murieron con esperanza. En Apocalipsis 14:6 al 12, el ángel que visitó a Juan proclamó el mensaje celestial de los últimos días para preparar al mundo para el regreso de Cristo.

Mientras la batalla entre el bien y el mal ruge a escala global, Cristo nos invita a “velar” y “estar preparados” para su pronto regreso, y estar preparados para entrar en su descanso eterno.

 

Ir Arriba COMENTARIO

Juan nos informa que estaba en la isla de Patmos cuando recibió las visiones que componen el libro de Apocalipsis. Patmos es una islita en el mar Egeo entre las costas de Turquía y Grecia. Tiene unos 14 kilómetros de largo. En la época de Juan, era una colonia penal romana, rocosa y estéril, donde exiliaban a los prisioneros. Allí también había una pequeña comunidad minera, y no mucho más.

Juan era un anciano de unos noventa años cuando recibió las visiones del Apocalipsis. Había vivido una larga vida al servicio de su amado Maestro. Probablemente vivía en Éfeso antes de ser exiliado a Patmos. Ahora estaba separado de sus amigos y familiares. Estaba frágil, y era improbable que alguna vez saliera de esta isla pequeña y aislada. Pero entonces Jesús, en un resplandor de gloria, reveló a Juan la verdad divina que iluminaría y animaría al pueblo de Dios durante siglos. Estas verdades de los últimos días revelan los acontecimientos que sucederán pronto en este mundo para preparar al pueblo de Dios para lo que vendrá. A veces es en las pruebas más grandes de nuestra vida cuando Dios nos habla con mayor claridad. Cuando nos sentimos solos y desanimados, Jesús nos visita como lo hizo con Juan y nos llena con el calor de su presencia.

El libro de Apocalipsis es un libro sobre el Jesús que interviene. No se sienta simplemente en su Trono en el cielo, participa en los asuntos de la vida aquí, en la Tierra. Él satisface nuestras necesidades en el trauma, el dolor y las decepciones que enfrentamos. Cuando Jesús descendió a hablar con su amado discípulo, iluminó la rocosa y estéril Patmos con su gloria. No hay lugar en el que podamos encontrarnos que esté más allá del alcance de Dios. Él se encontrará contigo dondequiera que estés mediante su presencia. El Apocalipsis está lleno de esperanza. Aquel que ahora está con nosotros a través de su Espíritu Santo, pronto vendrá en gloria para llevarnos a casa. Juan declara con alegría: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá” (Apoc. 1:7).

Señales del regreso de Jesús

Jesús vaticinó a sus discípulos que en determinado momento un ejército atacante rodearía Jerusalén y la destruiría (Luc. 21:20). Esto sucedió en el año 70 d.C. cuando Tito, el general romano, invadió Israel y sitió la ciudad. El historiador judío Josefo describe los efectos devastadores del asedio. Dice que la gente, hambrienta, “a menudo llegaba a las manos por un trocito de pan; los niños solían arrancar la comida de la boca de sus padres. Ni el hermano ni la hermana se tenían piedad. Un celemín de maíz era más precioso que el oro” (D. J. Muehlenbruch, trad., “The Destruction of Jerusalem”). Hubo casos durante el asedio en los que los padres hervían a sus hijos que habían muerto y se los comían. Josefo prosigue: “Empujados por el hambre, algunos comían estiércol; otros, las cinchas de sus sillas de montar; aun otros, el cuero despojado de sus escudos; algunos todavía tenían heno en la boca cuando se encontraron sus cuerpos”. Los efectos del ataque de los romanos a Jerusalén fueron espantosos y devastadores. Antes de que terminara, estalló un incendio y otros miles murieron en las llamas.

En la década de 1970, los arqueólogos descubrieron la casa de una familia aristocrática que fue reducida a cenizas en el incendio durante el asedio del año 70 d.C. Esta casa es un testimonio notable de la intensidad de las llamas y del grado de devastación total y de la destrucción absoluta.

Las preguntas de los discípulos

Cuando Jesús habló a sus discípulos de este desastre que se avecinaba, pensaron que algo tan destructivo solo podía suceder en el fin del mundo. Por eso le preguntaron: “¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mat. 24:3).

Los discípulos en realidad estaban haciendo dos preguntas diferentes. La primera pregunta, “¿Cuándo serán estas cosas?”, se refiere a la caída de Jerusalén y la destrucción del Templo. La segunda pregunta fue: “¿Qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” En su respuesta, como se registra en Mateo 24, Jesús combinó los dos acontecimientos. Habló de los sucesos que llevarían a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Estos hechos servirían como un anticipo de lo que sucedería justo antes de su segunda venida. En Mateo 24, Jesús mencionó las señales que precederían a su regreso. Estas señales revelarán la proximidad de su venida.

El Salvador no nos dio una fecha exacta para su venida, pero nos habló de las señales que nos permitirían saber cuándo estará cerca. El sermón de Jesús sobre las señales de los últimos días se centra en cuatro aspectos específicos: (1) las señales en el ámbito religioso; (2) las cuestiones internacionales; (3) la naturaleza; y (4) la sociedad. Estas señales incluyen falsos reavivamientos espirituales, conflictos globales, guerras, hambrunas, desastres naturales, pestilencias, pandemias, delincuencia y violencia en aumento, decadencia de la moralidad y, finalmente, la rápida propagación del evangelio a todo el mundo.

Mateo 24 describe las señales del regreso de Cristo; Apocalipsis 14 es un llamado urgente a estar preparados para su venida.

El mensaje del Apocalipsis para los últimos días

En Apocalipsis 14, el ángel que visita a Juan revela que el mensaje final de Dios se proclamará rápidamente a cada nación, tribu, lengua y pueblo con el propósito de preparar al mundo para su pronto regreso. Es el mensaje del “evangelio eterno” de la asombrosa gracia de Dios para todo un planeta. Es un llamado evangélico a llevar una vida de obediencia, a glorificar a Dios en todo lo que hacemos, en la hora del Juicio. En una era evolucionista, es un llamado a adorarlo como Creador. Es un mensaje de esperanza para el tiempo del fin.
Jesús nos representará en el Juicio y ofrecerá su vida justa en lugar de nuestra vida impía. El apóstol Juan nos da este aliciente: “Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1). El Juicio final de Dios es justo. Él puede representar solo a quienes le entregan su vida y por fe aceptan la vida y la muerte de Jesús en su favor.

Regocijaos en el Señor siempre

Encarcelado en Roma, el apóstol Pablo escribió una carta alentadora a los creyentes de Filipos. Algunos comentaristas de la Biblia han etiquetado el libro de Filipenses como la epístola del gozo. En esta breve carta de cuatro capítulos, Pablo utiliza las palabras “gozo” o “regocijo” repetidamente. El tema del capítulo 1 es “Gozo en las pruebas”. El tema del capítulo 2 es “Gozo en la humildad”, el tema del capítulo 3 es “Gozo en la entrega” y el tema del capítulo 4 es “Gozo en la gratitud”.

Pablo aprendió a vivir en el gozo de Cristo porque descubrió cómo descansar en Cristo. Creía que Cristo lo fortalecería en cada situación y supliría sus necesidades (Fil. 4:13, 19). Su confianza estaba fija en la realidad divina de que su “ciudadanía está en los cielos” y que, un día, Cristo “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya”. Esperaba ansiosamente la venida del Salvador Jesucristo (Fil. 3:20, 21). Él podía “regocija[rse] en el Señor siempre” (Fil. 4:4), porque tenía absoluta confianza en el cuidado de Cristo en el presente y en el cumplimiento del plan eterno de Cristo en el futuro. Su declaración “El Señor está cerca”, le daba la “paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Fil. 4:5, 7). Junto con el apóstol Pablo, podemos regocijarnos de que nunca habrá una situación en la que Cristo no nos brinde ayuda inmediata hoy, esperanza para el mañana y la promesa del descanso supremo en Cristo por toda la eternidad.

 

Ir Arriba APLICACIÓN A LA VIDA

Hace algún tiempo, un amigo compartió esta desgarradora historia. Su hijo de ocho años estaba muriendo a causa de una rara enfermedad de la sangre. Gente de todo el país oró fervientemente por la recuperación del niño. Buscaron a Dios en oración pidiendo una curación milagrosa. El niño empeoraba progresivamente. Los últimos días de su vida, su madre se sentó junto a su cama constantemente sosteniendo su mano y acariciando suavemente su cabello. Cuando se hizo evidente que solo le quedaban unas horas de vida, ella lo tomó en sus brazos y se sentó en una mecedora, entonando suavemente los cantos del cielo. Tiempo después de su muerte, estábamos hablando, y ella hizo esta notable declaración: “Aunque hay un profundo dolor punzante en mi corazón, Dios me ha dado una paz ‘que sobrepasa todo entendimiento’ ”. Cuando alguien le preguntó cuál era esa paz que sobrepasaba todo entendimiento, ella simplemente respondió: “Cuando no comprendes, aún puedes descansar en el amor y el cuidado de Cristo”.

Cuando esta serie de lecciones de estudio de la Biblia llega a su fin, más allá de lo que suceda personalmente en tu vida, Jesús anhela brindarte una “paz [...] que sobrepasa todo entendimiento”. Él está allí para ti, hoy, mañana y siempre. Sus planes son más grandes de lo que puedas imaginar. Recuerda las palabras de Jesús: “El que persevere hasta el fin, este será salvo” (Mar. 13:13). Confía en su fuerza para que te ayude a superar los desafíos de la vida y estar en paz.

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