Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "Descanso en Cristo"

Edición para maestros. Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2021

Lección 2: "Sin descanso y rebeldes"

Para el 10 de julio de 2021

 

Reseña | Comentario | Aplicación a la vida

 

Ir ArribaRESEÑA

La lección de esta semana, “Sin descanso y rebeldes”, se centra en la relación entre la pecaminosidad de nuestra naturaleza humana caída y la falta de paz interior. La inquietud es ese molesto descontento con la vida. La inquietud lucha contra las circunstancias de la vida cuando no resultan ser como esperábamos. La inquietud, trágicamente, no acepta la vida en otros términos que no sean los suyos. No está satisfecha con lo que tiene y busca más.

Este descontento se revela en la actitud de rebelión de Israel en el desierto. En su misericordia, Dios les había provisto el maná para satisfacer su hambre mientras deambulaban por el desierto camino a Canaán. Insatisfechos, se quejaron con Moisés y suplicaron por las “ollas de carne” de Egipto (Éxo. 16:3). Su ansiedad y rebelión los llevó a pedir volver a Egipto. La rebelión conduce a la inquietud, y la inquietud conduce a una mayor rebelión.

Estas hermanas mellizas, la inquietud y la rebelión, a menudo son el resultado de la falta de fe. En la lección de esta semana, consideraremos la experiencia de los diez espías que exploraron la Tierra Prometida. Ellos vieron las asombrosas bondades de la tierra, la reconocieron como una tierra que fluía leche y miel, pero no tenían la fe para creer que Dios podía derrotar a sus enemigos que la ocupaban. Esta falta de fe estalló en abierta rebelión. Luego, cuando Dios describió las consecuencias de su rebelión, se precipitaron a la batalla, en contra de las instrucciones de Dios, y sufrieron una terrible derrota. En la lección de esta semana, también consideraremos cuidadosamente la diferencia entre fe y presunción.
La intranquilidad y la rebelión conducen a decisiones precipitadas y a consecuencias nefastas. También encontramos esto en la experiencia de Aarón y María, que se rebelaron contra la autoridad de Dios en el liderazgo de Moisés. En lugar de permitir que estos dos dirigentes sufrieran el impacto total de las consecuencias de su rebelión, Moisés intercedió por ellos. Dios escuchó sus oraciones. La intercesión establece una gran diferencia en el conflicto entre el bien y el mal.

 

Ir Arriba COMENTARIO

Hay una historia fascinante sobre un rey piadoso que se sintió perturbado por la ingratitud de su corte real. Les preparó un gran banquete. Cuando el rey y sus invitados reales estaban sentados a la mesa (según los planes), un mendigo entró arrastrando los pies al salón, se sentó a la mesa del rey y se atiborró de comida. Sin decir una palabra, salió del salón. Los invitados se enfurecieron y pidieron permiso para prender al vagabundo y descuartizarlo por su ingratitud. El rey respondió: “Ese mendigo le ha hecho solo una vez a un rey terrenal lo que cada uno de ustedes hace tres veces al día con Dios. Se sientan a la mesa a comer hasta que están satisfechos. Luego se van, sin reconocer a Dios ni expresarle una palabra de agradecimiento”.

Este era precisamente el problema de Israel. La ingratitud está en el centro mismo de la lección de esta semana, “Sin descanso y rebeldes”. Cuando olvidamos lo que Dios ha hecho por nosotros en el pasado, lo que está haciendo en el presente y lo que hará por nosotros en el futuro, el resultado natural es el descontento. En una declaración notable, Elena de White habla directamente del problema de olvidar las bendiciones de Dios en nuestra vida.
“Olvidaron su amarga servidumbre en Egipto. Olvidaron las bondades y el poder que Dios había manifestado en su favor al liberarlos de la esclavitud. Olvidaron cómo sus hijos se habían salvado cuando el ángel exterminador dio muerte a todos los primogénitos de Egipto. Olvidaron la gran demostración del poder divino en el Mar Rojo. Olvidaron que mientras ellos habían cruzado con felicidad el sendero abierto especialmente para ellos, los ejércitos enemigos, al intentar perseguirlos, se habían hundido en las aguas del mar. Veían y sentían tan solo las incomodidades y pruebas que estaban soportando, y en lugar de decir: ‘Dios ha hecho grandes cosas por nosotros, ya que habiendo sido esclavos, nos hace una nación grande’, hablaban de las durezas del camino, y se preguntaban cuándo terminaría su tedioso peregrinaje” (PP 298).

La ingratitud denota inmadurez espiritual. ¿Has notado alguna vez que los bebés tienen muy poca memoria? Quieren que se satisfagan sus necesidades de inmediato. No tienen mucha paciencia. No recuerdan que sus padres atendieron sus necesidades ayer ni tienen la seguridad de que las satisfarán mañana. Viven para el presente. Los israelitas eran, en cierto modo, como niños inmaduros. Querían satisfacer sus necesidades de inmediato y olvidaron lo que Dios había hecho por ellos en el pasado.

Al vagar por el árido desierto, atravesando las arenas ardientes, los estrechos desfiladeros montañosos y cruzando los accidentados terrenos pedregosos, los israelitas, exhaustos y cansados, pensaban solo en sus necesidades inmediatas. Olvidaron la abundancia de las bendiciones de Dios. Carecían de madurez espiritual. La ingratitud siempre conduce a la ansiedad. El descontento aumenta cuando no somos agradecidos, y es causado en gran parte por la falta de fe. Cuando Moisés se casó con Séfora, que era una forastera de Madián, María y Aarón estaban descontentos. No confiaron en la conducción de Dios. Cuando Dios les proveyó maná en el desierto, muchos israelitas estaban disgustados y querían regresar a Egipto. Nos inquietamos cuando perdemos la perspectiva. El salmista David nos anima a “no olvid[ar] ninguno de sus beneficios” (Sal. 103:2). Tener siempre presente la bondad de Dios trae paz a nuestro corazón. Todos los días, durante cuarenta años en su peregrinaje por el desierto, los israelitas tuvieron la oportunidad de regocijarse en la bondad de Dios cuando caía el maná.

El maná: símbolo del Pan de vida

La caída del maná en el desierto era un símbolo poderoso del cuidado constante de Dios. También era un recordatorio del Mesías, que vendría para satisfacer su hambre espiritual y darles un verdadero descanso. Los profetas judíos veían, en la imagen del pan, un símbolo de la venida del Mesías que supliría todas las necesidades de Israel. El profeta Isaías declaró: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. [...] ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura” (Isa. 55:1, 2). Aquí el pan es obviamente un símbolo del alimento espiritual que satisface el alma. Después de alimentar a los cinco mil en la ladera de una colina en Galilea, un milagro que recuerda cuando Israel era alimentado divinamente por el maná, Jesús declaró: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (Juan 6:51). El maná que caía diariamente en el desierto para satisfacer las necesidades físicas del pueblo de Dios tenía un mensaje más profundo. Así como Dios había satisfecho su hambre física, él satisfaría el apetito de sus almas. Anhelaba darles descanso para la mente y el cuerpo, ya que por fe confiaban en sus provisiones para satisfacer sus necesidades. Pero no pudieron apreciar las bendiciones del Cielo y su espíritu inquieto los llevó a rebelarse contra los planes de Dios para sus vidas.

La historia del peregrinaje de Israel por el desierto es una historia clásica de ingratitud, descontento y falta de fe. La inquietud, la ansiedad paralizante y la preocupación excesiva son a menudo señales de falta de fe. Hay excepciones; a veces, la angustia emocional profundamente arraigada proviene de una condición física o mental y requiere una solución médica. Pero la mayoría de las veces, como en el caso de Israel, es la falta de fe lo que conduce a nuestra falta de descanso y ansiedad.

Diez espías: ansiedad y presunción

Esto indudablemente es cierto en el caso de los espías que envió Moisés para espiar la tierra de Israel. Su exploración debía ser minuciosa. Los ejércitos atacantes de Israel debían estar plenamente informados. Un informe positivo los alentaría a emprender una valiente conquista. Siguieron las instrucciones de Moisés cuidadosamente. Fueron fieles en su misión.

Exploraron la tierra durante cuarenta días y luego regresaron. Dieron un informe entusiasta. Con entusiasmo hablaron de una tierra que era rica y fértil, con abundantes cosechas. Pero luego, su terrible ansiedad hizo que se explayaran sobre lo que percibían como gigantes en la tierra, fortalezas impenetrables y cuantiosos ejércitos enemigos. Estaban inquietos y les faltaba fe para creer que Dios podía librarlos. Se sintieron tan frustrados, que amenazaron con apedrear a los dos espías, Caleb y Josué, que dieron un informe positivo sobre sus posibilidades de conquista. Finalmente, en un acto imprudente, después de que Dios les prohibiera avanzar, se lanzaron a la batalla y sufrieron una aplastante derrota.

La fe los habría impulsado a confiar en Dios para la victoria. La presunción los impulsó a confiar en sus propias habilidades para realizar la tarea, y fueron completamente derrotados. La fe espera en Dios, le toma la palabra y avanza hacia la victoria. La presunción confía en el impulso humano, sustituye la fe por los sentimientos y los juicios humanos y avanza hacia la derrota.

Moisés: Intercesión

Uno de los mayores énfasis en la lección de esta semana es la intercesión de Moisés por su pueblo. A pesar de la rebelión incansable de Israel, Moisés no los abandonó. Él intercedió en favor de ellos hasta que tuvo la seguridad de que Dios perdonaría a su pueblo y finalmente lo conduciría a la Tierra Prometida. Moisés es un tipo de Cristo. Jesús nos conduce de la esclavitud del Egipto de este mundo, a través del desierto a la Tierra Prometida. Nunca nos abandonará; no nos abandonará porque le hayamos fallado. Hoy intercede por ti. Estás en sus pensamientos. Estás en su corazón. Si se lo permitimos, nuestro poderoso Intercesor nos llevará a casa para vivir con él para siempre.

 

Ir Arriba APLICACIÓN A LA VIDA

Elena de White hace este comentario esclarecedor que revela la causa subyacente de todo descontento e ingratitud: “¿Hacemos bien en ser tan incrédulos? ¿Por qué hemos de ser ingratos y desconfiados? Jesús es nuestro amigo; todo el cielo está interesado en nuestro bienestar; y nuestra ansiedad y temor apesadumbran al Santo Espíritu de Dios. No debemos abandonarnos a la ansiedad que nos irrita y desgasta, y que en nada nos ayuda a soportar las pruebas. No debe darse lugar a esa desconfianza en Dios que nos lleva a hacer de la preparación para las necesidades futuras el objeto principal de la vida, como si nuestra felicidad dependiera de las cosas terrenales. No es voluntad de Dios que su pueblo esté cargado de preocupaciones” (PP 299). El apóstol Pedro nos invita a depositar “toda [n]uestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de [n]osotros” (1 Ped. 5:7).

¿Cómo aprendemos a confiar verdaderamente en Dios y en sus promesas, además de actuar por fe en esas promesas? Compartan ejemplos de sus experiencias de cómo actuaron siguiendo las promesas de Dios.

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