Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "En estos postreros días: El mensaje de Hebreos"

Primer trimestre (enero-marzo) de 2022

Lección 2: "El mensaje de Hebreos"

Para el 8 de enero de 2022

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

 

Ir ArribaSábado 1 de enero

Lee Para el Estudio de esta Semana: Hebreos 1:5–14; Lucas 1:30–33; Salmo 132:1–5; Hebreos 2:14–16; 5:1–4; 1 Pedro 2:9; Hebreos 8:8–12.

Para Memorizar: “Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos” (Heb. 8:1).

Un documento judío escrito unas décadas después de Hebreos, alrededor del año 100 d.C., contiene una oración: “Todo esto he hablado delante de ti, oh Señor, porque dijiste que fue por nosotros que creaste este mundo. [...] Y ahora, oh Señor, he aquí estas naciones, que son consideradas como nada, nos dominan y nos devoran. Pero nosotros, tu pueblo, a quien has llamado tu primogénito, unigénito, celoso de ti y muy amado, hemos sido entregados en sus manos” (J. H. Charlesworth, ed., The Old Testament Pseudepigrapha [Pseudoepigráficos del Antiguo Testamento], t. 1, p. 536).

Los lectores de Hebreos probablemente sintieron algo similar. Si eran hijos de Dios, ¿por qué estaban pasando por tanto sufrimiento?

Por ende, Pablo escribió Hebreos para fortalecer la fe de los creyentes en medio de sus pruebas. Les recordó (a ellos y a nosotros) que las promesas de Dios se cumplirán a través de Jesús, quien está sentado a la diestra del Padre y que pronto nos llevará a casa. Mientras tanto, Jesús nos transmite las bendiciones del Padre. Por ende, debemos aferrarnos a nuestra fe hasta el final.

 

Ir ArribaDomingo 2 de enero: Jesús es nuestro Rey

El punto principal de Hebreos es que Jesús es el Gobernante, quien está sentado a la diestra del Padre (Heb. 8:1). Como Dios, Jesús siempre ha sido el gobernante del universo. Pero cuando Adán y Eva pecaron, Satanás se convirtió en el gobernante de este mundo (Juan 12:31; 14:30; 16:11). Sin embargo, Jesús vino y derrotó a Satanás en la cruz, recuperando el derecho de gobernar a quienes lo aceptan como su Salvador (Col. 2:13-15).

Los dos primeros capítulos de Hebreos se enfocan especialmente en la investidura de Jesús como Rey.

Lee Hebreos 1:5 al 14. ¿Qué está sucediendo aquí?

Estos versículos se organizan en tres partes. Cada parte presenta un aspecto de la ceremonia de entronización del Hijo. En primer lugar, Dios adopta a Jesús como su Hijo real (Heb. 1:5). En segundo lugar, Dios presenta al Hijo ante la corte celestial, quienes lo adoran (Heb. 1:6, 8) mientras el Señor proclama el gobierno eterno del Hijo (Heb. 1:8-12). En tercer lugar, Dios entroniza al Hijo: el otorgamiento del poder en sí (Heb. 1:13, 14).

Una de las creencias más importantes del Nuevo Testamento es que en Jesús Dios cumplió sus promesas a David (ver 2 Sam. 7:8–16; Luc. 1:30–33). Jesús nació del linaje de David en la ciudad de David (Mat. 1:1-16; Luc. 2:10, 11). Durante su ministerio, la gente a menudo lo llamaba “hijo de David”. Fue ejecutado bajo la acusación de pretender ser “EL REY DE LOS JUDÍOS” (Mat. 27:37). Pedro y Pablo predicaron que Jesús había resucitado de la muerte en cumplimiento de las promesas hechas a David (Hech. 2:22–36; 13:22–37). Y Juan identificó a Jesús como “el León de la tribu de Judá” (Apoc. 5:5).

Hebreos, por supuesto, concuerda. Dios cumplió en Jesús las promesas hechas a David: Dios le dio un nombre “excelente” (Heb. 1:4), lo adoptó como a su propio Hijo (Heb. 1:5), estableció su trono para siempre (Heb. 1:8, 12), y lo sentó a su “diestra” (Heb. 1:13, 14). Además, de acuerdo con Hebreos 4, Jesús guía al pueblo al reposo de Dios y nos recuerda que Jesús es el constructor de la casa de Dios (Heb. 3:3, 4).

Jesús, entonces, es el gobernante legítimo inmerso en una guerra contra Satanás, el usurpador, por nuestra lealtad.

¿Cómo podemos consolarnos –especialmente en medio de las pruebas– al saber que Jesús es el gobernante del universo?

 

Ir ArribaLunes 3 de enero: Jesús es nuestro mediador

Un concepto interesante de la teología del Antiguo Testamento es que el rey davídico prometido representaría a la nación ante Dios.

Compara Éxodo 4:22 y 23 con 2 Samuel 7:12 al 14; Deuteronomio 12:8 al 10 con 2 Samuel 7:9 al 11; y Deuteronomio 12:13 y 14 con Salmo 132:1 al 5, y 11 al 14. ¿Qué promesas a Israel se cumplirían a través del rey davídico prometido?

Israel era el hijo de Dios, y Dios le daría un lugar donde descansar de sus enemigos. Dios también elegiría un lugar entre ellos donde habitaría su nombre. Estas promesas para Israel se transfirieron al rey davídico prometido. Sería adoptado como hijo de Dios, Dios le daría descanso de sus enemigos y construiría un templo para Dios en Sion donde moraría el nombre de Dios. Esto significa que Dios cumpliría sus promesas hechas a Israel a través del rey davídico prometido. El rey davídico representaría a Israel ante Dios.

La inserción de un representante en la relación entre Dios e Israel hizo posible la perpetuación de su relación de pacto. El pacto mosaico requería la fidelidad de todo Israel para recibir la protección y las bendiciones de Dios (ver Jos. 7:1–13). Sin embargo, el pacto davídico garantizaba las bendiciones del pacto de Dios sobre Israel mediante la fidelidad de una persona, el rey davídico.

Desafortunadamente, la mayor parte de los reyes davídicos no fueron fieles y Dios no pudo bendecir a Israel como quería. El Antiguo Testamento está lleno de relatos de cuán infieles realmente fueron muchos de esos reyes.

Lo bueno es que Dios envió a su Hijo a nacer como el Hijo de David, y él fue perfectamente fiel. Por lo tanto, Dios puede cumplir en él todas las promesas que le hizo a su pueblo. Cuando Dios bendice al rey, todo su pueblo comparte los beneficios. Por eso Jesús es el Mediador de la bendición de Dios para nosotros. Él es el Mediador en el sentido de que es el canal a través del que fluye la bendición de Dios. Nuestra máxima esperanza de salvación se encuentra solo en Jesús y en lo que él hizo por nosotros.

Piensa cuántas veces has sido infiel a tu parte del pacto. ¿Qué nos enseña esto? ¿Cuánto debemos confiar solo en Jesús para la salvación?

 

Ir ArribaMartes 4 de enero: Jesús es nuestro defensor

Compara 1 Samuel 8:19 y 20 con Hebreos 2:14 al 16. ¿Qué buscaban los israelitas en un rey y cómo se cumplieron estos deseos en Jesús?

Los israelitas querían a un rey que fuera juez y líder en la batalla porque se olvidaron de que Dios era su rey. La restauración completa del gobierno de Dios sobre su pueblo vino con Jesús. Como nuestro Rey, Jesús nos guía en la batalla contra el enemigo.

Hebreos 2:14 al 16 describe a Jesús como el campeón de los seres humanos débiles. Cristo enfrenta y derrota al diablo en un combate en solitario y nos libra de la esclavitud. Esta descripción nos recuerda la batalla entre David y Goliat. Después de ser ungido rey (1 Sam. 16), David salvó a sus hermanos de la esclavitud al derrotar a Goliat. Los términos del enfrentamiento determinaban que el ganador del combate esclavizaría al pueblo de la otra parte (1 Sam. 17:8-10). Por lo tanto, David actuó como defensor de Israel. Él los representó.

Lee Isaías 42:13; y 59:15 al 20. ¿Cómo se autodescribe Yahvé en estos pasajes?

Hebreos 2:14 al 16 alude a la noción de que Dios salvaría a Israel en un combate individual. Fíjate en este pasaje de Isaías: “Pero así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será rescatado del valiente, y el botín será arrebatado al tirano; y tu pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos” (Isa. 49:25).

Como cristianos, a menudo pensamos que estamos enredados en un combate solitario con Satanás. Cuando leemos Efesios 6:10 al 18, vemos que –efectivamente– estamos en guerra con el diablo. Pero Dios es nuestro defensor y entró en la batalla delante de nosotros. Nosotros somos parte de su ejército; por eso tenemos que usar su armadura. Además, no luchamos solos. Efesios 6 se expresa en plural. Nosotros, como iglesia, tomamos la armadura y luchamos juntos detrás de nuestro defensor, que es Dios mismo.

¿Qué significa ponerse la armadura de Dios? Es decir, en nuestras luchas diarias con el yo, la tentación y demás, ¿cómo podemos aprovechar el poder que nos capacita, por la fuerza de Dios, para ser fieles?

 

Ir ArribaMiércoles 5 de enero: Jesús es nuestro sumo sacerdote

Hebreos 5 al 7 presenta una segunda función de Jesús. Él es nuestro Sumo Sacerdote. El autor explica que esto cumple una promesa que Dios le había hecho al rey davídico prometido, de que él sería “sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (Sal. 110:4; citado en Heb. 5:5, 6).

Lee Levítico 1:1 al 9; 10:8 al 11; Malaquías 2:7; Números 6:22 al 26; y Hebreos 5:1 al 4. ¿Qué funciones cumplía el sacerdote?

Los sacerdotes fueron designados para representar a los seres humanos y mediar en su relación con Dios y las cosas que le conciernen. El sacerdote era un mediador. Esto valía para cualquier sistema de sacerdocio, ya fuera israelita, griego, romano o cualquier otro. El sacerdote instrumentaba la con Dios, y toda su ocupación apuntaba a facilitar la relación entre el pueblo y Dios.

El sacerdote ofrece sacrificios en nombre de los seres humanos. El pueblo no puede llevar estos sacrificios a Dios personalmente. El sacerdote sabría cómo ofrecer un sacrificio “aceptable” para que nuestros dones sean aceptables ante Dios, consiguiendo la purificación o el perdón.

Los sacerdotes también enseñaban la ley de Dios al pueblo. Eran expertos en los mandamientos de Dios y se encargaban de explicarlos y aplicarlos. Finalmente, los sacerdotes también tenían la responsabilidad de bendecir en nombre de Yahvé. A través de ellos, Dios mediaba su buena voluntad y propósito benefactor para con el pueblo.

Sin embargo, en 1 Pedro 2:9, hay un avance. Los creyentes en Jesús recibimos el título de “real sacerdocio”. Este rol implica privilegios increíbles. Los sacerdotes podían acercarse a Dios en el santuario. Hoy, podemos acercarnos a Dios confiadamente mediante la oración (Heb. 4:14–16; 10:19–23). También hay responsabilidades importantes. Debemos colaborar con Dios en su obra de salvar al mundo. Él quiere que les enseñemos y expliquemos sus leyes y preceptos a los demás. También quiere que ofrezcamos sacrificios de alabanza y buenas obras que le agraden. ¡Qué privilegio y qué responsabilidad!

¿Qué diferencia debería marcar en nuestra vida el ser hechos “real sacerdocio”? ¿Cómo debería afectar nuestra manera de vivir esta realidad?

 

Ir ArribaJueves 6 de enero: Jesús es mediador de un mejor pacto

Hebreos 8 al 10 se centra en la obra de Jesús como Mediador de un Nuevo Pacto. El problema con el antiguo pacto es que era solo un presagio de las cosas buenas que vendrían. Sus instituciones fueron diseñadas para prefigurar, ilustrar, la obra que el Mesías Jesús habría de hacer en el futuro. Así, los sacerdotes prefiguraban a Jesús, pero eran mortales y pecadores. No podían ofrecer la perfección que Jesús ofrecería. Y ministraban en un santuario que era una “figura y sombra” del Santuario Celestial (Heb. 8:5).

Jesús ministra en el verdadero Santuario y nos brinda acceso a Dios. Los sacrificios de animales prefiguraban la muerte de Jesús como un sacrificio en nuestro favor, pero esa sangre no podía limpiar la conciencia. Sin embargo, la muerte de Jesús purifica nuestra conciencia para que podamos acercarnos a Dios con denuedo (Heb. 10:19-22).

Lee Hebreos 8:8 al 12. ¿Qué nos prometió Dios en el Nuevo Pacto?

Al designar a Jesús como nuestro Sumo Sacerdote, el Padre estableció un Nuevo Pacto que logrará lo que el antiguo pacto solo podía anticipar. El nuevo pacto ofrece lo que solo un sacerdote perfecto, eterno, divino-humano puede ofrecer. Este Sumo Sacerdote no solo explica la ley de Dios, sino además la implanta en nuestro corazón. Este Sacerdote ofrece un sacrificio que brinda perdón. Este Sacerdote nos limpia y nos transforma. Él transforma nuestro corazón de piedra en uno de carne (Eze. 36:26). Él realmente nos crea de nuevo (2 Cor. 5:17). Este Sacerdote nos bendice de la manera más increíble, brindándonos acceso a la presencia del mismísimo Padre.

Dios planeó que el antiguo pacto apuntara hacia el futuro, la obra de Jesús. Era hermoso en su diseño y propósito. Sin embargo, algunos malinterpretaron su propósito. Reacios a dejar los símbolos, las sombras y abrazar las verdades a las que apuntaban los símbolos, se perdieron los maravillosos beneficios que les ofrecía el ministerio de Jesús.

“Cristo era el fundamento y la vida del templo. Sus servicios eran típicos del sacrificio del Hijo de Dios. El sacerdocio había sido establecido para representar el carácter y la obra mediadora de Cristo. Todo el plan de adoración sacrificial era una prefiguración de la muerte del Salvador para redimir al mundo. No habría eficacia en esas ofrendas cuando el gran evento al cual señalaran durante siglos fuese consumado” (DTG 137).

 

Ir ArribaViernes 7 de enero

Para Estudiar y Meditar:

A pesar de todas las verdades buenas y llenas de esperanza del libro de Hebreos, también hay una serie de advertencias que alcanzan su punto culminante en los capítulos 10 al 12. Estos capítulos tienen al menos dos elementos en común. En primer lugar, todos comparan a la generación del desierto con los lectores de Hebreos. En segundo lugar, nos exhortan a tener fe.

La generación del desierto fue la que vio el asombroso poder de Dios manifestado en señales y milagros en su liberación de Egipto. También escucharon a Dios pronunciar los Diez Mandamientos desde el monte Sinaí. Vieron la columna de fuego de noche y la nube protectora durante el día. Comieron maná, pan del cielo. También bebieron agua que brotaba de las rocas dondequiera que acampaban. Pero cuando llegaron a la frontera de la Tierra Prometida, no pudieron confiar en Dios. Les faltó fe, que es la esencia de lo que Dios requiere. “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11:6).

Pablo dice que nosotros, al igual que la generación del desierto, también estamos en la frontera de la Tierra Prometida (Heb. 10:37–39). No obstante, nuestros privilegios y responsabilidades son mayores. No escuchamos a Dios hablar desde el monte Sinaí, pero hemos visto a través de las Escrituras una mayor revelación de Dios en el monte Sion: Dios hecho carne, Jesucristo (Heb. 12:18-24). La pregunta es: ¿tendremos fe? El autor nos anima a seguir el ejemplo de una gran lista de personajes, que culmina con el mismo Jesús.

Preguntas para Dialogar:

  1. Hemos aprendido que Jesús es nuestro defensor y que va delante de nosotros en la batalla contra el diablo. ¿Cómo podemos luchar juntos, unidos, como iglesia detrás de nuestro Defensor? ¿Cuáles son esas cosas que impiden que se dé esta unidad? ¿Cuáles son las formas en que Satanás puede debilitarnos como iglesia? ¿Cómo debilitó Satanás a Israel en el pasado?

  2. Como creyentes, somos una comunidad de sacerdotes bajo la dirección de Dios. ¿De qué manera tu iglesia local puede ofrecer mejores sacrificios de alabanza y buenas obras a Dios? Sé específico y práctico.

  3. ¿En qué se asemeja nuestra situación a la situación de la generación del desierto justo antes de entrar en la Tierra Prometida? ¿Qué lecciones podemos aprender de estas similitudes?

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