Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "El Génesis"

Segundo trimestre (abril-junio) de 2022

Lección 6: "Las raíces de Abraham"

Para el 7 de mayo de 2022

Sábado | Domingo | Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes

 

Ir ArribaSábado 30 de abril

Lee Para el Estudio de esta Semana: Génesis 12; Isaías 48:20; 36:6, 9; Jeremías 2:18; Génesis 13; 14; Hebreos 7:1–10.

Para Memorizar: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Heb. 11:8).

Ahora hemos llegado al centro del libro de Génesis. Esta sección central (Gén. 12-22) cubrirá el viaje de Abraham, desde el primer llamado de Dios, lej lejá, “Vete” (Gén. 12:1), que lleva a Abraham a dejar su pasado, hasta el segundo llamado de Dios, lej lejá, “vete” (Gén. 22:2), que lleva a Abraham a dejar su futuro (representado en la existencia de su hijo). Como resultado, Abraham está siempre en movimiento, siempre migrando, razón por la que también se lo llama “extranjero” (Gén. 17:8, NTV).

En su peregrinación, Abraham está suspendido en el vacío, sin su pasado, que ha perdido, y sin su futuro, que no ve. Entre estos dos llamados, que enmarcan el viaje de fe de Abraham, Abraham escucha la voz de Dios, que lo tranquiliza: “No temas” (Gén. 15:1). Estas dos palabras de Dios marcan las tres secciones del viaje de Abraham, que estudiaremos en las semanas 6, 7 y 8.

Abraham ejemplifica la fe (Gén. 17:6) y en las Escrituras hebreas se lo recuerda como el hombre fiel (Neh. 9:7, 8). En el Nuevo Testamento, Abraham es una de las figuras veterotestamentarias más mencionadas, y esta semana comenzaremos a ver por qué.

 

Ir ArribaDomingo 1 de mayo: La salida de Abraham

Lee Génesis 12:1 al 9. ¿Por qué Dios llamó a Abram a dejar su país y a su familia? ¿Cómo respondió Abram?

La última vez que Dios había hablado a una persona, al menos según se registra en las Escrituras, fue a Noé, para asegurarle después del Diluvio que establecería un pacto con toda carne (Gén. 9:15-17) y que nunca más habría otro diluvio mundial. La nueva palabra de Dios, ahora para Abram, se vuelve a conectar con esa promesa: todas las naciones de la Tierra serán bendecidas por intermedio de Abram.

El cumplimiento de esa profecía comienza con abandonar el pasado. Abram deja todo lo que le era familiar: su familia y su país, incluso una parte de sí mismo. La intensidad de esta salida se refleja en la repetición de la palabra clave “vete”, que aparece siete veces en este contexto. En primer lugar, Abram tiene que dejar su país, “Ur de los caldeos”, que también es Babilonia (Gén. 11:31; Isa. 13:19). Este llamado a “salir de Babilonia” tiene una larga historia entre los profetas bíblicos (Isa. 48:20; Apoc. 18:4).

La partida de Abram también incumbe a su familia. Abram debe dejar su herencia y mucho de lo que aprendió y adquirió mediante el legado, la educación y la influencia.

Sin embargo, el llamado de Dios a salir implica aún más. La frase hebrea lej lejá, “vete”, traducida literalmente, significa “ve tú mismo” o “ve por ti mismo”. La partida de Abram de Babilonia concierne más que a su entorno, o a su familia incluso. La frase hebrea sugiere un énfasis en él mismo. Abram tiene que dejarse a sí mismo, deshacerse de la parte de sí mismo que contiene su pasado babilónico.

El objetivo de esta renuncia es una “tierra” que Dios le mostrará. El mismo lenguaje se usará nuevamente en el contexto del sacrificio de Isaac (Gén. 22:2), para referirse al monte Moriah, donde se ofrecerá a Isaac y donde se construirá el Templo de Jerusalén (2 Crón. 3:1). La promesa de Dios no tiene que ver solo con una patria física, sino con la salvación del mundo.

Esta idea se reafirma en la promesa de Dios de bendecir a todas las naciones (Gén. 12:2, 3). El verbo baraj, “bendecir”, aparece cinco veces en este pasaje. El proceso de esta bendición universal obra por intermedio de la “simiente” de Abram (Gén. 22:18; 26:4; 28:14). El texto se refiere aquí a la “simiente”, que finalmente se cumplirá en Jesucristo (Hech. 3:25).

¿Qué podría estar llamándote a dejar atrás Dios?, es decir, ¿qué parte de tu vida quizá tengas que abandonar para atender el llamado de Dios?

 

Ir ArribaLunes 2 de mayo: La tentación de Egipto

Lee Génesis 12:10 al 20. ¿Por qué Abram dejó la Tierra Prometida para ir a Egipto? ¿Cómo se comportó el faraón en comparación con Abram?

Irónicamente, Abram, que acababa de llegar a la Tierra Prometida, decide dejarla y partir a Egipto porque había “hambre en la tierra” (Gén. 12:10). Las evidencias de gente de Canaán que partió a Egipto en tiempos de hambruna están bien documentadas en los textos del antiguo Egipto. En la enseñanza egipcia de Merikare, un texto compuesto durante el período del Reino Medio (2060-1700), al proveniente de Canaán se lo identifica como “asiático miserable” (aamu) y se lo describe como “canalla [...] escaso de agua [...] no habita en un solo lugar, la comida impulsa sus piernas” (M. Lichtheim, Ancient Egyptian Literature, Volume I: The Old and Middle Kingdoms, pp. 103, 104).

La tentación de Egipto a menudo era un problema para los antiguos israelitas (Núm. 14:3; Jer. 2:18). Por lo tanto, Egipto llegó a ser un símbolo de la humanidad que confía en la humanidad, y no en Dios (2 Rey. 18:21; Isa. 36:6, 9). En Egipto, donde se podía ver agua a diario, no se necesitaba fe, porque la promesa de la tierra se hacía visible de inmediato. En comparación con la tierra del hambre, Egipto parecía un buen lugar para estar, a pesar de lo que Dios le había dicho.

El Abram que ahora deja Canaán contrasta con el Abram que dejó Ur. Anteriormente, se describió a Abram como un hombre de fe que dejó Ur en respuesta al llamado de Dios; ahora, Abram deja la Tierra Prometida por su cuenta, por iniciativa propia. Antes, Abram confiaba en Dios; ahora se comporta como un político empírico, manipulador y antiético que solo depende de sí mismo. “Durante su estada en Egipto, Abraham dio evidencias de que no estaba libre de la debilidad y la imperfección humanas. Al ocultar el hecho de que Sara era su esposa, reveló desconfianza en el amparo divino, una falta de esa fe y ese valor elevad&icacute;simos tan frecuente y noblemente manifestados en su vida” (PP 123).

Por consiguiente, lo que vemos aquí es cómo hasta un gran hombre de Dios puede cometer un error y, no obstante, Dios no lo abandonó. Cuando el Nuevo Testamento habla de Abraham como un ejemplo de salvación por gracia, significa precisamente eso: gracia. Porque si no fuera por la gracia, Abraham, como todos nosotros, no habría tenido esperanza.

¿Qué debería enseñarnos esta historia sobre lo fácil que es desviarse del camino correcto, incluso para los cristianos fieles? ¿Por qué la desobediencia nunca es una buena opción?

 

Ir ArribaMartes 3 de mayo: Abram y Lot

Lee Génesis 13:1 al 18. ¿Qué nos enseña esta historia sobre la importancia del carácter?

Abram regresa a donde estaba antes, como si su viaje a Egipto fuera un mero desvío desafortunado. La historia de Dios con Abram comienza otra vez donde se había interrumpido desde su primer viaje a la Tierra Prometida. La primera parada de Abram es Betel (Gén. 13:3), al igual que en su primer viaje a la Tierra (Gén. 12:3-6). Abram se arrepintió y volvió “en sí”: Abram, el hombre de fe.

La reconexión de Abram con Dios ya se muestra en su relación con la gente, en la forma en que afronta el problema con Lot, su sobrino, con respecto al uso de la tierra. Es el mismo Abram quien propone un acuerdo pacífico y permite que Lot elija primero (Gén. 13:9, 10); un acto de generosidad y bondad, muestra de la clase de hombre que era Abram.

El hecho de que Lot eligiera la mejor parte y lo más fácil para él, la llanura bien irrigada (Gén. 13:10, 11), sin ninguna preocupación por la maldad de sus futuros vecinos (Gén. 13:13), revela algo sobre su codicia y su carácter. La frase “para sí” nos recuerda a los antediluvianos, que también eligieron “para sí” (ver Gén. 6:2).

En contraste, el accionar de Abram fue un acto de fe. Abram no eligió la tierra; la recibió por la gracia de Dios. A diferencia de Lot, Abram contempló la tierra solo por mandato de Dios (Gén. 13:14). Recién después de que Abram se separa de Lot, Dios le vuelve a hablar (Gén. 13:14). Por cierto, esta es la primera vez que se registra que Dios le habla a Abram desde su llamado en Ur. “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (Gén. 13:14, 15). Luego Dios invita a Abram a ir “y recorre[r]” (NVI) esta tierra como un acto de apropiación. “Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré” (Gén. 13:17).

No obstante, el Señor le deja muy en claro que es él quien se la da a Abram. Es un regalo, un don de la gracia, que Abram debe apropiarse por fe, una fe que conduce a la obediencia. Es la obra de Dios únicamente la que llevará a cabo todo lo que le ha prometido a Abram aquí (ver Gén. 13:14-17).

¿Cómo podemos aprender a ser amables y generosos con los demás, incluso cuando ellos no lo son con nosotros?

 

Ir ArribaMiércoles 4 de mayo: La coalición de Babel

Lee Génesis 14:1 al 17. ¿Qué tiene de relevante esta guerra que ocurre justo después del regalo de la Tierra Prometida? ¿Qué nos enseña esta historia sobre Abram?

Esta es la primera guerra narrada en las Escrituras (Gén. 14:2). La coalición de cuatro ejércitos de Mesopotamia y Persia contra la otra coalición de cinco ejércitos cananeos, incluidos los reyes de Sodoma y Gomorra (Gén. 14:8), sugiere un conflicto a gran escala (Gén. 14:9). La razón de esta operación militar tiene que ver con el hecho de que los pueblos cananeos se habían rebelado contra sus soberanos babilónicos (Gén. 14:4, 5). Aunque esta historia se refiere a un conflicto histórico específico, el momento de esta guerra “global”, justo después del regalo de Dios de la Tierra Prometida a Abram, le da a este acontecimiento una importancia espiritual peculiar.

La participación de tantos pueblos del país de Canaán sugiere que el tema en juego en este conflicto era la soberanía sobre la tierra. Irónicamente, el campamento de Abram, la parte verdaderamente interesada, porque él es el único dueño verdadero de la tierra, es la única fuerza que permanece al margen del conflicto, al menos al principio.

La razón de la neutralidad de Abram es que, para el patriarca, la Tierra Prometida no se adquiría mediante la fuerza de las armas ni la sabiduría de las estrategias políticas; el reino de Abram era un regalo de Dios. La única razón por la que Abram intervendrá es el destino de su sobrino Lot, quien fue tomado prisionero en el transcurso de las batallas (Gén. 14:12, 13).
“Abraham, que habitaba tranquilamente en el encinar de Mamre, fue enterado por un fugitivo de lo ocurrido en aquella batalla y de la desgracia en que hab&icacute;a ca&icacute;do su sobrino. No hab&icacute;a albergado resentimiento por la ingratitud de Lot. Se despertó por él todo su afecto, y decidió que lo rescatar&icacute;a. Abraham buscó, ante todo, el consejo divino, y se preparó para la guerra” (PP 128).

Pero Abram no se enfrenta a toda la coalición. En lo que debió haber sido una operación de comando rápida y nocturna, ataca solo el campamento donde Lot estaba prisionero. Lot se salva y, con él, el rey de Sodoma. Así, este fiel hombre de Dios también mostró gran valor y fortaleza. Sin duda, su influencia en la región creció y la gente vio la clase de hombre que era y aprendió algo más del Dios a quien servía.

¿Qué tipo de influencia tienen nuestras acciones sobre los demás? ¿Qué tipo de mensaje enviamos sobre nuestra fe con nuestros actos?

 

Ir ArribaJueves 5 de mayo: El diezmo de Melquisedec

Lee Génesis 14:18 al 24; y Hebreos 7:1 al 10. ¿Quién era Melquisedec? ¿Por qué Abram le dio su diezmo a este sacerdote que al parecer surge de la nada?

La repentina aparición del misterioso Melquisedec no está fuera de lugar. Después de que los reyes cananeos agradecieron a Abram, ahora él le agradece a este sacerdote, lo que se refleja por la devolución del diezmo.

Melquisedec proviene de la ciudad de Salem, que significa “paz”, un mensaje apropiado después de la agitación de la guerra.

El componente tsédeq, “justicia”, en el nombre de Melquisedec, aparece en contraste con el nombre del rey de Sodoma, Bera (“en maldad”), y Gomorra, Birsa (“en iniquidad”), probablemente apellidos de lo que ellos representaban (Gén. 14:2).

Melquisedec aparece después de la reversión de la violencia y el mal, representados por los otros reyes cananeos. Este pasaje también contiene la primera referencia bíblica a la palabra “sacerdote” (Gén. 14:18). La asociación de Melquisedec con el “Dios Altísimo” (Gén. 14:18), a quien Abram considera su Dios (Gén. 14:22), indica claramente que Abram lo veía como sacerdote del Dios a quien él servía. Sin embargo, no debemos identificar a Melquisedec con Cristo. Él era el representante de Dios entre la gente de esa época (ver Comentarios de Elena de White, CBA 1:1106, 1107).

Sin duda, Melquisedec oficia como sacerdote. Sirve “pan y vino”, una asociación que a menudo implica el uso de jugo de uva recién prensado (Deut. 7:13; 2 Crón. 31:5), que vuelve a aparecer en el contexto de la entrega de los diezmos (Deut. 14:23). Además, extiende su bendición a Abram (Gén. 14:19).

Mientras tanto, “le dio Abram los diezmos de todo” (Gén. 14:20) como respuesta a Dios el Creador, el “poseedor de los cielos y de la tierra” (Gén. 14:19, RVA). Este título alude a la introducción de la historia de la Creación (Gén. 1:1), donde la frase “los cielos y la tierra” significa totalidad o “todo”. Como tal, el diezmo se entiende como una expresión de gratitud al Creador, quien es el dueño de todo (Heb. 7:2-6; comparar con Gén. 28:22). Paradójicamente, el adorador entiende que el diezmo no es un regalo para Dios, sino un regalo de Dios, porque Dios nos da todo en primer lugar.

¿Por qué el acto de devolver el diezmo es un poderoso indicador de la fe, así como un gran acto de edificación de la fe?

 

Ir ArribaViernes 6 de mayo

Para Estudiar y Meditar:

Lee Elena de White, Patriarcas y profetas, “Abraham en Canaán”, pp. 125-140.

“La iglesia de Cristo ha de ser una bendición, y sus miembros serán bendecidos al bendecir a otros. El propósito de Dios al escoger un pueblo no fue solo para adoptarlo como sus hijos e hijas, sino para que por medio de ellos pudiera dar al mundo los beneficios de la iluminación divina. Cuando el Señor escogió a Abraham no fue simplemente para que fuera el amigo especial de Dios, sino para ser el intermediario de privilegios preciosos y únicos que el Señor deseaba derramar sobre las naciones. Había de ser una luz en las tinieblas morales que lo rodeaban.

“Cuando Dios bendice a sus hijos con luz y verdad, no es solo para que puedan tener el don de la vida eterna, sino también para iluminar espiritualmente a quienes los rodean [...] ‘Vosotros sois la sal de la tierra’. Y cuando Dios hace que sus hijos sean sal, no es solo para su propia preservación, sino para que puedan ser instrumentos en la preservación de los demás.

“¿Brilla usted como piedra viva en el edificio de Dios? [...] No tendremos la genuina religión a menos que esta ejerza una influencia controladora sobre nosotros en cada transacción comercial. Debemos tener piedad práctica a fin de entretejerla en nuestras vidas. Debemos poseer la gracia transformadora de Cristo en nuestros corazones. Necesitamos mucho menos del yo, y más de Jesús” (RJ 197).

Preguntas para Dialogar:

  1. A la luz de la bendición de Abraham: “Te bendeciré [...] y serás bendición” (Gén. 12:2), ¿qué significa ser bendecido? ¿Cómo podemos nosotros, como pueblo que sirve al mismo Dios que Abram, ser una bendición para los demás?

  2. ¿Qué tenía de malo la mentira a medias de Abraham con respecto a su hermana-esposa? ¿Qué es peor, mentir o decir parte de verdad? Mientras, al mismo tiempo, técnicamente estamos mintiendo.

  3. Vuelve a leer Génesis 14:21 al 23, la respuesta de Abram al ofrecimiento del rey de Sodoma. ¿Por qué respondió como lo hizo y qué lección importante podemos aprender de esta historia? ¿No habría estado justificado Abram si hubiera decidido aceptar lo que el rey le ofrecía?

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