Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "El Génesis"

Edición para maestros. Segundo trimestre (abril-junio) de 2022

Lección 11: "José, maestro de los sueños"

Para el 11 de junio de 2022

 

Reseña | Comentario | Aplicación a la vida

 

Ir ArribaRESEÑA

Texto Clave: .Génesis 37:19

Enfoque del estudio: Génesis 37-41:36.

Introducción:

Aunque José es uno de los hijos de Jacob, se destaca como una gran figura patriarcal, similar a Abraham, Isaac y Jacob. De hecho, José ocupa más espacio en el libro de Génesis que cualquiera de los tres patriarcas. Las historias de José contrastan con las historias anteriores de violación, asesinato y prostitución. A diferencia de los otros patriarcas que a menudo tropiezan y se comportan mal, José conserva su pureza y compasión. Como el profeta Daniel, José es un hombre sabio y un profeta. Es un hombre sabio que se comporta inteligentemente y encuentra las soluciones adecuadas a los problemas de la política y la economía; pero también es un profeta que recibe las revelaciones de Dios para comunicarlas a su pueblo. José no solo recibe sueños de Dios; también es capaz de interpretar los sueños de otros, desde la prisión hasta la corte del faraón. José representa la persona justa por excelencia.

Sobrevive al crimen, el engaño y la violencia. Dios frustra los actos de maldad y las trampas dirigidas a José y las utiliza para cumplir sus designios; de hecho, Dios convierte todos los actos inicuos en oportunidades para favorecer a José. En cada oportunidad, José sale mejor, ya sea de la cisterna, de la esclavitud, de la cárcel o en la corte del faraón. La bendición de Dios para José no es solo para su propia felicidad. Mediante José es que se cumple la bendición que Dios le dio a Abraham (comparar Gén. 12:3; 22:18). Por intermedio de José, no solo la familia de Israel, sino todas las naciones serán bendecidas y salvas.

 

Ir Arriba COMENTARIO

Los sueños de José

El hecho de que José reciba sueños de Dios es humillante para sus hermanos; los sueños son una señal divina de la superioridad “espiritual” de José. Cuando José les cuenta sus sueños a sus hermanos debido a su ingenuo deseo de compartir con ellos la desconcertante revelación, estos se irritan y lo odian aún más. La razón del aumento de su enojo es que entendieron el significado del primer sueño con demasiada claridad (Gén. 37:8). Como pastores y personas que viven de la tierra, comprenden el significado de las gavillas, que evocan la producción de alimentos básicos. El hecho de que sus gavillas se inclinaran ante la de su hermano (Gén. 37:7) sugiere que algún día dependerán económicamente de él, e incluso se comportarán como siervos de él para ese propósito. La repetición de sueños con el mismo mensaje confirma la verdad del mensaje y es una señal de que estos sueños provienen de Dios (Gén. 41:32). Jacob interpreta que los símbolos del sol, la luna y las once estrellas se refieren, respectivamente, al padre (él mismo), la madre (su esposa) y sus once hijos (Gén. 37:10). Por consiguiente, Jacob comprende que los sueños se aplican a su familia, y que un día todos se postrarán delante de José. Aunque Jacob reprende a José (Gén. 37:10), o simula reprenderlo (porque está en presencia del resto de la familia), Jacob queda desconcertado con el sueño. Reflexiona en secreto sobre esto y está ansioso por presenciar su cumplimiento (Gén. 37:11).

Sin embargo, los hermanos están celosos y preocupados (Gén. 37:11), porque sienten que el sueño los amenaza. Por ende, aprovechan la primera oportunidad para eliminar al soñador. La ocasión se presenta cuando Jacob envía a José a visitar a sus hermanos en el campo. Cuando ven a José desde lejos, se ilusionan incluso antes de que él llegue hasta ellos, porque se dan cuenta de que esta es su oportunidad para matarlo (Gén. 37:18). Las exhortaciones plurales de los hermanos (Gén. 37:20) recuerdan las exhortaciones plurales de los hombres de Babel (Gén. 11:3, 4), lo que sugiere una mentalidad y una actitud similares.

Al igual que los hombres de Babel, los hermanos toman el lugar de Dios y procuran determinar su destino y el de su hermano. Quieren matarlo, no porque lleve informes a su padre ni porque estén celosos de él, sino por sus sueños. La expresión hebrea que usan para calificarlo es irónica: bá‘al hajalomot, que se traduce como “soñador” (Gén. 37:19), literalmente significa “experto en sueños”.

No obstante, lo que concibieron como una burla se volverá profético, porque José efectivamente llegará a ser un experto en la interpretación de sueños. Aunque José está solo frente al peligro, en cada paso de sus dificultades alguien interviene inesperadamente en su favor. Cuando los hermanos planean matarlo, Rubén los persuade para que lo echen a un pozo. Cuando lo arrojan al pozo con la idea de matarlo, Judá convence a los hermanos de venderlo a una caravana que pasaba. Los hermanos quieren matar a José porque se sienten amenazados por sus sueños (Gén. 37:20). Su plan es matarlo y luego arrojar su cadáver en un pozo (Gén. 37:20). La escena de los hermanos que se sientan a disfrutar de la comida mientras José espera en un pozo vacío, sin agua (Gén. 37:24), irónicamente anticipa la situación inversa, en la que José está bien alimentado mientras sus hermanos pasan hambre y se ven amenazados por la hambruna (Gén. 42:2, 33; 43:1, 2; 44:1; 45:17, 18). La expresión técnica “y alzando los ojos miraron, y he aquí” (Gén. 37:25), marca la anticipación de la intervención de Dios para salvar (ver Gén. 18:2; 22:13). El avistamiento de la caravana anticipa la salvación de José. Sin duda, el hecho de que la caravana apareciera en ese preciso momento es providencial.

Judá es el único que actúa con éxito en favor de José y contra sus hermanos. Mientras que Rubén solo puede “oír” a sus hermanos cuando conspiran para matar a José, los hermanos “oyen” a Judá y finalmente los convence con sus argumentos. Mientras que Rubén solo puede atrasar el asesinato, Judá logra salvar a José para siempre de las manos de sus hermanos, y desencadenar el proceso que conducirá no solo al rescate de José en ese momento, sino también a la futura salvación de la familia de Jacob y de Egipto.

Judá, José y el Mesías

Después de la venta de José, Judá ya no se siente cómodo viviendo con sus hermanos y prefiere desvincularse de ellos. El desacuerdo de Judá con sus hermanos debió de haber comenzado antes, cuando en oposición a sus hermanos usó el argumento del parentesco (“él es nuestro hermano, nuestra propia carne”) para evitar que mataran a José (Gén. 37:27). La conciencia de Judá es siempre fuerte y activa, como lo evidencia más adelante su súplica por Benjamín (Gén. 44:18–34). Además, la frase que describe a Judá como quien “descendió” (Gén. 38:1, JBS) se hace eco de la descripción de José como quien “descendió” a Egipto (ver Gén. 37:25, 35; 39:1, JBS).

Este paralelismo sugiere que la acción de “descender” de Judá de alguna manera fue para solidarizarse con la condición de José, ya que este último descendió a Egipto. Por eso la historia del incidente de Judá con su nuera Tamar, que aparece inmediatamente después de la venta de José y su llegada a la casa egipcia de Potifar (Gén. 38:1), encaja en la secuencia de los acontecimientos. Los hechos reportados en el capítulo 38 no solo siguen cronológicamente los eventos registrados en el capítulo 37, como se indica claramente en la fórmula introductoria “en aquel tiempo” (Gén. 38:1); los dos capítulos también comparten paralelismos lingüísicos y temáticos entre sí: las mismas palabras, “reconoce” (Gén. 37:32) y “mira” (Gén. 38:25); y la misma referencia a un “cabrito” (Gén. 37:31; 38:17). Es más, los dos pasajes transmiten la misma lección teológica fundamental: dan testimonio del mismo poder providencial que anula los actos humanos inicuos para el bien de su pueblo. El acto malvado de Judá se convierte en un hecho positivo que conduce a la salvación de Israel. El sórdido encuentro sexual entre Judá y Tamar no solo terminará en la redención de la Tamar sin hijos; también engendrará al antepasado de David y, por lo tanto, del Mesías de Israel, el Salvador del mundo.

Los sueños de los egipcios

Cuando José queda a cargo de los prisioneros, conoce al copero y al panadero del faraón, que están angustiados por los sueños que no pueden entender (Gén. 40:1-8). José interpreta los sueños como predicciones de lo que les sucederá en el futuro: el sueño del copero significa que será restaurado a su puesto anterior (Gén. 40:9-15), mientras que el sueño del panadero significa que irá a la horca (Gén. 40:16-19). El capítulo termina con el informe del cumplimiento de estos sueños (Gén. 40:20-23), y así confirma la verdad de los sueños y la interpretación correcta de José.

Luego de los dos sueños de los altos oficiales, el faraón también tiene dos sueños que nadie puede interpretar (Gén. 41:1-7). El copero, que de repente se acuerda de José, se lo recomienda al faraón (Gén. 41:8-13). Sucede algo igual que antes: como en los dos casos anteriores, el faraón le cuenta sus sueños a José (Gén. 41:14-24), quien luego los interpreta como un mensaje divino sobre el futuro económico de Egipto y aconseja al rey en consecuencia (Gén. 41: 25-36). Impresionado por la sabiduría de José, el faraón lo promueve y le confía la administración del país (Gén. 41:37–46). José administra el cereal recolectado y organiza la supervivencia económica del mundo (Gén. 41:47–57).

 

Ir Arriba APLICACIÓN A LA VIDA

Los sueños de José. Lean y analicen Jeremías 28:8 y 9. ¿Por qué la verdad siempre plantea una amenaza para la gente? ¿Qué reacciones tienen cuando leen un pasaje de las Escrituras y de los escritos de Elena de White que los perturba y que confronta sus decisiones u opiniones? ¿Qué criterio usarán para determinar que el profeta dice la verdad? Busquen historias de su vida en las que una experiencia dolorosa haya llevado a un descubrimiento importante o a un nuevo acontecimiento de importancia redentora. Apliquen esta observación a Jesucristo: analicen cómo y por qué la Cruz fue necesaria para la salvación de la humanidad.

Judá, José y el Mesías. Analicen con la clase la conexión entre el rescate de José por parte de Judá y el encuentro de Judá con Tamar, lo que derivó en la simiente mesiánica. ¿Qué nos enseñan los paralelismos entre estas dos historias sobre la manera en que Dios obra en la historia y en la existencia humanas? Reflexionen en su propia vida: ¿cuáles son algunos de los fracasos y luchas de su pasado que Dios ha usado para su gloria? ¿Qué les enseñan estas experiencias acerca de Dios? ¿Cómo les ayudan estas experiencias con las luchas y las dudas que enfrentan actualmente?

Los sueños de los egipcios. ¿Qué lecciones de misionología podemos aprender del ejemplo de José en la cárcel? ¿Qué método de comunicación usa José al relacionarse con sus compañeros de prisión y con el faraón? ¿Por qué es importante dar testimonio a los regentes del mundo? ¿Qué mensaje espiritual podemos transmitir a través de la calidad de nuestro trabajo?

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