Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "El Génesis"

Edición para maestros. Segundo trimestre (abril-junio) de 2022

Lección 4: "El diluvio"

Para el 23 de abril de 2022

 

Reseña | Comentario | Aplicación a la vida

 

Ir ArribaRESEÑA

Texto Clave: Mateo 24:37.

Enfoque del estudio: Génesis 6-10; 2 Pedro 2:5-9.

Introducción:

Muchos han cuestionado la historicidad del relato bíblico del Diluvio argumentando que ese acontecimiento mundial es incompatible con los conceptos científicos modernos acerca de la historia natural. Sin embargo, hay un registro de un diluvio colosal en las memorias culturales colectivas de muchos pueblos distantes entre sí, en todo el mundo, no solo en el antiguo Cercano Oriente, Mesopotamia, Egipto y Grecia. Los relatos de un diluvio se encuentran en India, China, entre los antiguos habitantes de Irlanda, entre los pueblos mayas de Mesoamérica, los nativos estadounidenses, los pueblos antiguos de Sudamérica y África, e incluso entre las tribus aborígenes de Australia. El hecho de que la ciencia moderna no pueda dar sentido al fenómeno del Diluvio no es una prueba de que este suceso nunca ocurrió. El hecho de que la ciencia moderna no tenga en cuenta el Diluvio es simplemente otra evidencia de los límites de la ciencia, especialmente cuando se trata de algo tan sobrenatural como el Diluvio del Génesis.

Esta semana, no estudiaremos la historia bíblica de este evento cósmico para entenderlo desde un punto de vista científico; no contamos con todos los datos para poder comprender este fenómeno. Al margen de la discusión científica, se analizará una serie de cuestiones. La pregunta fundamental atañe a Dios mismo: ¿Qué nos enseña esta historia sobre el Dios de la Biblia y su propósito? El filósofo gnóstico Marción de Sinope (85 d.C.-160 d.C.), y muchos otros cristianos después de él, utilizaron el Diluvio para demostrar que el Dios del Antiguo Testamento era violento y cruel, diametralmente opuesto a Jesús, el Dios del amor.

 

Ir Arriba COMENTARIO

Dios de justicia

Después de la Creación y la Caída, la desobediencia de nuestros primeros padres se intensificó hasta que el mundo se llenó de corrupción y maldad. Desde la época de Caín y Abel, la humanidad se dividió en dos bandos. Es interesante que cada línea genealógica se defina sobre la base de su relación con Dios. Mientras que la genealogía de Caín (Gén. 4:17-22) se menciona por su rechazo de Dios (Gén. 4:16), la genealogía de Set (Gén. 5:1-32) se da a conocer por la imagen de Dios (Gén. 5:1). Este contraste explica por qué la línea de Caín se identifica más adelante como los hijos “de los hombres”, mientras que la línea de Set se identifica como “los hijos de Dios” (Gén. 6:1, 2). No es de extrañar que Dios se preocupe al observar que las dos genealogías se mezclan, lo que producirá una nueva línea genealógica en abierta rebelión contra Dios. La frase “tomaron para sí” (Gén. 6:2) sugiere la intención de “los hijos de Dios” de reemplazar y contrarrestar la aplicación divina del matrimonio de Dios, como lo ilustran las palabras “Dio tomó” a la esposa y se la llevó a Adán (Gén. 2:22). Los “hijos de Dios” quieren ocupar el lugar de Dios, actitud que se refleja en la frase “vieron que [...] eran hermosas” (Gén. 6:2). En hebreo, es la misma palabra tov, “bueno” (que aquí se traduce como “hermosas”) la que se utiliza, al igual que en la respuesta de Dios a la Creación, “vio Dios que era bueno” (Gén. 1:4, 10, 12, 18, 21, 25). Este reemplazo de Dios lleva a los “hijos de Dios” a cometer actos que ya no están en armonía con las códigos de Dios en la Creación, sino en consonancia con sus propios deseos pecaminosos.

Mientras tanto, el uso del plural “mujeres” sugiere la introducción de la poligamia, y la frase “escogiendo entre todas” sugiere actividades sexuales salvajes y descontroladas fuera de la ley divina. La frase “tomaron para sí [...] escogiendo entre todas” (Gén. 6:2), tiene incluso la connotación de autogratificación, violencia y violación (ver Gén. 39:14, 17). Todos estos actos sexuales no solo implicaban un repudio de Dios, sino también un abuso de las mujeres.

El texto bíblico informa que Dios vio la maldad (Gén. 6:5). Esta es la segunda vez que el texto bíblico informa acerca de Dios como Aquel que “ve” (comparar con Gén. 6:1-4). Al igual que el relato de la Creación, el acto divino de ver viene inmediatamente a la palabra divina: “Y dijo Jehová...” (Gén. 6:3). “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha” (Gén. 6:5). Esta línea es un segundo eco del estribillo de la Creación: “y vio Dios que era bueno” (Gén 1:4, 10, etc.). Pero aquí lo “bueno” original (tov) de la Creación de Dios se ha reemplazado por lo que le es contrario: la maldad (ra‘á). El siguiente comentario de Dios es una trágica evaluación de la situación. “La maldad [...] era mucha” no se refiere solo a algunos hechos específicos o a obras malvadas ocasionales; describe una condición cabal y definitiva, y atañe a la raíz, a las motivaciones profundas del corazón humano en el que Dios encuentra el mal radical. La humanidad ha llegado a un punto sin retorno. Dios debe intervenir con un diluvio mundial con la intención de preservar a un remanente de la raza humana de la degradación moral total y, por lo tanto, de la extinción.

El Dios de amor

En esta intervención divina el lenguaje evoca la Creación. Dios lamenta haber creado al hombre. El “arrepentimiento” divino se relaciona con la tristeza divina: Dios “se entristeció en su corazón” (Gén. 6:6). El verbo hebreo ‘atsav, “dolió”, es lo opuesto al gozo (Neh. 8:10) y se refiere al dolor mental (Gén. 3:16). La emoción de Dios tiene que ver con su amor por la humanidad. Claramente, el verbo hebreo najam, traducido como “arrepentirse” (Gén. 6:6), contiene el matiz positivo de “gracia” y “amor”. Por lo tanto, la traducción “arrepentirse” para la palabra hebrea najam no explica completamente los sentimientos de Dios. El “arrepentimiento” divino no significa que Dios haya cambiado de opinión; antes bien, contiene elementos de gracia y “consuelo”. Por lo tanto, la palabra najam aparece a veces en paralelo con la palabra shuv, “arrepentirse” (Jer. 4:28; Jon. 3:9).

El uso de la palabra najam trae esperanza: la perspectiva de la salvación mediante el Diluvio. La emoción de Dios revela su amor por la humanidad. Sin embargo, Dios expresa su amor mediante su juicio. La respuesta de Dios a la maldad mediante la destrucción es un acto de amor. La palabra hebrea majá, “raer”, se presenta en un juego de palabras con la palabra anterior najam (“arrepentirse”, “consuelo”), que evoca la tristeza y la compasión de Dios hacia la humanidad por medio de Noé. Mientras que najam sugiere el lado positivo del juicio, majá revela el lado negativo. Además, la palabra majá pertenece al lenguaje del juicio. Más precisamente, significa “borrar”. Este verbo implica una destrucción física que funciona en sentido contrario a la Creación, revirtiendo los actos creativos de Dios. Pero más allá de la destrucción física, este acto de juicio también se refiere a ser borrado espiritualmente del libro de la vida (Éxo. 32:32, 33; Sal. 69:28, 29). En el pensamiento bíblico, el amor y la justicia van de la mano (Miq. 6:8).

Dios de sabiduría

La combinación de amor y justicia es precisamente lo que hace que la sabiduría de Dios sea lo que es. Dios no solo salva mediante su buena voluntad y su amor. Los detalles de la construcción del arca (Gén. 6:14-22), que permitirá que Noé y su familia sobrevivan al Diluvio, son evidencias tangibles de la especial atención de Dios a la realidad de la vida. Estos minuciosos detalles arquitectónicos no solo dan testimonio de la realidad histórica de la construcción del arca; también revelan la preocupación divina por el éxito de la operación. Dios da instrucciones precisas para ese propósito. La madera resinosa del árbol, utilizada para construir el armazón del arca, y su savia se destinaron para impermeabilizar el arca por dentro y por fuera. Se dispone de una ventana en la parte superior del arca para que haya un pasaje de luz y aire, situada a un codo del borde del techo. Probablemente era una especie de celosía construida junto a la línea del techo que dejaba entrar luz de tal manera que los diferentes departamentos dentro del arca estaban iluminados y ventilados.

El Dios que se preocupa por la construcción del arca es el mismo Dios que luego dará instrucciones detalladas para la vida religiosa y la salvación espiritual mediante los sacrificios del servicio del Santuario. De hecho, hay muchos paralelismos entre los planos dados para el arca y el Tabernáculo. Las dimensiones del arca (Gén. 6:15) se dan de acuerdo con el mismo criterio y con las mismas palabras que se utilizan para la construcción del arca en el Tabernáculo (Éxo. 25:10).

¿Cuán grande era el arca? Si el codo equivaliera a 18 pulgadas, o 45 centímetros, 300 codos para la longitud del arca hubieran sido equivalentes a 450 pies, o más de 137 metros; 50 codos para su ancho hubieran sido equivalentes a 75 pies, o 22 metros; y 30 codos para su altura hubieran equivalido a 45 pies, o 13 metros. Estas medidas no tienen ningún significado simbólico ni espiritual especial; simplemente sugieren la magnitud del tamaño de la embarcación, que era suficientemente grande como para alojar a los animales y a la gente a bordo. Pero los muchos paralelismos entre el arca y el Tabernáculo tienen un significado profundo: el Dios que salva espiritualmente, Jesucristo, es el mismo Dios Creador que nos salva física y materialmente.

Pregunta para analizar y reflexionar: ¿Cómo se relacionan teológicamente entre sí las tres dimensiones de Dios: la justicia, el amor y la sabiduría?

 

Ir Arriba APLICACIÓN A LA VIDA

No matarás. La lección esencial del Diluvio es la reafirmación de la vida. Después de la destrucción de su Creación y la muerte de todos los seres humanos que se encontraban fuera del arca, Dios le dice que sí a la vida. En ese contexto, Dios ordena a la humanidad no solo que se multiplique, sino también que no quite la vida, porque la vida es sagrada. Este principio se aplica primero a los animales. Por ende, la tolerancia de Dios para consumir un poco de carne, considerando la situación posterior al Diluvio, está condicionada por el mandato de no comer carne con la sangre, porque la sangre representa la vida (Gén. 9:4). Pero para los seres humanos, la imposición de Dios es absoluta. Debido a que Dios creó a los seres humanos a su imagen, la sangre humana no debe derramarse (Gén. 9:5, 6). Aunque la vida de los animales es sagrada, como lo indica la proscripción de la sangre, es de notar que solo por la vida humana Dios nos pedirá cuentas (Gén. 9:5).

El idioma hebreo tiene varios verbos para matar. Todos estos verbos se aplican tanto a los seres humanos como a los animales, salvo uno, el verbo ratsaj, que se aplica solo a los seres humanos. Definitivamente, es el verbo ratsaj, “matar”, el que se usa en los Diez Mandamientos (Éxo. 20:13). El matiz de este uso no diferencia entre el caso de asesinato y otros casos, sino entre el objetivo asesinado: ser humano y animal. Por lo tanto, el sexto Mandamiento no debe traducirse “no matarás”, lo que implica solo el caso específico de un acto criminal, sino “no matarás a seres humanos” en sentido estricto.

Pregunta para reflexionar: ¿Cómo aplicamos este principio al contexto del servicio militar o a la cuestión de la pena capital?

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