Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "En el crisol con Cristo"

Edición para maestros. Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2022

Lección 1: "El crisol del Pastor"

Para el 2 de julio de 2022

 

Reseña | Comentario | Aplicación a la vida

 

Ir ArribaRESEÑA

Texto Clave: Salmo 23:3.

Enfoque del estudio: Salmo 23; Romanos 12:18-21.

Introducción:

Este trimestre estamos iniciando un viaje largo pero importantísimo. Un viaje al significado del sufrimiento, el mal y la muerte. Sí, el sufrimiento puede estudiarse como un fenómeno separado de la existencia humana; se puede estudiar desde una perspectiva científica o psicológica en términos de percepción, afectos y consecuencias. Sin embargo, el enfoque bíblico sobre el sufrimiento es mucho más profundo. La Biblia explica el origen del sufrimiento, un origen que exonera a Dios de cualquier responsabilidad por la existencia del pecado. La Biblia también muestra cómo Dios utiliza el sufrimiento como un marco transformador para nuestro enriquecimiento, victoria y vida eterna. Si imaginamos la vida como un viaje, el Salmo 23 es uno de los mejores lugares para comenzar, porque habla de una senda. Esta senda nos lleva por los altibajos de nuestra vida. Más aún, hay Alguien que nos guía por esa senda. Ese Alguien es más que una guía; es un Pastor bondadoso y cariñoso. Las preguntas más importantes para nuestro viaje, para nuestros altibajos, son: ¿Conocemos al Pastor? ¿Confiamos en él pese a todo, sin importar dónde decida llevarnos?

Temática de la lección:

La lección de esta semana destaca tres temas principales.

  1. Es muy importante entender que nuestra vida es un viaje que da diferentes vueltas.

  2. También es fundamental recordar que este camino no serpentea en forma desordenada, por casualidad. Dios es nuestro Guía y Pastor, y quizá permita que atravesemos los valles del sufrimiento y la muerte, y hasta podría guiarnos activamente en medio de ellos. Pero Dios no espera que hagamos este viaje con los ojos vendados. Nos da una promesa segura de que nos conducirá a la salvación.

  3. No hay forma de sobrevivir al crisol de los avatares de la vida si no confiamos en que nuestro Pastor nos guiará cuando los atravesemos.

 

Ir Arriba COMENTARIO

Las dos sendas

Una representación bíblica de la vida es una senda en medio de un paisaje. Esta senda sigue una trayectoria desde el nacimiento hasta la muerte. No hay una, sino dos sendas. La primera es la buena senda, la senda de la justicia o la rectitud (Prov. 8:20), que conduce a la prosperidad y la vida (Sal. 1:2, 3), porque Dios mismo allana el camino (Prov. 2:8; Isa. 26:7).

La Palabra divina, que sirve como lámpara para sus pies cuando la vida es oscura (Sal. 119:105), guía a quienes andan por la senda buena o recta. Con el tiempo, la senda se vuelve progresivamente más brillante, como el mediodía (Prov. 4:18). Quienes están en esta senda también reconocen a Dios en todos los aspectos de la vida (Prov. 3:5, 6). Aunque este camino conduce a la vida, es angosto y pocos lo recorren (Mat. 7:14). La segunda senda es la senda mala o pecaminosa. Este es el camino ancho que conduce a la iniquidad, a la existencia superficial y a la muerte (Sal. 1:4, 5; Prov. 14:12; Mat. 7:13).

Los caminos de nuestra vida son visibles para Dios; él los examina (Prov. 5:21) y nos advierte: “No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos” (Prov. 4:14; ver también Sal. 1:1). Si alguien está en la senda equivocada y pecaminosa, Dios lo llama a cambiarse al buen camino: “Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” (Eze. 33:11).

De este breve estudio bíblico surgen dos conclusiones.

  1. Sí, el final de cada una de las dos sendas está establecido: la senda de justicia conduce a la vida, y la senda de iniquidad conduce a la muerte. Pero es nuestra la decisión de estar en una senda u otra.

  2. Si decidimos permanecer en la senda de justicia, Dios promete que esta nos conducirá a la vida. Sí, la senda de justicia puede ser angosta; quizá nos lleve a través de montañas o valles oscuros, que pueden requerir luz, comida, perseverancia, paciencia o fuerza adicionales. Pero la senda de justicia terminará con luz, felicidad y vida. Mediante el profeta Isaías, Dios promete a quienes confían en él que su senda se convertirá en una calzada fácil de transitar: “Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará” (Isa. 35:8).

La religión como camino

Al igual que otras cosmovisiones orientales, la Biblia describe el concepto de “religión” como un camino o un viaje. “Caminó Enoc con Dios [...] trescientos años” (Gén. 5:22). El profeta Miqueas describe una época en la que mucha gente de todo el mundo dirá: “Venid, y subamos al monte de Jehová [...] nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas [...]. Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su dios, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios eternamente y para siempre” (Miq. 4:2, 5). Dios llama a su pueblo a andar fielmente ante él (1 Rey. 3:14; 9:4, Prov. 10:9; Zac. 3:7), y cuando se desvían del camino, Dios los llama de regreso: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” (Jer. 6:16).

En un principio, el cristianismo incipiente se llamó “el Camino” (Hech. 9:2; 19:9, 23; 22:4; 24:14, 22) o “el camino de salvación” (Hech. 16:17, NVI). Apolos fue “instruido en el camino del Señor” y recibió aún más enseñanzas mientras anduvo en él (Hech. 18:25, 26). El apóstol Pablo también asocia la religión con “andar” y les insiste a los cristianos: “Ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente” (Efe. 4:17). El apóstol Juan nos exhorta a “andar” en los Mandamientos de Dios y en su amor (2 Juan 1:6).

Jesús declaró sobre sí mismo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). La combinación de “camino”, “verdad” y “vida” constituye tres pilares principales de la religión cristiana. Ahora bien, quizá nos preguntemos: ¿Es importante la religión cristiana? ¿Continúa siendo relevante hoy? Es cierto que la historia del cristianismo está plagada de apostasía, abusos, engaños y corrupción; muchas veces el cristianismo tomó derroteros distintos de la senda de Cristo. Pero esto no significa que no haya que seguir una senda de justicia. Jesús continúa siendo el Camino y nos promete que su camino es la verdad y que nos llevará a la vida, la vida eterna. Jesús no es solo el Camino; también es “el Buen Pastor” (Juan 10:11), como dice de sí mismo. ¿Qué significa esto? Jesús explica:

“Conozco mis ovejas, y las mías me conocen” (Juan 10:14); incluso las de otros rediles (ver Juan 10:16). Hay más: Jesús, como “el Buen Pastor”, “su vida da por las ovejas” (Juan 10:11; ver también 10:15) y les dará “vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de [su] mano” (Juan 10:28). Entonces, seguir a Cristo en su camino, la senda de justicia, es el único camino seguro hacia la vida (Hech. 4:12). Aunque sea angosto, aunque tenga encrucijadas, es el único camino hacia la vida, y el mejor. Nuestro Pastor nos llevará allí.

El concepto occidental de la palabra “religión” proviene del latín re (de nuevo) + ligare (conectar, atar): atar de nuevo, reconectar. Si bien surgió en el entorno cristiano occidental, este término también tiene sentido desde la perspectiva bíblica y puede conectarse con la visión bíblica de la religión como una “senda” y un “viaje”. Cuando la humanidad tomó la senda de la perdición, perdió la conexión con Dios. La religión es ese proceso mediante el que los seres humanos y Dios se vuelven a conectar. Pero ¿cómo nos volvemos a conectar con Dios?

Si la religión es una “senda” y un “viaje”, no es un fenómeno atemporal, ahistórico, como en las religiones mitológicas o filosóficas paganas. En el concepto bíblico, la religión (o la reconexión de la humanidad con la Deidad) es un proceso en el tiempo y el espacio. Es una experiencia personal e histórica, tanto para Dios como para nosotros. Dios viene a encontrarse con nosotros donde estamos, en la historia. Otra diferencia entre las religiones paganas y las bíblicas es que en las religiones paganas la gente debe abrirse paso, encontrar el camino hacia el mundo de los dioses, ganarse sus favores, reconectarse con ellos o robarles el secreto de la vida eterna. Al contrario, en la religión bíblica es Dios mismo quien nos abre el camino. Viene a buscarnos para salvarnos, para llevarnos de vuelta al camino de la vida, para llevarnos de vuelta a él. Por cierto, él mismo se convierte en el Camino, en el Guía y el Pastor. Él camina con nosotros a través de ese valle y nos guía por ese camino de reconexión con Dios. ¡Esta es la religión de Dios, la religión de la gracia!

 

Ir Arriba APLICACIÓN A LA VIDA

  1. Examina la senda de tu vida. ¿En qué senda estás? ¿Qué puedes hacer para asegurarte de estar en la senda de justicia que te conducirá a la vida eterna?

  2. ¿Encontraste a otros en la misma senda que la tuya? ¿Te encontraste con gente en una senda que conduce en sentido contrario? ¿Qué puedes hacer para ayudar a otros a elegir la senda de Jesús y a seguirlo?

  3. Podemos confiar en que nuestro Pastor nos guiará en las encrucijadas de la vida, porque antes de permitirnos pasar por ellas él mismo pasó por esas encrucijadas. Pero hay una diferencia básica entre la encrucijada de él y la nuestra: nosotros mismos (u otros seres humanos, o las consecuencias del pecado en general) causamos muchas de esas coyunturas. La encrucijada del Pastor fue por causa de nosotros, y él la tomó sobre sí en forma sacrificial, sustitutiva y redentora. Entender esto, ¿cómo te ayuda a atravesar el sufrimiento?

  4. Identifica dos encrucijadas por las que pasaste recientemente. Identifica la conducción y el cuidado de Dios por ti en esas experiencias.

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