Guías o lecciones de la Escuela Sabática para el Estudio de la Biblia

Lecciones para adultos: "En el crisol con Cristo"

Edición para maestros. Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2022

Lección 3: "La jaula del pájaro"

Para el 16 de julio de 2022

 

Reseña | Comentario | Aplicación a la vida

 

Ir ArribaRESEÑA

Texto Clave: 1 Pedro 1:6.

Enfoque del estudio: Éxodo 14; 15:22-27; 17:1-7; Proverbios 3; Lucas 4:1-13; 1 Pedro 1:6-9.

Introducción:

La semana pasada estudiamos varios tipos de crisoles. La lección de esta semana se centra más en los crisoles de la madurez. Si bien es cierto que nosotros creamos muchos de nuestros problemas, en última instancia, Dios es el Soberano de todo el universo y de la historia de las naciones, así como de nuestra vida individual. Dios quiere que crezcamos como individuos, pero también como familias, comunidades y naciones. En el contexto de nuestra Caída, el crecimiento adquiere dimensiones adicionales.

Sí, Dios nos salva por medio de su gracia. Sí, él nos justifica por el sacrificio sustitutivo de Jesucristo y por nuestra aceptación de ese sacrificio mediante la fe. Pero la gracia de Dios no es una solución barata, que se queda en el plano discursivo: su gracia es pedagógica y transformadora. La vida y la salvación no son experiencias teóricas. Crecemos solo cuando realmente experimentamos su amor incondicional por nosotros, cuando nos comprometemos a amarlo sin reservas y a vivir con él y permitirle que viva en nosotros. Y, dado que tanto nosotros como Dios estamos involucrados en un conflicto cósmico, nos comprometemos a ponernos del lado de Dios y promover su Reino en respuesta a su rescate del reino del pecado y de Satanás. De esta manera, Dios se convierte en Jehová de los ejércitos, el que nos guía en esta experiencia, el que nos lleva a crecer, a transformarnos.

Temática de la lección:

La lección de esta semana destaca dos temas:

  1. Dios nos guía en medio de la lucha de este mundo caído. Si bien esto nos consuela, también nos da fuerza y ​​confianza en Dios.

  2. Crecemos y nos transformamos solamente cuando Dios nos guía en medio de las batallas de la vida.

 

Ir Arriba COMENTARIO

“No nos metas en tentación, mas líbranos del mal”

En mayo-junio de 2019, el Papa Francisco desató una controversia al respaldar oficialmente un cambio en el Padre Nuestro. En lugar de “no nos metas en tentación”, la nueva versión católica romana del Padrenuestro diría “no nos dejes caer en tentación”. El principal argumento del Papa fue que la traducción “no nos metas en tentación” es incorrecta desde el punto de vista teológico y pastoral, ya que esta frase identifica a Dios como el tentador, en lugar de Satanás. Un padre, afirmó el Papa, no llevaría a su hijo a la tentación, sino que ayudaría al hijo a levantarse cuando caiga. Bien podemos sentirnos reflejados con este intento de exculpar a Dios del estatus de tentador.

Pero cambiar el texto del Padrenuestro no tiene ningún justificativo. Hay muchas otras frases bíblicas como esta que plantean dificultades. Los principios de la hermenéutica bíblica y la historia de la teología nos enseñan que debemos tratar de comprender el texto y su mensaje, en lugar de cambiar el texto bíblico o su traducción con la intención de ayudar a resolver sus misterios de una manera que determinada cultura o persona considere más apropiado.

Un breve estudio de Mateo 6:13 y sus conceptos clave, tanto en el contexto bíblico inmediato como en el más amplio, nos ayudará a comprender mejor esta frase. En el griego del Nuevo Testamento, tanto Mateo 6:13 como Lucas 11:4 usan exactamente la misma redacción para traducir la frase “no nos metas en tentación”. Por lo tanto, la frase se traduce correctamente en la mayoría de las versiones. En lugar de tratar de reorganizar o reinterpretar este versículo, necesitamos entender su significado. El verbo clave “meter” en griego es la forma aoristo activa de subjuntivo del verbo eispheró, que significa “llevar hacia adentro”, “traer”, “introducir” (ver, por ejemplo, H. G. Lindell y R. Scott, A Greek-English Lexicon, p. 497). Así que, no hay ningún error aquí, no hay manera de reinterpretarlo: Jesús quiso decir “no nos metas”, no “no nos dejes caer”. En Mateo 26:41 (ver también Mar. 14:38; Luc. 22:40, 46), Jesús describe la tentación como algo en lo que alguien podría “entrar” o “caer” (NVI).

Quienes argumentan a favor de cambiar la redacción de esta frase en el Padrenuestro se centran en la palabra tentación, y determinan que Dios no puede tentarnos porque no puede ser la fuente de la tentación. Pero la palabra griega para “tentación” (peirasmos) tiene dos significados distintos. La primera es “tentación” y se relaciona con la seducción o la incitación al pecado (ver, p. ej., Mat. 26:41; 1 Tim. 6:9). En este sentido, es cierto que Dios no nos mete en tentación, porque no es el tentador, como establece claramente Santiago 1:13 y 14. El segundo significado de tentación es “experimento”, “prueba” o “test”. En Gálatas 4:14, la enfermedad de Pablo fue una prueba para los Gálatas, y en 1 Pedro 4:12, Pedro advierte a los cristianos que no se sorprendan por la prueba que les sobrevino.

Quizá Santiago es quien da la explicación más explícita del proceso de la tentación, especialmente porque usa los dos significados de tentación juntos en el mismo pasaje. Afirma que los cristianos afrontan las pruebas con gozo y perseverancia (Sant. 1:2, 12), y que estos no deben decir que Dios los tienta, porque Dios no tienta a nadie (Sant. 1:13); al contrario, cada persona se aleja de Dios cuando su propio deseo la atrae o la tienta (Sant. 1:14). Por lo tanto, en el Nuevo Testamento, la tentación significa tanto la seducción del pecado como la prueba.

Este breve estudio nos ayuda a comprender mejor la frase “no nos metas en tentación”. Si bien Dios no es el tentador, nos conduce en las luchas que nos acontecen. Su conducción en estas pruebas nos ayuda a ejercer nuestra libertad, a crecer en amor y compromiso con él, y a aumentar nuestra comprensión de él y de nosotros mismos, en el contexto de la historia del Gran Conflicto. Solamente cuando realmente experimentamos las pruebas, también podemos experimentar verdaderamente la libertad y el crecimiento. Dios nos creó para vivir y prosperar en un mundo perfectamente feliz. Pero también creó el árbol del conocimiento del bien y del mal para que pudiéramos tener la oportunidad de elegir. Dios no creó el árbol del conocimiento del bien y del mal para incitar a la humanidad al pecado; más bien, Dios dio a Adán y a Eva la oportunidad de expresar su libertad y crecer en su amor y lealtad a Dios al obedecer los mandatos de Dios. Dios llevó a los israelitas al callejón sin salida en el Mar Rojo no para incitarlos a pecar, sino para ayudarlos a crecer en su confianza y amor por él en la disciplina espiritual, individual y colectiva.

Pero si las dificultades de la vida, en el contexto del Gran Conflicto, solo nos ayudan a crecer, ¿por qué Jesús nos enseña a pedir a Dios que no nos lleve por estas pruebas? Esta parte del Padrenuestro nos enseña al menos dos aspectos importantes de la vida cristiana. En primer lugar, cualquiera que sea el beneficio del sufrimiento, no es una experiencia agradable, porque Dios no nos creó para sufrir. Jesús mismo, que vino para asumir nuestro sufrimiento y muerte, oró en la hora de su mayor angustia: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú” (Mar. 14:36; ver también Mat. 26:39; Luc. 22:42). Al incluir “no nos metas en tentación” en el Padrenuestro, Jesús nos enseñó a sentirnos libres de decir a nuestro Padre cuánto queremos evitar las pruebas de la vida, aunque a veces puedan ser beneficiosas. Sin embargo, nos enseñó con el ejemplo que siempre debemos ceder amorosamente a la voluntad y la dirección de Dios, porque él sabe lo que es mejor para nosotros y para el plan de nuestra salvación.

En segundo lugar, “no nos metas en tentación” se combina en forma inmediata y deliberada con “mas líbranos del mal”. Dado que el sufrimiento es inevitable en este mundo contaminado por el pecado, queremos que Dios nos guíe en medio de todas nuestras pruebas; pero no queremos que la tentación de Satanás nos venza. Aquí el Padrenuestro proclama la esencia misma del evangelio de la gracia, porque nos enseña que, como cristianos, no nos salvamos librando las batallas de la vida, y al mismo diablo, como superhumanos. Más bien, es Dios quien nos libra del maligno. Pero ¿cómo nos libramos de Satanás? Mateo 4:1 nos dice que “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo”. Por supuesto, entendemos que el Espíritu Santo no llevó a Jesús al desierto para hacerlo pecar, sino para revelar a Jesús como el Mesías, como el Salvador del mundo, como Aquel que venció donde Adán falló, y como Aquel que venció el mal y a Satanás (ver Mat. 4:1-11; 12:28; Mar. 1:13; Juan 12:31; 14:30; Heb. 2:14-18; 1 Juan 3:8). Al enfrentar las pruebas y las tentaciones del diablo, la victoria de Cristo sobre el pecado y Satanás libera al cristiano. Por lo tanto, aunque el sufrimiento y las pruebas no son agradables ni deseables, debemos pasar por ellas para nuestro beneficio. Oramos para que Dios nos conduzca, cubiertos por la victoria de Cristo sobre Satanás.

Por ende, la propuesta de cambiar la terminología del Padrenuestro no solo es injustificable y antibíblica, sino también superficial, con un contenido teológico y pastoral empobrecido. Esa revisión también es peligrosa por otra razón: sienta un precedente más de cambiar la Palabra de Dios por impulso humano y cultural. Cambiar los términos en cuestión en el Padrenuestro implicará cambiar muchos otros pasajes y conceptos bíblicos. Es imperativo dejar el versículo como está y tratar de entenderlo, en lugar de cambiarlo simplemente porque no se ajusta a una teología en particular o a una inquietud práctica.

El nuevo canto de Handel

Ya en la tercera década del siglo XVIII, Georg Friedrich Händel (1685-1759) podía considerarse un compositor consumado, después de haber escrito varios géneros musicales. Como escribió principalmente música no religiosa, muchos de la Iglesia de Inglaterra lo consideraban un compositor secular, lo que provocó tensiones con la iglesia. Sin embargo, Händel siempre tuvo sed de Dios y de salvación. En abril de 1737 sufrió un derrame cerebral o alguna afección psicológica. Aunque se recuperó, pronto terminó en una crisis financiera, relacional y espiritual. En conflicto con la iglesia, en desavenencia con muchos de la corte y con otros músicos, Händel pensó que colapsaría. El 8 de abril de 1741 dio el que pensó que sería su último concierto y, a los 56 años, se retiró de la vida pública.

¡Pero Händel estaba buscando una nueva canción! Pronto la encontró. Un amigo, Charles Jennings, compartió con Händel un libreto que se centraba en la vida de Cristo, que contenía tres partes: (1) las profecías sobre la venida del Mesías; (2) la primera venida del Mesías y sus pasiones; y (3) la gloria futura de su Segunda Venida, el fin del pecado y la aclamación eterna del Mesías. Händel redescubrió la gloriosa imagen de Jesús como Mesías y Salvador y decidió dedicarle un oratorio. Una invitación desde Dublín para que Händel compusiera algo para un concierto benéfico sirvió de catalizador, y así nació El Mesías, el oratorio más extraordinario de todos los tiempos.

Händel estaba tan absorto en la composición de su nueva obra, que en 24 días escribió las tres partes en unas 260 páginas. Durante esos días, el músico no salió de su departamento para nada, y apenas probó la comida que le preparaban. A veces, durante la composición, sollozaba o lloraba por los maravillosos textos bíblicos que incluía o por la gloria que veía en Jesús, el Mesías. Cuando se presentó la “nueva canción”, El Mesías, en el concierto benéfico de Dublín, se recaudaron 400 libras, lo que redundó en la liberación de 142 hombres de la prisión de deudores. Pero también liberó a Händel del crisol espiritual y multifacético en el que se encontraba, y desde entonces ha sido una bendición para innumerables personas de todo el mundo. Händel murió la mañana de un Viernes Santo, el 14 de abril de 1759, apenas ocho días después de haber dirigido su obra maestra, El Mesías, por última vez, y lo sepultaron en la Abadía de Westminster. El monumento de la Abadía en su honor lo representa sosteniendo el manuscrito de El Mesías, Tercera Parte, en el lugar donde dice: “Yo sé que mi Redentor vive”.

Una fuente de inspiración para esta asombrosa historia se halla en Spiritual Lives of the Great Composers, de Patrick Kavanaugh, revisada y ampliada (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1996), pp. 3-7. Quizá si no fuera por la profunda crisis que atravesó Händel, el mundo nunca hubiera disfrutado del mayor oratorio que se conozca. Fueron la humildad de Händel ante Dios, su búsqueda de la salvación de Dios en medio de su angustia y su espíritu implacable para salir adelante en medio de la adversidad, los que lo ayudaron a levantarse y “entonar una nueva canción”.

 

Ir Arriba APLICACIÓN A LA VIDA

  1. Juan el Bautista fue el siervo fiel de Dios en un momento único de la historia. Recibió el llamado de privilegio de anunciar el advenimiento del Mesías y su misión. Juan vivió un estilo de vida austero y con la mayor integridad espiritual y moral. Cumplió su misión sin dudarlo, ni intentar atribuirse ni un ápice de reconocimiento. Sin embargo, cuando Jesús comenzó su ministerio, Juan fue llevado a un crisol; sí, Juan fue encarcelado, juzgado y ejecutado. Pero no cedió al mal. Para los dedicados estudiantes de la Biblia, Juan emerge como una figura victoriosa, a pesar de la muerte violenta, como ejemplo para todos nosotros. Ponte en el lugar de Juan el Bautista en prisión. ¿Qué pensamientos habrán cruzado por su mente mientras esperaba el resultado del juicio? Al enfrentarse a la clara perspectiva de la ejecución a manos del malvado Herodes, una situación en la que Jesús no hace nada para intervenir y librarlo, ¿cómo te hubieses sentido tú?

  2. ¿Has tenido experiencias límite en tu vida, similares a las que pasaron los israelitas en el Mar Rojo o la de Juan? Compártelas con la clase. ¿Qué principios y estrategias de fe crees que te ayudarían a salir airoso de este tipo de experiencias?

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Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Génesis 4:4,5.


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- A Fin de Conocerle. Hoy con la lectura El poderoso libertador basada en Isaías 65:2.

- Cada día con Dios. Hoy con la lectura Conservemos un espíritu feliz basada en 1 Corintios 4:9.


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