Hammurabi de Babilonia

El autor(a) Ariel Acosta, así como Elvia del Castillo, Dayner Acosta y Luis Amador, al redactar este trabajo eran estudiantes del Seminario Teológico Adventista de Cuba.

Categoría: Artículos, Estudios, Investigaciones

Todo hombre que ha dejado una noble huella en el tiempo no pasa inadvertido, es digno de ser estudiado, pues su vida es un pálido reflejo del Magnífico Jesús. Hammurabi de Babilonia es uno de ellos.

Fungió como monarca de la primera dinastía babilónica, la dinastía amorita. Fue el sexto rey de estos semitas del oeste de babilonio, con un reino de 43 años, desde el 2067 al 2025 a.C. Otros historiadores ubican la ocupación de su trono en el 2100 a.C. o en el período del 2123 al 2081 a.C., haciendo de su nación la regla para los reinos circundantes. Albright y Cornelius lo enmarcan entre 1728 y 1686 a.C., fechas estas que son aceptadas ahora de forma general por los eruditos.

Se le considera como una de las figuras más ilustres de la historia antigua. Su hazaña política y militar de establecer un gobierno centralizado y eficiente en Babilonia, debe ser considerada como uno de los eventos de más largo alcance de esa etapa histórica. Fue un monarca pacífico que se dedicó a la buena administración de su imperio e irradió la cultura mesopotámica. En su tiempo hubo gran número de producciones literarias; en verdad fue conocida como la época clásica de la literatura por los babilonios posteriores. Hubo producciones literarias tales como: Enuma Elish (Creación), Época de Adapa (Caída del Hombre) y Epopeya de Gilgamen (Diluvio). Ninguno de sus sucesores lo igualó en talento y cualidades políticas aunque la dinastía duró más de cien años después de su muerte. Reparó los antiguos canales y edificó otros a fin de proteger el norte y sur de Babilonia. Construyó fortificaciones y hermoseó templos. Durante su reinado se llevaron muchos esclavos de Irán a Babilonia, y con este comercio se suplió la necesidad de los mismos en tiempo de guerra. Con otros emperadores hubo poco tráfico humano. Se le considera como el Primer Gran Legislador de la Historia. Su nombre se traduce algo así como “el tío es grandioso” o tal vez “el tío es exaltado”.

Para entonces, el poder central había crecido en Babilonia y quienes lo tenían en sus manos podían abusar de él; como contraparte a esa situación surgió un fuerte sentido de motivación religiosa por establecer reglas que velaran por el bienestar de todos los sujetos, sobre todo los más débiles de la sociedad. Este sentimiento fue acentuado durante el reinado de Hammurabi y de Sham Si - Adad I de Mari y Siria. Se puede hablar de un “Absolutismo Patriarcal” bajo estos reyes. Hammurabi vio como su tarea primaria garantizar “que el fuerte no cometa injusticia con el débil”. Este marco histórico propició las condiciones para que emitiera su trascendental código.

Una copia del Código de Hammurabi, esculpida en un bloque de piedra negra (Diorita) de dos metros de alto, fue encontrada por un equipo de arqueólogos franceses en Susa, Irak, en el invierno de 1901 - 1902. M. J. Morgan Orgued hizo el descubrimiento. El lugar tan distante de Babilonia en que se encontró la piedra nos muestra cuan ampliamente las leyes de Hammurabi fueron leídas y obedecidas. El bloque, roto en tres pedazos, ha sido restaurado y se le puede ver hoy en el Museo del Louvre, París. Está compuesto por columnas horizontales en escritura cuneiforme: 16 columnas en el anverso y 28 en el reverso. En la parte superior hay un relieve que muestra al rey adorando y recibiendo las leyes de la mano derecha del dios sol Shamash.

El código se divide en tres partes principales: 1) El prólogo, que contenía la dedicación de Shamash, el dios sol. 2) El código de leyes en detalle. 3) El Epílogo. El profesor Lyon de Harvard afirma: “En el arreglo experto de su material, el código nunca ha sido superado y ni siquiera ha sido alcanzado”. Mientras el escrito no trata de leyes religiosas ni de religión, sin embargo, acepta la religión de Babilonia y sus dioses como puede verse en el prólogo, donde está la dedicación su dios. Las leyes prescritas tratan tres clases de ciudadanos: A) El “awelum”, hombre libre de la clase alta, un aristócrata y caballero; profesional, militar o comerciante. B) Los “mushkenum”, hombre libre de la clase media, un ciudadano privado, que podría llamarse un hombre pobre, aun uno que fue esclavo alguna vez. C) El “anud” o “wardu”, el esclavo. Estas clases anteriores son tratadas de una manera diferente en el código, siendo mayores las penalidades por las injusticias hechas a un aristócrata que por las iniquidades a miembros de las clases bajas. Este escrito se levanta por encima de todos los demás códigos de leyes anteriores, siendo la ley penal mucho más severa que las leyes más antiguas. Se respira en él la ley capital, y mutilaciones al estilo “ojo por ojo” se describen con frecuencia. La rígida aplicación a veces llevaba a los inocentes a la muerte. La razón de tal severidad estribó en que Hammurabi detuvo el código tradicional, que era menos estricto para aplicarse en un imperio recién conquistado. Aunque muchas de sus leyes fueron loables, algunas de ellas ahora nos parecen crueles y absurdas.

A pesar de que no han sobrevivido muchos documentos históricos o literatura de su reino, un gran número de documentos administrativos y cartas son conocidos y se están incrementando constantemente. Desde los tiempos de Hammurabi se han conservado más cartas y documentos que en comparación con los anteriores monarcas. Sólo a través de su correspondencia y la de sus altos oficiales sabemos sus pronunciamientos en relación a los oprimidos. Mediante el código y estos escritos mencionados podemos tener una idea de lo que fue la vida en Babilonia hace 4000 años; sabemos que las mujeres hacían negocios y trabajaban por un salario como los hombres. Además, nos revela la forma de vida de los patriarcas bíblicos, pues aporta muchos detalles del cercano oriente de esa época. Hoy nos parece bien extraño que Sara diera su esclava a Abraham, a fin de obtener mediante una sierva la descendencia que Dios parecía negarle mediante medios naturales (Génesis 16:1-3), pero lo que ella hizo estaba de acuerdo con prácticas corrientes en su país de origen, donde un procedimiento tal era completamente legal. Allí se reglamentaban legalmente los derechos y deberes de una criada elevada al rango de concubina, y el de sus hijos (Código de Hammurabi. Secciones 144, 145, 146, 170, 171). Sara procedió en todo su derecho al castigar a Agar al volverse altiva cuando vio que podría dar un hijo a su amo (Génesis 16: 4-6). Muchos ejemplos más podrían mencionarse acerca de como este descubrimiento excepcionalmente importante arroja luz sobre el período patriarcal, demostrando la veracidad de los relatos bíblicos. Este Código fue el primer gran testigo resucitado del suelo de Mesopotamia que dijo que los patriarcas no habían sido figuras legendarias sino hombres de carne y hueso, y que el contexto presentado en la Biblia concuerda perfectamente con los hechos conocidos ahora.

Con el ascenso de su dinastía, Marduk, el dios de la antes insignificante Babilonia, fue elevado; comenzándose en la parte norte de la nación y más allá, hasta hacerse el culto oficial. Hay pocas dudas de que la reconstrucción del panteón sumerio, con la que los sacerdotes babilonios levantaron la adoración a Marduk, la deidad local, al rango de un gran dios, comenzó en esta etapa. Para los registros del templo, la restauración de los cultos e inscripciones dedicatorias Hammurabi empleó la lengua de los sumerios.

Por años los reyes sumerios y semíticos habían empleado la divinización cúltica del rey, pero Hammurabi puso fin a esta práctica, aunque él y sus sucesores fueron incapaces de evitar nombres como “Hammurabi es mi dios” después que pasaron. La base para dicha divinización no era el poder del rey-dios venerado. Más allá de eso era el culto al “Sagrado Matrimonio”, en el cual el rey representaba a Dumuzi, dios de la fertilidad, y el sumo sacerdote a la deidad del amor; después de completarse el ritual el rey era considerado un dios.

Hammurabi es generalmente identificado con Amraphel (Génesis 14), rey de Sinar, quien invadió Canaán en los días de Abraham. Aunque el monarca babilonio disfrutó de relaciones pacíficas con el poderoso rey elamita Rim-Sin de Ellasar, el registro bíblico parece armonizar con estos hechos. Pero esta temprana identificación ha sido desacreditada con elementos lingüísticos e históricos; se le ubica en su reinado hacia el final del período ampliamente acreditado a los patriarcas.

Se creía que el dios sol Shamash daba a Hammurabi las leyes del reino; esto es una especie de parodia de la revelación del decálogo a Moisés por Jehová nuestro Dios, en el Monte Sinaí. Es indudable la similitud del Código de Hammurabi con la Ley de Moisés, pero es inadmisible hacer de este rey el inspirador y precursor del Código Mosaico. El primero se caracterizaba por ser inspirado por el sentido común y un verdadero espíritu de justicia, era esencialmente utilitario, sin sentido de seguridad para la persona humana, era duro frente a los pobres, severo al que se mostraba compasivo hacia los esclavos, favorable para los grandes de la sociedad; no contenía cuidado hacia los niños, ancianos, débiles o extranjeros y no había noción de un dios único, Todopoderoso y personal que diera el Código. Parece ser Hammurabi el que se esfuerza por proclamar su propia gloria. Además era pura inspiración pagana. En cambio, la Ley de Moisés crea un elevado sentido moral y espiritual, llevando nuestra mente al único Dios verdadero, el que vive por los siglos de los siglos.

Hammurabi fue un gran líder, pero dentro de todo lo que hizo su código es lo que marcó una pauta imborrable. El campo legislativo está en deuda con él.

 

Bibliografía consultada

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