El gran conflicto cósmico en la Biblia y en el pensamiento de Elena G. de White

El autor(a) Pr. Francisco Hernández Velázquez al realizar este trabajo era el Vice-rector General del Seminario Teológico Adventista de Cuba

Categoría: Simposio Elena G. White

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El gran conflicto cósmico en la Biblia y en el pensamiento de Elena G. de White

El término teología significa literalmente “Dios habla” o “lenguaje acerca de Dios”1 y en término general se ha identificado con el estudio acerca de Dios. Los teólogos intentan agrupar las diferentes doctrinas cristianas bajo un solo lente o tema común, a esto se le conoce como Teología Sistemática. Sistemática viene de sistema, que da la idea de un todo organizado.

Se ha intentado buscar diferentes centros para agrupar las creencias que presenta la Biblia: el Reino de Dios, el Pacto, la Promesa, Cristo y otros. Cada uno de los que han sistematizado la doctrina señalan razones bíblicamente comprobadas para apoyar y defender su tesis.

Al estudiar los escritos de Elena G. de White podemos encontrar un principio unificador que “provee un marco coherente para su pensamiento teológico”.2 En su serie más importante, y probablemente la fuente que, después de la Biblia, más ha contribuido al pensamiento de los Adventistas del Séptimo Día3, “El Gran Conflicto” descubrimos que el tema del Gran Conflicto da unidad a sus escritos.

Este centro no era ni es muy común entre los teólogos. Por ejemplo, el destacado teólogo del siglo XIX Frederich Schleiermacher (1768-1834), colocó al hombre como el centro del cristianismo. La verdad era sólo verdad si podía ser sentida por el hombre, y no era verdad a causa de su propia veracidad intrínseca. Karl Barth (1886-1968) prominente teólogo del siglo XX avanzó un poco más al rebelarse contra ese énfasis centrado en el hombre y afirmar “¡Dejen a Dios ser Dios y al hombre ser hombre!”. Aunque todo su sistema comienza con Jesús, y es centrado en Cristo, descartó cualquier creencia en un conflicto cósmico que involucra a Satanás y sus ángeles caídos en controversia con Cristo. Aun llegó a afirmar que “era una pesadilla de los dogmáticos más antiguos”.4 De esta manera Barth hizo a un lado el conflicto cósmico.

No podemos afirmar que Elena de White ideó este patrón de pensamiento pero si fue la que nutrió conceptualmente con esta idea a la iglesia.5 Debemos recordar que en 1858, H. L. Hasting escribió un libro titulado The Great Controversy Between God and Man, Its Origin, Progress, and End. Se basaba en el anuncio de Jeremías 25:31 “el Señor tiene una controversia contra las naciones”. No reveló ningún concepto de una controversia cósmica entre Satanás y Cristo con implicaciones supernaturales que afectan la seguridad del universo, ni describió como la controversia afecta el conflicto entre las diversas teorías de la salvación. Él recapituló la historia sombría de la humanidad, notando que la razón, la filosofía y la historia no pueden darnos la solución apropiada al largo y continúo furor de la tierra: su incesante estrépito de guerras, conmoción y luchas. La causa de los prolongados problemas de la tierra es que la humanidad ha negado su lealtad al rey del cielo. Redujeron a nada su alta autoridad. De ahí que él tuvo una controversia con ellos. El pecado fue la causa de ello. Entonces debemos considerar esta controversia como una controversia entre lo correcto y lo erróneo, entre el bien y el mal… entre un gobernante justo y Todopoderoso y sus súbditos frágiles y rebeldes.6

Elena de White definió el tema del Gran Conflicto como la “clave” conceptual para comprender las mayores preguntas de la humanidad. ¿Cómo comenzó la vida? ¿Por qué existe el bien y el mal, y cómo sabe uno la diferencia? ¿Qué ocurre después de la muerte? ¿Por qué el sufrimiento y la muerte?7

El Conflicto Cósmico en la Biblia

En el libro de Job

El primer libro de la Biblia es Job y no Génesis. Mientras que Génesis esta centrado en el planeta tierra, introduciéndonos a la creación del mundo y el hombre; Job lo está cósmicamente. En sus primeros seis versículos del primer capítulo se remonta más allá del planeta tierra a las naciones cósmicas unidas (Leer Job 1:6-7 y 2:1-7). Parece que Satanás asiste a esta reunión como representante de la tierra, le había usurpado el lugar a Adán.

El libro de Job proporciona una introspección en la historia humana desde una amplia perspectiva cósmica. Detrás de la experiencia de Job podemos ver la controversia entre Cristo y Satanás. La historia humana no esta delimitada por una serie de eventos aislados en el planeta tierra, aparte de este conflicto cósmico. Esta es la importante contribución del primer libro escrito de la Biblia. Cronológicamente la Biblia comienza con el conflicto cósmico y no con la creación del hombre.

El tema del gran conflicto no es explicado en ninguna parte de la Biblia. Se encuentra en la Biblia de manera más implícita que explicita. La Biblia es un libro que se refiere al hombre en su necesidad presente. Se ubica en el tiempo y lugar del ser humano. Sin embargo la Biblia va más allá del aquí y ahora proyectándose desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura.

La situación en el conflicto cósmico puede explicarse como sigue. El pecado, o rebelión, es “la transgresión de la ley”, o como lo define el griego “infracción” (1 Juan 3:4 anomia). La infracción demuestra un rechazo de Dios, de su gobierno, de su ley que da protección. Es natural que Satanás no se haga responsable de la infracción, sino que culpa a Dios por dar una ley arbitraria que restringe la libertad de la criatura y que es imposible de guardar. Actuar sin tomar en cuenta la ley de Dios y usurpar su gobierno es simplemente lo mismo. Este es el conflicto cósmico.

En los evangelios

La comprensión de esta cuestión (al oponernos a la ley de Dios nos oponemos a Dios mismo) podemos encontrarla en diferentes contextos. Tomemos los evangelios por ejemplo. En ellos Cristo y Satanás se encuentran frente a frente. Satanás tentó a Cristo, después de ayunar cuarenta días, a transformar las piedras en pan. Como lo hizo con Eva en el Edén, Satanás desafió a Cristo para que tomara su propia iniciativa, que haga su propia decisión y no espere la respuesta del Espíritu. En el Edén Satanás desacreditó la Palabra de Dios. En el desierto quiso que Cristo la ignorara. Ambas tentaciones proveen una mejor comprensión de la rebelión de Satanás.

Esté conflicto también se da en el contexto del Calvario. Al referirse a la cruz, Cristo dijo: "Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" (Juan 12:31-32). ¿Quién es el príncipe de este mundo? Obviamente no es Cristo, sino otra persona. La cruz conduciría a todos a Cristo y su propósito final es arrojar a este príncipe, que es el mismo centro de la gran controversia, el evento que marca el clímax.

A penas unas horas antes del Calvario, en el aposento alto, Jesús dijo: “No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo” (Juan 14:30). Y con respecto a la misión del Espíritu Santo posterior a la cruz, él dijo que convencería al mundo de juicio “por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (en la cruz, Juan 16:11).

En Apocalipsis 12 se presenta un resumen de este conflicto que se dio en la cruz del Calvario (vs. 7-12). El dragón es arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. ¿Cuándo ocurrió este lanzamiento del diablo a la tierra? Al notar el contraste nos damos cuenta que los cielos y sus habitantes se alegran y el diablo desciende con grande ira al saber que le queda poco tiempo. Necesitamos entender este pasaje a la luz de Juan 12:31-32.

El Conflicto Cósmico en los escritos de Elena de White

Doble propósito de la muerte de Cristo en el Conflicto

A veces hemos concebido el plan de la redención sólo desde la perspectiva del hombre y nos olvidamos que este no era el único objetivo: “Pero el plan de redención tenía un propósito todavía más amplio y profundo que el de salvar al hombre. Cristo no vino a la tierra sólo por este motivo; no vino meramente para que los habitantes de este pequeño mundo acatasen la ley de Dios como debe ser acatada; sino que vino para vindicar el carácter de Dios ante el universo. A este resultado de su gran sacrificio, a su influencia sobre los seres de otros mundos, así como sobre el hombre, se refirió el Salvador cuando poco antes de su crucifixión dijo: 'Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos traeré a mí mismo.' (Juan 12: 31, 32.) El acto de Cristo de morir por la salvación del hombre, no sólo haría accesible el cielo para los hombres, sino que ante todo el universo justificaría a Dios y a su Hijo en su trato con la rebelión de Satanás. Demostraría la perpetuidad de la ley de Dios, y revelaría la naturaleza y las consecuencias del pecado”.8

El Gran Conflicto revela el carácter de Dios

Desde el comienzo Satanás ha querido mostrar a Dios como tirano, severo, duro, arbitrario, implacable o injusto. Cristo vino para mostrarnos cómo es Dios. En su conversación con Felipe afirmó: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre“ (Juan 14:9). “Al venir a morar con nosotros, Jesús iba a revelar a Dios tanto a los hombres como a los ángeles”.9

  • Jesús probó que Dios no era injusto, esto es, que no hizo leyes que los seres creados no pudieran guardar.

  • Jesús probó que Dios no era egoísta al demandar sumisión y sacrificios de parte de sus criaturas inteligentes sin manifestar la misma disposición a sacrificarse por otros.10

El Gran Conflicto revela las decisiones humanas

Eva tomó una decisión y Adán la siguió. Los seres humanos hoy son responsables no por las decisiones que Adán y Eva tomaron sino por sus propias decisiones. Su destino no está determinado por un Dios soberano que elige a algunos para que sean salvos y a otros para que se pierdan.11

“El proceso de la salvación por la fe requiere ciertas condiciones humanas más que el mero asentimiento mental y el aprecio por lo que Cristo ha hecho. Los salvados son rebeldes transformados y la transformación implica decisiones humanas a cada paso”.12

La controversia hoy

Debemos estar conscientes de que hoy la controversia continúa en nuestras vidas. “La gran controversia que se está desarrollando en el mundo entre el Príncipe de la luz y el príncipe de las tinieblas, es más aguda hoy que en cualquier período de la historia de esta tierra. Recuerden que dondequiera se pongan en marcha planes para hacer avanzar la causa de Dios en el mundo, Satanás estará allí para contrarrestar, si fuera posible, la obra de nuestro misericordioso Padre celestial... Echará mano de toda ventaja posible que le den para controlar las mentes. . .”.13

Al entregar nuestras vidas a Dios el conflicto se vuelve más intenso. “Muchos consideran este conflicto entre Cristo y Satanás como si no tuviese importancia para su propia vida; y para ellos tiene poco interés. Pero esta controversia se repite en el dominio de todo corazón humano. Nunca sale uno de las filas del mal para entrar en el servicio de Dios, sin arrostrar los asaltos de Satanás”.14

Esta controversia no durará todo el tiempo. “La gran controversia entre Cristo y Satanás, sostenida desde hace cerca de seis mil años, está por terminar; y Satanás redobla sus esfuerzos para hacer fracasar la obra de Cristo en beneficio del hombre y para sujetar las almas en sus lazos. Su objeto consiste en tener sumido al pueblo en las tinieblas y en la impenitencia hasta que termine la obra mediadora del Salvador y no haya más sacrificio por el pecado”.15

Conclusión16

El alcance unificador y sinóptico de la contribución de Elena de White al desarrollo del Movimiento Adventista es el resultado de su comprensión lúcida de los principios inherentes que se encuentran en el tema del Gran Conflicto.

Los conceptos teológicos de Elena G. de White no le fueron transmitidos “divinamente” como agua que corre por un caño. Ni fue ella una teóloga sistemática. Fue primariamente una comunicadora, guiada por el consejo celestial.

Su comprensión de la teología, aunque basada en experiencias de visiones, creció a lo largo de los años al prestar atención a sus colegas adventistas que se influenciaban mutuamente a través del estudio de la Biblia.

La plomada teológica de Elena de White, gobernada por el tema del Gran Conflicto y afirmada por revelación, permaneció la misma, incluso cuando sus ideas se profundizaban. Su discernimiento teológico proveyó un centro unificador que ayudó y ayuda a los miembros de iglesia a compartir con otros, en una forma lúcida y convincente, el mensaje coherente.

El tema del Gran Conflicto trasciende las tensiones, paradojas y antinomias de la filosofía y la teología convencionales. Conservadores y liberales forman dos grupos “objetivistas” y “subjetivistas”, aunque estos rótulos están lejos de ser satisfactorios. Cada círculo recalca algo correcto, oportuno y necesario. Así como el agua no se forma hasta que los círculos del hidrógeno y del oxígeno se vuelven a formar como una elipse, de la misma manera las verdades parciales representadas por los conservadores y liberales no exponen el cuadro completo de la verdad hasta que ambos se fusionen dentro de la elipse de la verdad.

 

Referencias Bibliograficas

  1. Richard Rice, The Reign of God (Michigan: Andrews University Press, 1985), 2.

  2. Herbert E. Douglas, Mensajera del Señor (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2000), 256.

  3. Rice, 14.

  4. Kart Barth, Curch Dogmatics, 3/3 (Edinburgh: T&T Clark, 1961), 530.

  5. Douglas, 256.

  6. Resumen presentado por Douglas, 264.

  7. Id. 257.

  8. Elena G. de White, Patriarcas y Profetas (Miami: Asociación Publicadora Interamericana, 1985), 55.

  9. Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes (Miami, Asociación Publicadora Interamericana, 1985), 11.

  10. Citado por Douglas, 258.

  11. Ver White, Patriarcas y Profetas, 206-208.

  12. Ver White, El discurso maestro de Jesucristo, 66.

  13. Ver White, Alza tus ojos, 6 de enero.

  14. Ver White, El deseado de todas las gentes, 91.

  15. Ver White, El conflicto de los siglos, 572.

  16. Douglas, 259-260.

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